España no puede aguantar mucho más

Las tensiones sobre la deuda pública retan con urgencia al próximo Gobierno

Hace más de un año que Europa protagoniza una peculiar versión de Diez negritos. El suspense ya no consiste en averiguar quién será el siguiente invitado a la cena que caiga asesinado, como ocurría en la novela de Agatha Christie. Ahora se busca al próximo en declararse incapaz de pagar su deuda. Los sospechosos están entre los 17 miembros del club de países que comparten moneda. Tres personajes secundarios ya han caído.

Nadie sabe si habrá más víctimas y, en caso de haberlas, si será el turno de España o Italia. Aunque lo cierto es que, si la trama avanza hasta ese punto, poco importaría ya el orden. El peso de estas dos economías es tan grande que la quiebra de cualquiera de ellas arrastraría al resto de la eurozona.

Italia afronta el doble de vencimientos que el Tesoro en 2012
El problema español no es tanto la deuda pública como la privada
Hasta fin de año quedan cinco subastas de letras y bonos
El temor es que los intereses sigan subiendo con mucha rapidez

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Tras el rescate de Grecia, Irlanda y Portugal, todos los analistas apuntaban a España como la próxima pieza del dominó. Pero tras las turbulencias del pasado verano -y los titubeos en la puesta en marcha de las reformas del Gobierno de Berlusconi- Italia cogió la delantera, con su prima de riesgo disparada, siempre por encima de la española. Por ello, en principio, tiene más papeletas para solicitar la ayuda exterior. Además de arrastrar una deuda pública muchísimo mayor que la española (un 121% del PIB frente al 67%); su calendario de vencimientos es mucho más preocupante que el del Tesoro español.

Ya lo avisó el propio presidente de la República. "A finales de abril vencerán casi 200.000 millones de euros en títulos del Tesoro y habrá que renovarlos colocándolos en el mercado", dijo esta semana Giorgio Napolitano, mientras encargaba a Mario Monti la formación del nuevo Gobierno. El jefe del Estado subrayó "la particular fragilidad" de su país por la deuda acumulada en el pasado. "Es un peso que, visto el fuerte aumento de los intereses de nuestros bonos y el estancamiento de la actividad económica, puede suponer una dura prueba para nuestros compromisos", añadió Napolitano. Según los datos recogidos por Thomson Reuters a finales de octubre, Roma debe hacer frente al pago de unos 300.000 millones de euros en los próximos 12 meses. En el caso de España, esta cifra se reduce a la mitad.

Pero ampliando la perspectiva, las cosas no están tan claras. Porque el problema español no es tanto la deuda pública como la privada. La suma de ambas supone ya el 355% del PIB español -la cuarta mayor del mundo desarrollado- frente al 310% en Italia, según el Banco Internacional de Pagos. El exsecretario de Estado de Economía y ahora responsable del área financiera de PwC Luis de Guindos ha advertido de que, entre el sector público y privado, los vencimientos de España a lo largo de 2012 ascienden a más de 300.000 millones de euros. Por ello es urgente que se reabran los mercados financieros, añadió De Guindos, uno de los nombres que han sonado como posible ministro de Economía si el PP gana hoy las elecciones.

"Los mercados nos dan la bofetada en la deuda pública, pero en realidad lo hacen por la de las grandes empresas y bancos", resume Juan Antonio Maroto, catedrático de Economía Financiera y vicerrector de la Complutense. "Italia tiene más riqueza, menos paro y menos problemas en el sector financiero por la burbuja inmobiliaria. Pero España gana en cuanto a deuda pública y tiene una mejor situación política e institucional", añade el catedrático Santiago Carbó.

La vicepresidenta Elena Salgado lleva tiempo repitiendo el mantra de que la sostenibilidad de las finanzas públicas está fuera de toda duda y descartando la posibilidad de un rescate. Los expertos consultados le dan la razón, pero con un matiz: ahora son sostenibles, sí, pero no lo serán si la prima de riesgo sigue unos meses más en el entorno de los 500 puntos básicos, récord que ha alcanzado esta semana.

Porque las tensiones han comenzado en el mercado secundario -donde se negocian títulos de deuda ya emitidos-, pero se trasladan automáticamente al primario -donde el Tesoro se financia directamente- como se ha podido comprobar esta semana. España ha tenido que pagar precios muy altos para financiarse en las tres subastas celebradas. La colocación de obligaciones a 10 años se cerró el jueves con un rendimiento superior al 7%, el más alto desde 1997. "A este nivel no podremos continuar mucho tiempo", dice rotundo Luis Caramés, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Santiago.

El Gobierno que salga de las elecciones va a tener trabajo desde el primer día. Incluso antes. Porque la formación del Ejecutivo tendrá que esperar en torno a un mes, y no está claro que la situación actual permita una espera tan larga. Cinco nuevas subastas del Tesoro asoman en el horizonte más próximo: la primera el próximo martes y las otras cuatro en diciembre. Cinco citas complicadas que auguran rendimientos cada vez más altos, teniendo en cuenta las tensiones de estos días. "No estamos en situación de esperar y sospecho que igual no nos permiten hacerlo. El vencedor de las elecciones deberá hacer alguna señal antes incluso de ser investido presidente", añade Carbó.

Pese a todo, el tipo de interés medio que paga el Estado por financiarse sigue en niveles históricamente bajos. El pasado mes de septiembre estaba por debajo del 4% cuando a principios de los años noventa superaba el 10%. El problema es que este porcentaje puede ir subiendo rápidamente si las instituciones europeas no ponen coto a las tormentas que sobrevuelan los mercados de medio continente.

Alemania se niega en redondo a facilitar la decisión que muchos analistas señalan como única solución: que el Banco Central Europeo intervenga de forma masiva -y no con cuentagotas como ahora- comprando deuda en el mercado secundario e impidiendo que las primas de riesgo de los países más perjudicados pasen de un determinado nivel. Y sin embargo, Berlín no está fuera de peligro.

Además de que una eventual quiebra de alguno de los grandes países del euro pondría en serios apuros a su sistema financiero, Alemania arrastra una deuda elevada, del 82% del PIB, como se encargó de señalar esta semana el primer ministro de Luxemburgo y presidente del Eurogrupo. "Es más alta que la de España, pero aquí nadie habla de ello", dijo Jean-Claude Juncker, que se declaró "muy preocupado" por este asunto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 20 de noviembre de 2011.

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