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La crisis del euro | La situación límite de Italia

Italia pone contra las cuerdas al euro

La prima de riesgo de la deuda italiana iguala los niveles de los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal - La eurozona no está lista para socorrer a Roma

El tiempo se ha acabado para Silvio Berlusconi. Ni los inversores en deuda pública ni las autoridades europeas aguantan más retrasos del primer ministro italiano para aplicar las reformas y los ajustes que ha prometido en varias ocasiones. Ayer los primeros se lo hicieron saber con el lenguaje que mejor entienden: prima de riesgo y rentabilidad. Ambas escalaron a niveles comparables a los que desencadenaron los rescates a Grecia, Irlanda y Portugal. Lo que pasa es que ahora el órdago es enorme: el rescate financiero de Italia, por su volumen, no es posible. Al menos, por el momento. Y la caída dejaría pequeño el que, hasta ahora, es el gran evento de la crisis: la quiebra de Lehman Brothers.

La rentabilidad exigida al bono italiano a 10 años llegó ayer al 7,4%

Los mercados reclaman la caída de Berlusconi, reformas y ajustes

La prima de riesgo española se ve arrastrada a zona de máximos

"Al acordar la quita griega, hay preguntas sobre otros países", dice Cameron

Berlusconi propuso el martes un pacto. Él dimite si le permiten llevar adelante los ajustes exigidos por Bruselas. Los mercados ayer no aceptaron el trato. No confían ya en Il cavaliere. Por la vía de los hechos, intentaron enseñarle la puerta de salida del Palacio Chigi. Una de las grandes cámaras de compensación -una especie de asegurador entre prestamista y prestatario en el mercado interbancario- anunció que rebajaba el valor de los bonos del Tesoro italiano como garantía y la prima de riesgo, el mejor medidor de la confianza en un país, superó la línea roja de los 500 puntos básicos. A la una de la tarde, la diferencia entre lo que exigen los inversores a los bonos a 10 años de Italia (7,4%) y Alemania llegó a los 574, un nivel insostenible si se mantiene mucho tiempo.

Parafraseando a Obama, hacerse a la idea de lo difícil que sería para Italia pagar rentabilidades del 7% en sus bonos -ayer superaban esta cuota los de dos, cinco y 10 años- es cuestión de matemáticas. Si Roma tuviera que pagar de media estos tipos de interés, para que su deuda del 120% del PIB no siguiera aumentando necesitaría un superávit primario (antes de pagar intereses) del 5,4%. Para 2012, se espera un saldo positivo en este capítulo del 3,7%.

Cuando Grecia, Irlanda y Portugal cruzaron este Rubicón no hubo marcha atrás. Pero esta alternativa para Italia no existe. Y así lo vivieron ayer los mercados en todo el mundo. Las primas de riesgo de los países del euro estigmatizados -entre ellos España- volvieron a marcar nuevos máximos. También la de Bélgica y Francia, países que se suponen entre los más damnificados si Italia hubiera alcanzado un punto de no retorno. Las Bolsas cerraron en rojo, aunque el castigo fue menor que el recibido por la renta fija europea. Los grandes índices continentales perdieron en torno al 2%, excepto el de Milán, que se dejó el 3,7%. Más pesimista fue la sesión en Estados Unidos: el Dow Jones cedió más del 3%.

La zona euro no está preparada para prestar ayuda financiera a Italia. El fondo de rescate europeo (FEFF) tiene, de momento, una potencia de fuego de 440.000 millones de euros, de los que quedan unos 250.000 millones tras los destinados a los tres rescates previos. Pero a esa cifra habría que descontar, además, la parte aportada por Italia. Los líderes europeos todavía andan enredados en cómo hacer ese fondo más ágil y aumentar la munición hasta el billón de euros, uno de los grandes flecos de la cumbre del 26 de octubre. Y el Banco Central Europeo sigue sin asumir el papel de prestamista de último recurso para el mercado de deuda, algo que, por ejemplo, sí hace el Banco de Inglaterra y mantiene al Reino Unido, con una situación similar a la italiana, fuera del juego de la especulación.

Así que el margen de actuación para Italia está en el campo de la política. "Hay una manera de parar esto: la caída de Berlusconi. Si pasa esto y nombran un Gobierno de tecnócratas, pueden ganar tiempo", explica el analista económico Juan Ignacio Crespo.

"Es más complicado incluso que la caída de Berlusconi. Si pasa eso, ¿qué quedaría después? Hay dudas. Lo que piden los mercados es que la clase política italiana se ponga de acuerdo y al final lleve adelante las medidas prometidas", explica José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi. "Hemos llegado a un punto de no retorno: Italia por sí sola ya no puede calmar los mercados; no es que no sea necesaria la toma de decisiones de politica económica de manera inmediata, pero no es suficiente", indicó Antonio García Pascual, de Barclays.

Sea como sea, la solución tiene que llegar rápido. "Esta situación no aguanta 15 días", vaticina Crespo. De lo contrario, una caída de Italia amenaza con llevarse por delante al propio euro y llevar al mundo a una recesión global, dos años después de salir de la última. Aunque en primer término los mercados ven íntimamente ligado el destino de Roma y Madrid. Desde el verano pasado, los mercados desconfían más del Gobierno italiano que del español, un triste sorpasso que autoridades y analistas españoles festejaron por lo bajo. Pero que no ha bastado para desligar el futuro de los dos países. La prima de riesgo española llegó ayer a los 414 puntos básicos, muy cerca de los 417 que marcan el máximo, alcanzado a principios de agosto.

El vínculo, más allá de la desconfianza sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas, es que ambas son dos economías demasiado grandes, con compromisos de deuda demasiado elevados, como para que la actual red de auxilio europea pueda hacerse cargo. Con todo, la rentabilidad exigida al bono a 10 años (5,8%) está lejos de los máximos de julio y agosto (6,3%).

La falta de un plan europeo contundente alienta la idea de que Italia puede acabar no pagando su deuda; una posibilidad que, en el caso de Grecia ya es una certeza: el intento de que la banca acepte una quita del 50% en los títulos griegos que posee es el equivalente a una peculiar (por amistosa) suspensión de pagos. "Mientras acordamos una quita decisiva de la deuda griega, la gente inevitablemente se empieza a preguntar sobre otros países, hay que poner en marcha el mayor cortafuegos posible cuanto antes para evitar el contagio", reclamó el primer ministro británico, David Cameron, tras poner otro clavo en el ataúd de Berlusconi: "El precio de pedir prestado está llegando en Italia a un nivel totalmente insostenible".

El contagio, las preguntas sobre otros países, llevan de forma irremediable ya a España. Una prima de riesgo en niveles récord equivale a costes de financiación muy difíciles de asumir, o directamente, a que la ventanilla de préstamo se cierre a cal y canto. Si Telefónica avisaba el martes, ayer era La Caixa la que sufría en sus carnes la penalización a la marca España. La entidad tuvo que comprometerse a pagar hasta un 7,5% en intereses para colocar 1.500 millones en deuda subordinada.

La preocupación por el rápido deterioro de las condiciones financieras se coló en la campaña electoral. "El objetivo máximo del próximo Gobierno debe ser reducir la prima de riesgo", reclamó el presidente de la patronal, Juan Rosell. El candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, tiró por elevación: "O convencemos a Alemania de que ésta también es su crisis o lo vamos a pasar muy mal".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de noviembre de 2011