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Reportaje:

"Los mejores poetas están últimamente en Twitter"

Jorge Drexler abre hoy el Festival Urbano de Valencia en el Teatro Olympia

Su último pico de popularidad fue el Premio Goya que el mes de febrero pasado obtuvo por Que el soneto nos tome por sorpresa, tema incluido en la película Lope. Tras ello, el uruguayo se ha tomado su tiempo para preparar un espectáculo llamado Mundo Abisal, que tiene su estreno esta misma tarde en Valencia. Muy lejos quedan los tiempos en que este trovador de largo recorrido se pateaba ciertos garitos del Barrio del Carmen, en actuaciones casi en familia.

Las bambalinas del teatro Olympia son ahora el enclave para una visita que, más de año y medio después de su última entrega (Amar la trama), puede parecer más de lo mismo (ya que nos ha visitado tanto solo como en formato banda), pero que él, con su proverbial entusiasmo y esa dulce y a la vez embaucadora oratoria tan de su tierra, se esfuerza en singularizar: "No deja de ser un desafío. El repertorio tiene la luz, los climas o el color como leit motiv. Y, a diferencia de Cara B (su último directo), con más peso de la guitarra eléctrica". Mundo Abisal era uno de los temas de su último álbum, y Drexler reconoce que le vino que ni pintado para bautizar su nuevo espectáculo, ya que "el concepto viene de ahí, de esa canción, que es una alegoría de cosas que se hacen de puertas adentro, en aquel caso por medio de una pareja. Por eso el show está centrado en los reflejos, en la sensación submarina que provoca el juego de luces y tonalidades. Y eso también condiciona el repertorio",

"Soy muy malo ensayando. Y acabo de entender las cosas en el directo"

"La idea es tocar canciones nuevas y versiones distintas de las antiguas"

Un repertorio al que pretende, si no dar la vuelta como un calcetín, sí por lo menos revisar desde una perspectiva distinta: "La idea es presentar canciones nuevas y versiones distintas de las antiguas. Después de cien bolos con banda, me apetece un formato más chico, en el que varíe la puesta en escena y el repertorio. Así que será un show menos expansivo, más centrado en la emoción, en la metáfora de bajar a las profundidades".

Y como no hay mal que por bien no venga, el músico charrúa siempre acaba aprendiendo de un hábitat que para él resulta casi más cómodo que el estudio. No en vano, afronta el directo como una especie de prueba de ensayo y error. Y lo reconoce: "Soy muy malo ensayando. Y acabo de entender las cosas en el mismo directo. Es como estar buscando a tientas".

Cambiando el tercio a aguas más turbias (y prosaicas), se hace inevitable interrogarle, como firme defensor de los derechos de autor y ex consejero de la junta de la SGAE, sobre el proceso judicial en el que se halla inmersa parte de la antigua cúpula de la institución gestora. Advierte que quizá no sea la voz más acreditada para enjuiciar, ya que asume haber sido "el peor consejero de la Junta SGAE". Lo explica: "Casi nunca podía acudir a las reuniones. Me daba vergüenza el cargo porque no tenía el tiempo para dedicarle. Es por ello que me había alejado hace dos años. Y expresé mi desacuerdo con muchas cosas". Si bien no puede menos que ver la botella medio llena: "El juez dará o quitará razones, pero me parece bueno para la institución y su imagen pública. El derecho de autor estaba deteriorado, porque una cosa es el derecho de autor y otra la SGAE".

Y si derechos de autor y sus entidades gestoras no tienen por qué identificarse como la misma cosa, tampoco cabe en su credo equiparar las nuevas tecnologías con sus efectos más perniciosos (la dichosa piratería). De hecho, Drexler siempre ha sido un firme defensor de la tecnología, en todos los aspectos y manifestaciones en los que puede servir de ayuda a un músico. Y reconoce estar enganchado a Twitter: "Últimamente he encontrado allí a los mejores redactores de poesía. Sus 140 caracteres de limitación son, a la vez, su gran virtud".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de noviembre de 2011