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COLUMNA

Yo sí soy (o debo ser) tonto

¿Quién mintió por primera vez cuando dijo que los vascos éramos sobrios en el vestir, austeros en las emociones y parcos en palabras? Espero en breve una investigación universitaria al uso para aclarar la identidad de tal falsario. Sea quien fuere, la pena es que no podrá ver la facundia -aquí si esta bien usada la palabra, señor González Pons- de la clase política vasca e incluso la expresividad emocional tras el comunicado de ETA (para irritación e irrigación de Carlos Herrera por las lágrimas del lehendakari). Quizás lo del vestir aún resista un examen.

Como nunca he creído en esa histórica mentira, como siempre he creído que los vascos somos dicharacheros y que sabemos llorar (para adentro o para afuera), no me extraña este aluvión de propuestas inmediatas "ante la nueva situación que se abre en Euskadi', una frase que se repite hable quien hable. Yo me lo esperaba. Que si el liderazgo del lehendakari, que si la toma de posición del PNV frente a Bildu, que si la de Bildu frente al PNV, que si la del PP (vasco) frente a la del PP (genovés), que si elecciones anticipadas, que si acto global, que si congreso sobre la libertad, que si nuevo estatus para Euskadi en 2015, que si...

Como soy muy listo, mejor dicho lo siguiente, que es lo mas cercano a un tonto inútil, sabía perfectamente que nada de lo que se haga se hará con el silencio europeo -nórdico o anglosajón, no confundir con el berlusconiano- y el sentido de Estado que para bien o para mal define a los estadounidenses. Aquí, nos va más el espíritu Sálvame: hablar todos a la vez para que no se entienda nada.

Pero el tema es serio y me parece que muchos están hablando sin pensar o pensando en su escenario y no en el del país. Políticos, tertulianos, opinadores -no cuento a la caverna, porque en la caverna no se piensa, se actúa, y ya sabemos cómo- están procediendo a un volcado de primeras impresiones que van llenando de nubes lo que hace unos pocos días era un cielo azul. Bien es cierto que nubes blancas, bien intencionadas, de esas que hacen dibujitos en el firmamento, pero este país está más acostumbrado a las nubes negras o grises. Convendría pensar (y eso lleva tiempo) antes que hablar, por mucho que las elecciones estén a la vuelta de la esquina. Pensar en el escenario más razonable para afianzar la paz, dejar a los cavernarios con sus huesos de mamut en las mandíbulas, analizar pros y contras, establecer el camino -lo de la hoja de ruta me suena al peor espíritu otoñal-, y hablar, hablar sin parar, pero en el silencio de la intimidad, sin luz ni taquígrafos que vendrán después en los Parlamentos, en los tribunales. No les decía yo que era lo más parecido a un tonto inútil... Mira que pensar en esas cosas, en este país y en este momento...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de octubre de 2011