Análisis:
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Fogueo

Hay cargos populares que no pueden reprimir su salivación ante la victoria electoral y tuittean recados sobre la televisión pública con la que sueñan de aquí a 40 días. Su empeño no será robustecer lo que las encuestas definen como la cadena informativa más plural y fiable con que contamos. Ojalá los jefes de partido tengan otra perspectiva más sana. Colocados en esa diana zafia, Ana Pastor y sus desayunos en TVE siguen siendo un estímulo inteligente y constructivo. A algunos políticos les cuesta someterse a los principios del periodismo, pero deberían entender que no es por mala labor de los informadores, sino por las incoherencias y bandazos a las que les somete el cálculo electoral.

Ayer Antonio Basagoiti, líder de los populares vascos, conciliador desde su corbata verde hasta sus manos de gesto apacible, pasó por la inexcusable cita. Después de días de torrenciales filtraciones anunciando que ETA hará nuevos guiños hacia la vía política, es normal que se sienta inquieto por la repercusión que ello pueda tener en campaña, especialmente en las también optimistas previsiones electorales de Amaiur. Por más que no quiera discrepar con Aznar, casi como empeño, resulta obvio que al cálculo se prestan todos y quien asegura que los socialistas mendigan señales de ETA sencillamente participa del juego, pero fingiendo que no está sentado frente al tablero. Las reuniones de las cúpulas del PNV y del PP se instalan en la normalidad política, pero nos olvidamos de que esa normalidad ha sido negada en otros tiempos de manera tan atrabiliaria que hoy suena a blasfemia lo que es dinámica política habitual. Así mismo cuando admite que el PP no hará cosas raras con la ley del aborto ni debería derogar el matrimonio gay, apuesta por una normalidad que nos podría haber ahorrado unas cuantas manifestaciones y crispaciones de artificio.

Se funciona así. Duran i Lleida habla de los bares andaluces como sus rivales políticos de la lengua catalana, con sobredosis de populismo incluso en un oficio de yonquis del populismo. Excitan a los votantes con la intolerancia, pero la verdad es mucho más pactista. Entretenidos ellos en su fogueo, conviven los desahucios de ciudadanos desprotegidos con los autodesfalcos en esa banca de la que tan orgullosos.

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