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Crítica:PISTAS GASTRONÓMICAS

'Burgers' con firma

Aunque su estética tristona induzca a pensar que se trata de una hamburguesería del montón, su carta desvela las verdaderas pretensiones de la casa. Lo suyo son las hamburguesas con firma, elaboradas con materias primas de proveedores conocidos. Las hay vegetales, en versión bio (tofu, berenjena y salsa teriyaki), de pollo al curry y de carnes rojas gallegas, además de la Kobe Burger (carne de buey wagyu con tocino ibérico), la Martiko, con magret de pato, o la Mediterranean, de bacalao y gambas. No en vano dos profesionales tan conocidos en la hostelería madrileña como Juanjo López, alma de La Tasquita de Enfrente, y Rodrigo de la Calle, que desde Aranjuez impulsa la teoría gastrobotánica, diseñaron una carta repleta de sutilezas que la cocina de Nimú no siempre interpreta con la precisión requerida (recientemente, el restaurante ha prescindido de esta asesoría).

Nimú

Desengaño, 14. Madrid. Teléfono: 915 22 43 08. Precio: De 25 a 40 euros. Internet: www.nimurestaurante.com.

Para picar no están mal las patatas fritas a los dos quesos y los nachos con guacamole. Decepcionan los aros de cebolla rebozados, muy bastos, y la selección de minihamburguesas (de vaca, cerdo ibérico y pato), resecas, entre panecillos acartonados. La dimensión gastronómica del lugar hay que buscarla en las grandes hamburguesas.

Carnes rotundas

Rotunda la Premium Burger, de carne de vaca gallega procedente de Cárnicas Luismi, y más que convincente la American Burger, con carne picada de vacuno, que se acompaña de patatas fritas, pepinillos y mostazas. Otro hito son las carnes al corte de estilo americano, sobre todo el T-Bone (59 euros el kilo), magnífico, que se hace al calor de las brasas. También hay ensaladas y pastas, y unos postres en dos versiones, los del pastelero Oriol Balaguer (paradigma de chocolate y tiramisú) muy conseguidos, y los de la propia casa (tarta de queso, de manzana), que requieren afinarse. La lista de vinos está más cuidada de lo esperable. Lástima que el servicio, apático y descentrado, desmerezca de las aspiraciones de sus promotores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de septiembre de 2011