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Reportaje:59º edición del Festival de Cine de San Sebastián

Galardón al oficio de Imanol Arias

El actor recibe mañana en San Sebastián el premio Una Vida de Cine que concede Kutxa - La serie 'Cuéntame' le ha hecho definitivamente popular

Es un hombre con casta, curtido, generoso según sus amigos y compañeros, que tuvo claro que lo suyo era ser actor. Imanol Arias (Riaño, León, 1956), recibe mañana en San Sebastián el premio Una Vida de Cine que concede anualmente el Servicio Dorado de Kutxa. El actor, crecido en Euskadi, se saltó los convencionalismos provincianos de la época y, sobre todo, se desvió del camino que su padre, tornero, había trazado para él. Lo suyo no era el montaje de ascensores.

Así, dejó la carrera de maestría industrial en electrónica en Eibar para dedicarse definitivamente a la interpretación. De familia obrera e inmigrante, su madre, de Riaño, pasó su infancia y adolescencia entre Ermua y Eibar. Con siete años se vistió de payaso en una función junto a Cosme Cortázar, un obrero con dotes de mimo, que fue una de las primeras personas que le animó a la interpretación.

Ha trabajado en cerca de 75 películas y series de televisión

El actor considera 'La muerte de Mikel' y 'El Lute' sus mejores filmes

Su carrera en cine comenzó con Pedro Olea hace casi 30 años

Prepara una miniserie para Antena 3 en la que encarnará a Vicente Ferrer

En la Universal Laboral participó, con la complicidad de sus profesores y la oposición de su padre, en un montaje de El sombrero de tres picos, de Pedro Antonio de Alarcón, obra con la que ganó el Premio Nacional de Teatro de las Universidades Laborales. Con el veneno del arte en sus venas, solo quedaba dejar atrás la vida de provincias y saltar a Madrid a buscarse la vida.

Llegó a la capital en septiembre de 1975 sin dejar su afición por el Athletic. Atrás dejaba su familia y a su cuadrilla abertzale, donde era de los pocos que no hablaba euskera. Muchos años más tarde, ha estado amenazado por ETA y ha tenido que llevar escolta.

El actor, quien huyó de nacionalismos, siempre reconoce cuando le preguntan que fue duro pisar la Gran Vía sin titulación ni dinero. "Me sentí como un culto intitulado", suele contar en alguna de las muchas entrevistas que ha concedido en su carrera.

Los comienzos no fueron fáciles. En la Escuela de Arte Dramático le negaron la matrícula. Se quedó de oyente, pero aprendió a ser estudiante de arte. Al comienzo se mantuvo con el dinero que logró trabajando el verano anterior en un bar de Lekeitio. "Era full time. Desayunos, aperitivos, meriendas y por las noches copas con jazz de fondo", recuerda. Cuando el dinero menguó, se buscó la vida como figurante en el Teatro de la Zarzuela. En 1976 ganaba 240 pesetas al día. Suele contar que, quitando la pensión y los vicios del tabaco, le sobraban dos pesetas para juntarlas con las de otros compañeros de faena y sobrevivir por las noches a base de bocadillos de foie-gras. Hoy es uno de los actores españoles mejores pagados.

Cuando acababa la temporada en el Bellas Artes no podía volver a Ermua, porque se suponía que estaba en Madrid estudiando, así que, sin dinero ni dónde caerse muerto, dormía en el metro con el beneplácito de los serenos.

Inicios al margen, Imanol Arias siempre dice que la interpretación "no es un oficio, sino una vivencia". Y así ha sido su vida, intensa: 75 películas o series de televisión a sus espaldas, miles de funciones de teatro, una veintena de premios,... El teatro le atrapó, el cine le dio personajes que bordó con maestría como el de Severo Ochoa, El Lute o el homosexual Mikel que le hicieron brillar.

Con la perspectiva del tiempo, Arias confiesa que sus mejores trabajos son los que realizó en La muerte de Mikel (Imanol Uribe, 1984) que se proyectará mañana en su homenaje tras entregarle el premio, y las dos partes de El Lute (Vicente Aranda, 1987 y 1988). Aranda es uno de sus directores favoritos. La televisión le ha catapultado definitivamente al gran público con el papel de Antonio Alcántara en la serie Cuéntame, que estrenó el jueves su 13ª temporada.

Recuerda el servicio militar entre 1976 y 1977 como una etapa curiosa. Como buen profesional se metió de lleno en el papel y ejerció de auténtico militar en Ceuta. "Sospechaban de mí porque venía del norte y montaba los Cetme como nadie", comenta en alguna ocasión. La maestría con los fusiles de asalto no era más que una habilidad que le venía de las prácticas que hacía en Ermua en empresas armeras en su época de estudiante.

En 1976 debuta en el cine con La Corea, de Pedro Olea, y en 1980 viajó a Cuba para interpretar su primer papel protagonista en Cecilia, de Humberto Solas. En la Filmoteca Nacional de Cuba se empapó de cine de Visconti, Antonioni, la Nouvelle vague y el mejor cine estadounidense junto a la hija de fidel Castro, Alina. "Fue una auténtica universidad; volví a España hecho un actor de cine", suele comentar. Almódovar le dio en 1982 una gran oportunidad con Laberinto de pasiones y 13 años después con La flor de mi secreto. Así entraba en una época loca, de desenfreno, devorado por el éxito, a veces oscura, como ha solido describirla. Llegaron entonces, según él mismo, sus peores interpretaciones.

Pero remontó y volvió a escena en total plenitud. Padre de dos hijos, divorciado de Pastora Vega, actualmente pareja de Irene Meritxell, afronta hoy su carrera desde varios ángulos, entre el poco tiempo libre que le deja Cuéntame y su próximo proyecto para interpretar al cooperante Vicente Ferrer en una miniserie de Antena 3. Y lo que surja, porque Imanol Arias no sabe estar quieto.

Más información en la página 65

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de septiembre de 2011