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Reportaje:

Más allá de los creyentes

Xabier Mendiguren diserta sobre las traducciones de la Biblia al euskera en el congreso de la Asociación de Archiveros de la Iglesia

Xabier Mendiguren (Ezkio-Itsaso, 1945) logra con su entusiasmo que la historia de la traducción de la Biblia al euskera resulte apasionante. Comienza su relato con el pastor protestante Joanes Leizarraga, quien vertió por primera vez la Biblia al euskera en 1571, y concluye con el boom de la traducción en general en la Transición, que coincidió con el movimiento de las ikastolas, que demandaban nuevos libros, entre ellos, numerosas Biblias.

Licenciado en Filosofía y Teología y exdirector de la escuela de traductores vascos, Mendiguren participó ayer como uno de los nueve ponentes en el 26º congreso de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España, que comenzó el pasado lunes y se celebra hasta el viernes con actos en Bilbao y en Derio.

Las Sagradas Escrituras fueron vertidas al euskera por vez primera en 1571

"La Biblia es un libro básico para la cultura de cualquier ateo", resalta el teólogo

En este marco, Mendiguren resaltó la precisión de la Biblia de Leizarraga, que, sin embargo, no tuvo mucha repercusión por los vaivenes de la Iglesia, y habló sobre las demás ediciones del corpus bíblico en ese idioma.

"El verdadero estallido de las Biblias se produjo tras el Concilio Vaticano II", celebrado entre 1962 y 1965, explica. Las Sagradas Escrituras se vertieron entonces masivamente a decenas de idiomas, entre ellos a varios de los dialectos del euskera. Años más tarde, tras el franquismo, las traducciones se extendieron a las publicaciones académicas y religiosas, y a los libros para todas las edades.

El mayor escollo con el que toparon estas ediciones fue el de la ausencia de un idioma unificado, resalta Mendiguren. Ahora, con el batua, existe un estándar. "La traducción que se realiza en Euskadi es ya equiparable a la de cualquier otra región. Nuestro problema es que tenemos un número de lectores limitado, lo que nos limita económicamente", mantiene.

Para Mendiguren, la Iglesia, "muchas veces involuntariamente", ha fomentado la cultura a través de catecismos, hagiografías y libros sobre ascetas. En una época en que la mayor parte de los ciudadanos eran analfabetos, estos libros eran los únicos a los que la gente tenía acceso. "La religión ha tenido una gran influencia en el desarrollo de las lenguas autóctonas", destaca Mendiguren.

Dejando de lado el proceso de laicización que se está viviendo en diferentes partes del mundo, la influencia cultural de la Iglesia llega mucho más allá de sus fieles. Así, el teólogo apunta: "No cabe duda de que la Biblia, además de para los cristianos, es un libro fundamental culturalmente para cualquier ateo. Mucha gente así lo valora".

La Biblia acumula el saber de antiguas culturas como la hebrea, la griega y la romana. "Hemos bebido de todas ellas. Estas culturas han formado la identidad de Occidente, que en los últimos tiempos está cambiando", asevera. Y es que, en su opinión, la cultura se diluye con el exceso de información que hoy está disponible a través de Internet. Por ello, concluye: "Volveremos a pequeños grupos identitarios en los que buscaremos nuestras raíces".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de septiembre de 2011