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Crítica:

Los patos de Pina

Hace siete años, el prestigioso director de orquesta sir Simon Rattle fue uno de los impulsores de ¡Esto es ritmo!, documental alemán que ilustraba la experiencia en un gran espectáculo musical (La consagración de la primavera) de un amplio grupo de adolescentes que nunca habían recibido clases de danza y terminaban bailando al son de la Filarmónica de Berlín. Una línea de trabajo que aunaba educación musical, disciplina, pedagogía, fascinante juego entre niños y adultos, y una pizca de exhibicionismo en la que reincide Dancing dreams, otro documental alemán con semejantes señas de identidad, esta vez con la ya fallecida bailarina y coreógrafa Pina Bausch como reclamo artístico (murió de un cáncer fulminante poco después de que se rodara la película).

DANCING DREAMS

Dirección: Rainer Hoffmann y Anne Linsel.

Intervienen: Pina Bausch, Bénédict Billet, Josephine Ann Endicot. Género: documental. Alemania, 2010.

Duración: 92 minutos.

El juego es un excelente aperitivo para el estreno de la de Wenders

Curso de iniciación a la perseverancia, no solo musical sino más bien personal, el montaje de Kontakthof, uno de los míticos espectáculos de Bausch, estrenado por primera vez en los años setenta, representado ahora por chavales con nula experiencia en la danza y comandados por la diva alemana, es una invitación al desmadre.

Aunque también un reto. Un curioso juego que, a pesar de estar filmado por Rainer Hoffmann y Anne Linsel de forma harto convencional (ensayos, entrevistas a chavales y profesoras, espectáculo final), puede convertirse en un excelente aperitivo para el próximo estreno de Pina, de Wim Wenders, el 30 de septiembre y en tres dimensiones.

Aunque, sobre todo, lo que termina siendo es la demostración de que, casi de la noche a la mañana, resulta impensable poder convertir en cisnes a unos cuantos patos mareados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de septiembre de 2011