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Chubasqueros contra el Niágara

No se puede estar más cerca de los 168.000 metros cúbicos de agua que caen cada minuto por las cataratas de Niágara. El visitante desciende en ascensor al cañón por el lado estadounidense del monumento natural compartido con Canadá. Allí empieza el camino a la Cueva del Viento. Por encima pasan rápidos que fluyen a más de 100 kilómetros por hora. Para la bruma, chubasquero y chanclas se incluyen en la entrada (7,50 euros).

El destino: la plataforma del huracán, a escasos metros de la cascada principal de American Falls (260 metros de ancho). El estruendo aumenta al subir las escaleras. La pasarela de madera se reconstruye cada mes de abril, ya que las condiciones invernales (270 centímetros de nieve en 2010) hacen imposible su mantenimiento. Por las noches, luces de neón iluminan el agua en colores propios de Las Vegas. Es el toque show-business para contrarrestar que las cataratas del lado canadiense, Horseshoe Falls, son casi el triple de grandes. Para asomarse al precipicio, KLM (www.klm.com) tiene vuelos a Toronto desde 455 euros.

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