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COLUMNA

RISA

Acontecimientos recientes de todo tipo hubieran requerido del humor nacional para ser entendidos. Entender es una manera de sobrellevar. Por eso se necesita ahora, más que nunca quizá, que vuelvan a la pantalla, con urgencia, los humoristas de guardia, desde Wyoming a Muchachada Nui, desde Corbacho a Mota, que resucite Martes y Trece, que vuelvan Tip y Coll si fuera esto posible, etcétera.

Utopías aparte, es cierto que el humor, que en la televisión arranca de Tip y Coll y desemboca, por ejemplo, en Andreu Buenafuente, que reinventó el humor inteligente que reclamaba el inolvidable Rafael Azcona, ayuda a sobrellevar y a entender. Y ahora, al menos en lo que va de agosto, que ha sido un temporal, se han echado de menos las reflexiones y los sarcasmos de los humoristas de la televisión. Lástima. Hemos tenido reediciones de lo que hicieron algunos de ellos (Wyoming, Buenafuente, Corbacho...), pero no los hemos tenido poniendo el bisturí de sus buenas intenciones aviesas en ese pellejo grueso que hemos padecido desde un lado al otro de los noticieros.

En tiempos de crisis, y este es el momento más grave de la crisis, el humor alivia, porque entretiene y porque se adentra en lo que es imposible que digan con precisión los filósofos, los sociólogos o los editorialistas. Y es que hay cosas que solo explica el humor. Por eso la gente mira los chistes de los diarios: para ver qué no se ha sabido decir de otra forma.

Ahora anuncia Televisión Española, que ha sido una buena cuna de humoristas de la pantalla, que vuelve Gomaespuma. Bendito sea Dios, digamos ahora que tan bienvenidas parecen estas jaculatorias. Es una buena noticia, pues ese dúo, que ha creado (para la radio, para la tele) una fórmula muy inteligente de interpretación de la realidad, sabe combinar como algunos de los que ya han sido citados lo que ocurre con sus ocurrencias, de modo que la risa que procuran deja siempre un poso que conviene a las audiencias que huyen de la astracanada. No vamos a tener a Buenafuente, y esta es una gran lástima. Que a la pantalla vengan Fesser y Cano es un consuelo que de todos modos no nos alivia de esa otra carencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de agosto de 2011