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Prójimas anónimas

PREMAMÁ PROBETA

Vengo desfondada. Acabo de dejar a congelar media docena de óvulos en un instituto de fertilidad. Dirás que vaya tía fría y calculadora que estoy hecha, desovar así, entre prisa y prisa. Pero lo que soy es becaria de futuros en un banco y sé cómo está el patio. Tengo 35 tacos, un curro precario y ni rastro de perrito que me ladre. Como para pensar en cachorros. Digan lo que digan los suplementos salmón, la conciliación es un marrón. Ya puedes dejarte el bofe, que llegas con un bombo y te dan el bote. Pero eso se acabó. ¿No me explotan haciendo planes para otros? Pues para previsora, yo.

Me planté en la clínica en plan pionera y resulta que había colas. Una de tías para poner huevos y otra de tíos para exprimirse los suyos. Nada más verme me dice la residente que tenía que haber ido antes, que ella se los sacó a los 30. Que los gametos envejecen al mismo ritmo que el careto, me suelta. Ella, que no podía ponerse al microscopio del bótox que se ha metido entre ceja y ceja. Que cómo, que cuándo y que cuánto, la corté, conmigo confianzas las mínimas. Que 700 la estimulación y la extracción, y 300 al año la conservación. Que me los guardan hasta los 50 y si no los uso puedo donarlos a otra o a la ciencia. Que se lo ha creído esa. De aquí a entonces digo yo que habré encontrado al padre de mis hijos o me habrán hecho fija.

Y si no, ya haré yo casting de donantes. Si tengo que ser madre probeta y sola en la vida, por lo menos que la raza mejore. No, si ya me caló la mía. Como nací el día de la Purísima, fue y me puso Inmaculada Concepción del Señor, total para llamarme Chonchi. Los del curro van al grano. Inma la Amarga, me difaman. Por lo borde. Y por lo promiscua. Lo segundo no lo refuto: una cosa es no tener novio y otra no estar abierta a todo el mundo. Pero de seca, nada. No seré la alegría de la huerta, pero estoy que me salgo de fértil con tanta hormona.

Con decirte que el otro día me puse una ampolla Germinal para ir mona a una boda y me agarró. Explosiva iba un rato, pero para cañonazos los que me brotaron de repente del bigote. Tuve que hacerme una pasada de pinzas en la pantalla del cajero mientras sacaba pasta para el sobre. Esa es otra. Estoy harta de dejarme el sueldo en despedidas de soltera, bodones y baby showers. Aquí vamos todas de modernas, pero menos el bautizo, no nos perdemos un rito. La primera, yo. En cuanto me sitúe en el trabajo, descongelo a mis niños y amortizo la inversión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de agosto de 2011