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El asalto talibán a un edificio oficial causa 22 muertos en Afganistán

Un comando suicida ataca la sede de un gobernador provincial cerca de Kabul

Un comando de seis hombres armados causó ayer 22 muertos y 34 heridos al atacar una gobernación provincial en Afganistán. El atentado, del que se responsabilizaron los talibanes, es la última de una serie de acciones espectaculares con las que los insurgentes intentan sabotear el traspaso de la seguridad de las fuerzas internacionales al Gobierno afgano y que corren el riesgo de desatar una nueva guerra civil en el país. El lugar elegido, Charikar, a apenas una hora en coche de Kabul y en una provincia relativamente tranquila, constituye también un mensaje sobre la capacidad de actuación de los rebeldes.

Según el comunicado del Ministerio del Interior afgano, uno de los atacantes hizo explotar el coche bomba que conducía a la entrada del recinto amurallado que albergaba las oficinas y la residencia del gobernador de Parwan, al noroeste de Kabul. El boquete franqueó la entrada a los otros cinco miembros del grupo que iban provistos de chalecos explosivos, ametralladoras y lanzagranadas. El gobernador, Abdul Basir Salangi, se encontraba reunido en ese momento con su número dos, su jefe de policía, el responsable provincial de los servicios secretos afganos (NDS) y varios consejeros estadounidenses.

La escalada de los ataques complica la retirada de las tropas de la OTAN

Los talibanes han convertido 2011 en el año más sangriento para los civiles

"Estábamos reunidos cuando han entrado en el recinto cinco terroristas suicidas y se ha desatado un tiroteo", explicó el jefe de la policía, Sher Ahmad Maladani, citado por la agencia France Presse. El intercambio de disparos se prolongó durante casi una hora y varios testigos declararon haber oído cinco explosiones. Todos los asaltantes resultaron muertos, aunque Maladani no pudo precisar si se habían suicidado o si sus chalecos explosivos se habían detonado por las balas con que fueron recibidos.

El propio gobernador, un antiguo combatiente contra la ocupación soviética que luego fue jefe de la policía de Kabul, aseguró a la televisión afgana que él y sus ayudantes habían respondido a los agresores con sus Kaláshnikov. "Yo mismo he matado a uno de ellos", aseguró. Además de los asaltantes, también resultaron muertos seis policías y 16 civiles, entre funcionarios y particulares que habían acudido a hacer gestiones a la gobernación.

Un portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, reclamó la responsabilidad del atentado en mensajes a las agencias de prensa. También dijo que habían causado "muchos muertos, incluidos americanos". Un comunicado de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), que dirige la OTAN, confirmó que varios de sus miembros asistían a la reunión en la oficina de Salangi, pero rechazó que alguno hubiera resultado herido.

Los talibanes, que intentan recuperar el poder que perdieron en 2001 a raíz de los bombardeos norteamericanos, han intensificado sus ataques contra los altos funcionarios afganos e instalaciones estratégicas desde que la OTAN empezara la retirada de sus tropas de combate y la transferencia de responsabilidades a las fuerzas de seguridad afganas. El pasado julio, en el plazo de dos semanas, mataron al gobernador de la provincia de Kandahar (medio hermano del presidente afgano Hamid Karzai) y al alcalde de la capital del mismo nombre.

Pero la violencia no se limita a las provincias del sur del país, el feudo tradicional de los talibanes. A principios de este mes, los insurgentes mataron a 30 soldados estadounidenses y ocho afganos al derribar un helicóptero al oeste de Kabul, en el incidente más grave para las fuerzas extranjeras en los 10 años de guerra. En junio, un atentado contra el hotel Intercontinental de la capital causó otra veintena de muertos.

El aumento de los ataques en el este del país, una zona donde operan los talibanes paquistaníes y terroristas afiliados con Al Qaeda o con el clan de los Haqqani, ha obligado a la OTAN a retirarse de algunos puestos avanzados. Ahora la alianza se plantea desplazar fuerzas desde el sur, algo que complicaría sus planes de replegar a 10.000 soldados antes de fin de año.

Además de la creciente extensión geográfica de sus actividades, los insurgentes han convertido 2011 en el año más sangriento para la población civil. De acuerdo con datos hechos públicos por la ONU el mes pasado, durante el primer semestre murieron 1.462 afganos, un 15% más que en el mismo periodo del año anterior. El mismo informe culpa del 80% de esas muertes a los insurgentes.

Estos datos contradicen las declaraciones de los responsables militares estadounidenses que el año pasado afirmaban haber neutralizado la insurgencia. Por la misma razón, numerosos analistas temen de la capacidad de las fuerzas afganas para garantizar la seguridad del país a partir de 2014 cuando está previsto que concluya la retirada de las tropas extranjeras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de agosto de 2011