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INTIMIDADES

Huevos y creación

Eh! oye, tú, toma este huevo ¿Me podrías hacer una gallina? y así me hace compañía. Tú, es decir, Dios, se puso manos a la obra. Pero la gallina no le salía. Comenzó a dudar, además, si ya había creado una gallina pues ahí estaba el huevo. Fue en ese preciso instante cuando se creó la eterna cuestión. La verdadera eterna cuestión, no esa tontería que dicen por ahí del ser o no ser. Si es que a la gente le encanta soltar mentirijillas e ir de intelectual. Como cuando llegas a casa de un amigo a comer y tiene puesto el programa Corazón, corazón. Antes de que te dé tiempo a preguntar comienza a explicarte que en realidad no lo está viendo sino espera que comience el telediario del mediodía. Aunque ante tu sorpresa sobre el apuesto novio que se ha buscado la Duquesa te sabe explicar a la perfección que ya ha firmado los papeles prematrimoniales renunciando a todo y por fin se pueden casar. ¡Espectacular! Bueno, la verdadera eterna cuestión: ¿fue antes el huevo o la gallina? Y digo yo, si Dios no halló la respuesta ¿cómo vamos a hacerlo nosotros? Tras gastar muchos huevos sin encontrar la fórmula, rendido y agotado, decidió darle otra cosa. "Toma hijo. Seguiré trabajando. Mientras tanto te doy a una mujer de compañía. Ya nunca más estarás solo. ¡Pero cuidado! creo que la he hecho sobrada de huevos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de agosto de 2011