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Reportaje:

La revolución siria late en Madrid

Los madrileños originarios de la república árabe, en lucha contra Bachar el Asad

"¿Qué tal por Homs?" "Todo bien; hemos estado jugando a los videojuegos en la calle". Layla Jandali no entiende la respuesta de su primo. Reflexiona. En unos minutos capta el mensaje: las fuerzas de seguridad del régimen dispararon indiscriminadamente y ha tenido que esconderse. Así, semana tras semana. Cada vez que Jandali, una pedagoga de 30 años, habla por teléfono con sus familiares en Siria, escucha las mismas incongruencias. "Y a veces los disparos se sienten tan cerca...". Lo mismo le sucede a Asma Rostom, de 22. Cuando le pregunta a sus tíos por la situación en el país mediterráneo le cambian de tema: "Hemos estado de fiesta" o "ha caído una tormenta horrible" son algunas de las contestaciones. Amer Jarrat, de 15, se queja de que sus parientes le cuelgan si pregunta demasiado.

Al principio tenían miedo a las represalias contra sus familias

La plataforma solidaria tuvo un espacio en la acampada en Sol

Están dispuestos a "hacer lo que haga falta" por su país de origen

Han creado una asociación que se manifiesta todos los domingos

Los tres son españoles de nacionalidad y sirios de origen y corazón. Están dispuestos a "hacer lo que haga falta" desde Madrid, su ciudad, para luchar por el pueblo de sus padres. Por lo pronto, ya han conseguido movilizar a unos 100 sirios cada domingo enfrente de la Embajada de Siria para pedir la dimisión de su embajador. También se han concentrado un par de veces frente al Ministerio de Asuntos Exteriores español. "España debe cortar sus relaciones con el régimen", sentencian estos jóvenes.

Asma vive con su familia en el barrio norteño de Peñagrande. En total, son nueve en casa: siete hermanos y los dos progenitores. Ha visitado varias veces el país de sus abuelos, pero siempre con su madre, porque el padre, Mohammed Rostom, no puede viajar allí. Sus propias hijas nunca se atrevieron a preguntarle la razón. Esta estudiante de medicina empezó a movilizarse a favor del pueblo sirio desde que comenzó la revolución, el pasado 15 de marzo, y es una de las promotoras de la Asociación de Ayuda al Pueblo Sirio.

La primera manifestación en Madrid se celebró el 20 de marzo y apenas contó con 30 personas. "Teníamos muchísimo miedo. Nuestros padres nos avisaron de que podríamos poner en peligro a la familia en Siria", recuerda Asma. Cinco meses después, su temor va quedando atrás. El número de seguidores de su página en Facebook crece, al igual que los participantes de las concentraciones.

La madre de Layla, sin embargo, se ha apostado con sus hijos un chawurma (kebab) a que la dinastía El Asad no cae. Su hija la disculpa: "Ha vivido muchos años en dictadura. Los sirios tienen el fatalismo en las entrañas". Residen en Leganés desde hace 30 años; tanto ella como sus dos hermanos han nacido en Madrid. "Soy madrileño de pura cepa", asegura su hermano Usama, de 26 años. Todos han estudiado en colegios públicos y se sienten completamente integrados en la sociedad española. "Hasta que Osama Bin Laden no salió a la luz, no tuve ningún problema. Ahora tengo que aguantar el cachondeo de la gente cuando les digo que me llamo Usama". Layla y él, a diferencia de Asma, no profesan la religión musulmana y nunca tuvieron contacto con la comunidad siria en el país hasta que en abril decidieron unirse a las manifestaciones domingueras.

El Ramadán en Siria empezó con un baño de sangre. Desde el domingo 31 de julio el Ejército está bombardeando Hama, la cuarta ciudad del país. A modo de protesta, "la revolución ha decidido boicotear las telenovelas sirias, muy vistas en el mes sagrado", comenta Asma, porque "la televisión estatal es una marioneta del régimen". El canal sirio ha dejado de encenderse en sus casas. La mejor sustituta es, sin duda, Al Jazeera.

Los hermanos Jandali se quedan este verano sin vacaciones. "Con lo que está pasando no tenemos ánimos", explica Layla. Toda su atención se centrará en la movilización de los sirios residentes en la ciudad que, en su opinión, aún temen salir a la calle por miedo a las represalias del régimen. Unos 7.000 viven en Madrid, según datos de la Comunidad Hispano-Siria, así que les espera un estío repleto de reivindicaciones.

Les apena que los españoles no se hayan involucrado demasiado con la causa, pero agradecen el apoyo que les dieron los indignados del 15-M. La asociación tuvo, de hecho, su puesto de información en la Puerta del Sol durante la acampada. Ambos movimientos luchan por sus respectivos pueblos, pero a Asma le duele que los indignados se refieran a España como una dictadura. "Entonces, ¿qué es Siria?". Usama recuerda que en el país de sus padres se juegan la vida y aquí no.

Estos jóvenes se sienten felices y orgullosos de que los sirios se hayan rebelado en contra de su Gobierno, aunque no pueden evitar la pena por las "miles de víctimas que han perdido la vida a manos de Bachar el Asad". A Usama le encantaría conocer una Siria libre, pero a día de hoy, dice, "no iba ni de coña". Layla piensa lo mismo: "Me asfixiaría en el Damasco actual". Por eso, reiteran: "Hay que hacer algo". Aunque sea a 3.800 kilómetros de distancia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de agosto de 2011