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Reportaje:Cómic

El viaje al infierno de ida y vuelta de Ulli Lust

Un cómic narra la dramática juventud de una joven punk

En 1984, cuando contaba con apenas 17 años, la alemana Ulli Lust (Viena, 1967), una chiquilla fascinada por el movimiento punk y con un curioso sentido de la aventura decidió coger los bártulos y (sin decir nada a su familia) largarse a vivir la vida. El viaje le llevó dos meses, de Viena a Nápoles, Verona y Roma, para acabar en Sicilia: un pozo del que salió con una perspectiva distinta del mundo y sus tentáculos.

Ahora lo cuenta -todo- en un cómic multipremiado titulado Hoy es el último día del resto de tu vida. "¿Cómo definiría mi libro? Bueno, yo diría que se parece mucho a una road movie, porque tiene la velocidad y la tensión del género. Y, sobre todo, porque sabes con toda certeza que en algún momento aquello va a estrellarse". Lust atiende a EL PAÍS en el café de una conocida librería del centro de Barcelona, el look punk de su juventud ha sido sustituido por el aspecto informal de una mujer que posee su propia editorial y que sabe muy bien lo que quiere. "Por supuesto, soy otra persona, tengo una muy buena vida ahora mismo y un hijo maravilloso", cuenta la austriaca.

La autora cuenta cómo fue violada y cómo probó la heroína en Sicilia

El último día del resto de tu vida, editado por la editorial Cúpula, no es una lectura agradable. Cuenta la historia de una chica que, buscándole algo de pulso a sus días, acaba siendo violada, que prueba la heroína y conoce a tipos para los que solo es un trozo de carne. "No, nunca sentí la tentación de guardarme algo o de falsear la historia, aunque fuera para hacerla más ligera. Nunca intenté que las cosas fueran más bellas de lo que fueron, porque esa es mi idea de la literatura, que tiene mucho que ver con la sinceridad y con la crudeza, si lo quieres ver así. Creo que no se trataba de hablar de lo bien que lo he pasado, sino de los problemas que he tenido, de cómo traté de resolverlos. Supongo que eso interesará más a la gente que no lo magnífico que era el tiempo", señala.

"Además, estoy convencida de que el drama es mucho mejor para desarrollar la literatura. Por otro lado la historia es muy directa porque así es como quería contarla. Hago documentales y cuando trabajo sobre el material de otras personas no trato de embellecerlas ni de contar su historia de otra manera, por tanto tenía que ser honrada cuando hablaba de mí misma, era una cuestión de coherencia. Si hubiera empezado a hacerlo todo más light me hubiera sido imposible seguir escribiendo", explica la autora.

Esta novela gráfica se lee de cabo a rabo con incomodidad y a veces con tristeza; sin embargo, y por extraño que pueda parecer, a Lust no le provoca ninguna de esas dos cosas: "No, no fue doloroso escribirlo. Me concentré en la escritura y el dibujo, tenía que focalizarme en la estructura y eso me desconectó bastante del resto. También ayuda el hecho de que vivo un gran momento de mi vida y soy alguien distinto. En cierto modo para mí ha sido como ir al cine y ver una película protagonizada por otra persona: ¡he disfrutado la tensión!".

Lust, que se confiesa fan del periodista y dibujante Joe Sacco, del underground estadounidense y del manga más alternativo, traza en su novela gráfica uno de los retratos más demoledores jamás vistos del sur de Italia, y en especial de sus habitantes masculinos. Tanto que siente la necesidad de defenderse cuando se le pregunta por el particular en cuestión: "Todos destacan ese aspecto del libro, pero también digo cosas buenas de Sicilia... aunque es cierto que me parece paradójico cómo tratan a las mujeres en una sociedad donde la mamma parece ser el nudo que lo une todo", y añade: "La mafia me trató bien. Fueron los que mejor se portaron conmigo. Ahora todo ha cambiado, pero a mediados de los ochenta eran caballerosos con las mujeres. Ahora tienen el monopolio de la prostitución. Es terrible".

Queda la impepinable pregunta: ¿si la autora tuviera la oportunidad cambiaría algo de aquella época siniestra o lo dejaría todo tal como está? "Sí que cambiaría cosas, por supuesto, pero después me quedaría con la duda de si todas las cosas buenas que me han pasado después han sido consecuencia de aquellas cosas malas que viví. Aprendí mucho de todo aquello".

Antes de irse, un consejo al periodista y a los futuros lectores de su obra: "No recomendaría esa experiencia, lo que me pasó, a nadie". Queda dicho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de agosto de 2011