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COLUMNA

Vida aérea

El turismo es un reclamo para llenar aviones. Las vacaciones se han convertido en un oficio. Y llenar las vacaciones es una urgencia mucho más exigente y desmesurada que llenar la jornada laboral. Descansar no es ya una suspensión de la actividad, sino una actividad extremadamente exigente. En estas semanas, millones de personas se patearán aeropuertos y tomarán aviones de variadísimas compañías. Padecerán un mismo lenguaje impuesto. Órdenes, exigencias, controles, agradecimientos automatizados, consejos inatendidos, ofertas de productos, retrasos, tareas de autogestión.

Todos volverán a escuchar la música amable del hilo musical. El clarinete laxante de Kenny G y en la tele de a bordo aparecerá la enésima versión de un programa de cámara oculta, donde los viandantes padecen bromas inocentes. Una buena idea sería que los aviones incorporaran a su oferta la serie Come fly with me; sería como reírse de algo mientras te está pasando.

Los creadores de Little Britain, Matt Lucas y David Walliams, abonados a esa variante del humor inglés que celebra el travestismo y los postizos, han logrado que sus parodias de la fauna de los aeropuertos fuera la serie cómica más vista en la BBC. Por ella desfilan Omar Baba, dueño de una línea aérea de bajo coste, de esas que te tratan de tú por megafonía para irte concienciando del abandono en que viajarás y que compensa su media de retrasos haciendo salir algunos aviones antes de la hora, pese a que muchos pasajeros pierdan el vuelo. También es infalible el azafato Fearghal O'Farrell, empeñado en ganar el concurso de popularidad y capaz de intoxicar a un pasajero para luego salvarlo. O la veterana azafata de primera que al pasar a clase turista se aterra del mal olor de esa subsección. O el matrimonio de piloto y copiloto Simon y Jackie, capaces de utilizar la megafonía del avión para solventar sus rencillas de pareja. El empleado de las hamburguesas cuya imbecilidad es tan enorme que uno se siente reconocido en él. Y Corinne, una mujer en silla de ruedas que reivindica el derecho de los minusválidos a trabajar de asistentes para minusválidos, y empuja la silla de ruedas de un pasajero impedido mientras su asistente Bob empuja la silla de ruedas de ella, en una cadena absurda como la vida aérea misma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de julio de 2011