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Reportaje:Primer plano

Italia, radiografía de la cuerda floja

El ajuste no servirá para resolver los problemas largamente enquistados de la economía

El hombre del momento se llama Giulio Tremonti. Es bajito, tiene el pelo blanco y pronuncia las erres de una manera endiablada incluso cuando habla inglés. Es el superministro de Economía del Gobierno italiano. El chef que está cocinando la salvación del país y, de paso, también la del euro. O al menos eso dice él: "Esto es el Titanic, y si cometemos errores no se salvarán ni los pasajeros de primera clase", afirmó en el Senado, mirando al tendido alemán.

Según Silvio Berlusconi, Tremonti es un torero: "Se cree el más listo de todos y cree que todos los demás somos tontos". Desde que el primer ministro pronunció esa histórica frase, Italia acapara el foco de atención mundial y Berlusconi ha sido amordazado por sus asesores. Mientras el país se hundía ha estado desaparecido en combate; según han dicho sus íntimos, preparando un viaje a su casa de Antigua. Mientras tanto, Italia vive en el alambre. Unos dicen que el hundimiento vivido esta semana solo es el principio del fin y que el país arrastra problemas tan profundos que la única perspectiva es la recesión y, quizá, la quiebra. Pero Tremonti, desde la sala de mandos del Titanic, acaba de despejar el iceberg hacia delante con un ajuste a sangre y lágrimas que parece aplazar los problemas hasta dentro de dos años.

Mientras el país se hundía, Berlusconi ha desaparecido en combate

Las tres mafias italianas facturan unos 150.000 millones anuales

La ruptura entre el primer ministro y Giulio Tremonti es definitiva

Italia lleva ya 10 años con un crecimiento medio del PIB del 0,25%

"Sin crecimiento, iremos tras Grecia y Portugal", advierte un analista

Una juez ha pedido el arresto de la mano derecha del titular de Economía

Los expertos dudan de que el ajuste sirva para cambiar los malos usos italianos

Draghi y Napolitano han sustituido a un Gobierno casi desaparecido

Los expertos temen que la tragedia degenere en farsa en el caso de Italia

El país resiste gracias a las pymes y la economía sumergida

Seguramente, no podía ser de otra manera. Italia tenía que ponerse en primera línea de fuego precisamente este año, que festeja el 150º aniversario de su unificación. Ya se sabe que cuando los italianos se ponen a celebrar no reparan en gastos. Pocos pueblos en el mundo promocionan, empaquetan y venden sus productos con más arte que este. Vean, por ejemplo, el folleto que alguien dejó el otro día en el buzón: "Chef a domicilio. Cocina de alta categoría. Directamente en su casa. Preparo especialidades culinarias de gran nivel, ocupándome escrupulosamente de toda la organización del evento. Cada mínimo detalle será cuidado con toda atención. Y al final, encontrará su cocina y su salón en perfecto orden. Comuniones, bautizos, veladas con amigas, una romántica cena a dúo, un discreto almuerzo de negocios, una despedida de soltero, la diplomatura. Ofrezco mis prestaciones allá donde ustedes deseen. En su residencia urbana, su casa de la playa, su chalé de la montaña, a bordo de su barca o de su avión privado. En Italia y en el extranjero".

Eso es Italia: dinero, recursos, marketing, simpatía, imaginación, improvisación, seducción, retórica, oratoria. Arte natural para etiquetar y vender lo que sea. O, como ha dicho esta semana Mario Draghi, el flamante y próximo gobernador del Banco Central Europeo (BCE), apostando por el futuro del país en plena tormenta financiera: "Creatividad para los negocios, energía para trabajar, iniciativa privada".

Con cerca de un 90% de pymes familiares, Italia es todavía el segundo productor y exportador de Europa. La tercera economía de la zona euro. La séptima potencia mundial. El imperio de la moda, el diseño y el made in Italy. Un lugar extraordinario, donde Pompeya se cae a trozos, donde el Estado cede el Coliseo en exclusiva durante 15 años a un empresario del calzado para que lo restaure por 25 millones de euros y donde las velinas televisivas ejercen en tropel como ministras y diputadas.

Y, sobre todo lo demás, es un país con una economía extraña, casi incomprensible, un caso casi único de burocracia y derroche, desempleo bajo y ocupación todavía más baja (el 50% de las mujeres no trabajan), deuda pública estratosférica (1,89 billones, el 120% del PIB) y crecimiento casi nulo (un 0,2% acumulado desde 2001 hasta ahora, solo mejor que Haití y Zimbabue), déficit moderado (4,6%) y actividad sumergida a espuertas. Como en España, o más.

Las tres mafias italianas facturan unos 150.000 millones anuales, según las estimaciones de diversas asociaciones de comerciantes y de la patronal, Confindustria. La corrupción cuesta cada año, según el Tribunal de Cuentas, 70.000 millones de euros. Y la evasión fiscal, según ha declarado Tremonti hace unos días al Financial Times, se eleva a 150.000 millones. "Increíble", apostillaba Tremonti, como si las tres amnistías fiscales que su Gobierno ha aprobado en nueve años no las hubiera hecho él.

Ese es el maravilloso y contradictorio belpaese. Partido entre norte y sur. Martirizado por las mafias, que, sin embargo, contribuyen al enorme flujo de dinero líquido y son la gran mamma social del sur, donde el Estado no llega. Un país acostumbrado a soportar a gobernantes de la peor ralea y liderado desde hace 20 años por un personaje llamado Silvio Berlusconi: la tercera fortuna del país, dueño de una docena de casas y palacios, sultán (con harén) de un imperio valorado en 13.000 millones; varias veces imputado (corrupción, evasión fiscal, prostitución infantil, abuso de poder...) y recién condenado a pagar 560 millones a su principal competidor editorial, CIR, tras un litigio de 20 años, porque según los jueces compró al magistrado que decidió el Laudo Mondadori a su favor en 1991.

Ese es, más o menos, el ambiente, el caldo de cultivo. Ideal para un esperpento de Valle-Inclán o una comedia de Bertolt Brecht. Entrañable y adictivo, si uno acepta sus rarezas. El nivel de vida en las ciudades medianas sigue siendo estupendo, la comida es un lujo al alcance de cualquiera, la fruta y la verdura no tienen rival. Aunque hay algunos problemas, claro. La economía real lleva muchos años lanzando señales preocupantes. Que nadie parece haber escuchado.

En 2010, en Italia había 1.156.000 familias en condiciones de pobreza absoluta: más de tres millones de personas. Y 8.272.000 residentes que viven con menos de 500 euros al mes, según los datos del instituto de estadísticas, ISTAT. Otra encuesta reciente señala que solo uno de cada cinco italianos saldrá este verano de vacaciones. De ellos, el 62% solo se irá una semana.

Para entender lo que está pasando hoy hace falta mirar al pasado. Según el poeta Ángel Amezketa, que llegó aquí huyendo del franquismo en los años sesenta, Italia vive desde hace décadas "una guerra civil subterránea". "La gente está habituada a desconfiar del Estado y no espera nada bueno de sus políticos, al considerarlos parte inevitable del espectáculo y, eminentemente, unos ladrones".

"El verdadero problema es que el Gobierno lleva tres años contando mentiras a los italianos", afirma Gianfranco Fini, presidente de la Cámara de Diputados y exaliado de Silvio Berlusconi. Gran parte de los problemas políticos actuales comenzaron con su purga del Pueblo de la Libertad, en julio de 2010. Fini fue desterrado sin juicio por el líder máximo y se acabó el disenso en el PDL. Berlusconi se quedó sin materia gris, en manos de Tremonti, de Umberto Bossi y de unos coroneles tan fieles como poco instruidos.

"Una de las razones de mi expulsión fue que en 2009 sugerí celebrar unos estados generales sobre la economía porque el país no estaba bien", recuerda Fini. "El 13 de abril de 2008, Berlusconi ganó las elecciones con la mayoría más amplia de la historia de la República. Pudo hacer las reformas que el país necesitaba, pero no las hizo. Prefirió entregarse a la propaganda y mitificar la realidad. La situación es buena, hemos salido de la crisis mejor que los demás, decían él y Tremonti. Ahora estamos pagando esa miopía. ¿Cómo se puede decir que todo va bien y, de repente, contar que viajamos a bordo del Titanic?", pregunta el presidente de la Cámara.

Así estaba más o menos el panorama cuando, de repente, llegaron los especuladores. El día D fue el viernes 8 de julio. Tras una semana dura para la Bolsa, coronada con el viernes negro, llegaba el lunes sangriento. Milán pierde cerca del 20% del índice en seis días. El pánico, compartido por Madrid, se extiende a Europa. Los bancos se hunden, las telecos y los seguros siguen la ruta. El regulador, la CONSOB, que ha tratado de limitar las operaciones especulativas, no da abasto para suspender cotizaciones. En paralelo, la prima de riesgo de los bonos a 10 años bate todos los récords, y el diferencial con los bund alemanes se acerca más que nunca al español: la tercera y la cuarta economías del euro bailan en la cuerda floja.

Italia es demasiado grande para ser salvada, demasiado complicada para ser comprendida, demasiado corrupta para tener remedio. Ese parece el sentido del mensaje que, el domingo 10, Angela Merkel transmite a Berlusconi por teléfono. El primer ministro se olvida de comunicarlo a la opinión pública. Es la propia Merkel quien lo cuenta, el lunes, dando a entender que Italia se las debe arreglar sola, pero añadiendo que Alemania tiene confianza en el ajuste que prepara Tremonti.

La tempestad, en realidad, se lleva fraguando desde el viernes día 1. Ese día, Berlusconi está preocupado por la inminente sentencia de apelación sobre el caso Mondadori. Tras pactar un primer borrador del ajuste con Tremonti y Bossi para evitar que las medidas sean demasiado impopulares, intenta colar una norma a medida, destinada a salvar a su empresa, Fininvest. Sin importarle lo que piensen la Comisión Europea o el presidente de la República, que debe dar su visto bueno al texto antes de mandarlo a las Cámaras. El ajuste llega al Quirinal, el palacio donde reside Giorgio Napolitano, y la noticia, a la prensa. El escándalo es de órdago. Dos días después, Berlusconi retira la medida. La sensación de que esta vez ha superado todos los límites y ya no controla sus propios actos es unánime.

Antes de esconderse, concede una entrevista a La Repubblica y acusa a Tremonti de "creerse el más listo" y de no pensar en los votos. Tremonti cancela la presentación del ajuste con un sarcasmo: dice que no puede llegar a Roma por "mal tiempo". Al día siguiente da por fin la rueda de prensa, e insulta a su colega de Gabinete Renato Brunetta. A micrófono abierto, Tremonti dice: "Típica intervención suicida, es tonto, ¿no le oyes?". "No, ni siquiera le sigo", responde otro ministro, Maurizio Sacconi. No parece la mejor señal para los mercados.

La ruptura entre el primer ministro y el titular de Economía es definitiva. La fidelidad de Tremonti a Berlusconi ha sido siempre de hierro, pero ahora tiene aspiraciones de suceder al jefe y este no soporta la idea. Buen católico, norteño, de oratoria arrogante y lucida, Tremonti presume por el mundo de ser el campeón del rigor, el hombre que ha puesto finalmente orden en las caóticas finanzas italianas. Pero su mímesis con Berlusconi ha sido total desde hace más de dos décadas. "Tremonti y Berlusconi son una misma cosa", recuerda Masismo Giannini, subdirector de La Repubblica y analista económico. "La deuda pública bajó al 103% del PIB cuando Romano Prodi gobernó en los años noventa, y volvió a subir al 120% con ellos al frente. Lejos de ser un monstruo del pasado, como dice Tremonti, la deuda la han construido ellos".

El filósofo Paolo Flores d'Arcais coincide plenamente: "Aunque da la impresión de que, para el mercado, Berlusconi es malo y Tremonti es bueno, en realidad son idénticos. Han elaborado juntos la política de todo un periodo histórico, y Tremonti ha gestionado las finanzas de Berlusconi y del país a la vez, porque ha sido el asesor fiscal personal de sus ingentes bienes privados".

Lo cierto es que el superministro no parece ajeno al clima de corrupción y cleptomanía que define el ventennio berlusconiano. Hace dos semanas, una juez de Nápoles pide permiso a la Cámara para arrestar a Marco Milanese, un diputado del PDL que desde 2001 ha sido la mano derecha de Tremonti en el Ministerio. Los magistrados que investigan la logia P4, infiltrada en la presidencia del Gobierno, afirman que Milanese paga el alquiler de 8.500 euros mensuales de la casa romana donde vive el ministro. Tremonti replica que la casa no es suya, pues él duerme tres veces por semana en Roma desde hace 15 años, pero solo tiene casa en Pavía. Añade que Milanese le ofreció ocupar su vivienda "temporalmente" y que aceptó (¿quizá para reducir gastos?). Pero que, en fin, dado como están las cosas, esta misma noche hace las maletas y se larga.

El problema es que la investigación revela mucho más: sobornos, chantajes cruzados, compraventas de cargos en empresas controladas por el Tesoro, lujos excesivos y ajustes de cuentas en la cúpula tanto del Ministerio como de la Guardia de Finanzas, la policía financiera que depende del Tesoro y de la que era alto oficial Milanese, imputado por corrupción y revelación de secretos oficiales.

Según la juez Amelia Primavera, la relación entre Milanese y Tremonti sigue siendo "estrecha y próspera" y "muy poco clara", y el primero ha explotado su "posición privilegiada" de asesor del segundo para filtrar información secreta de la Guardia de Finanzas a empresarios. Siendo como era, dice la jueza, "uno de los máximos exponentes del ministerio para reprimir la evasión fiscal", la mano derecha de Tremonti ha amasado con los años un tesoro digno de un jeque: joyas, relojes, una villa en Cannes, un yate de 15 metros, dos porsches, un Aston Martin, un Ferrari, pendientes de diamantes, vacaciones pagadas en suites de 8.500 dólares en el hotel Plaza de Nueva York. Y cuatro cajas de seguridad que aun no han sido abiertas.

La coincidencia de los ataques con este clima suscita algunas dudas. ¿Han tenido que ver estos asuntos sucios en la actitud de los mercados? ¿Todo es culpa, como dice Tremonti, de la inacción y asimetría de la Unión Europea y de las extremas derechas que trabajan contra el espíritu del Tratado europeo? ¿Es admisible tanta corrupción? ¿Servirá el ajuste de fuego aprobado a toda prisa y tolerado por la oposición para cambiar de verdad a Italia y los usos de la mala política?

Según Flores d'Arcais, "a los mercados no les interesan los problemas de la justicia, ni la justicia social, sino la deuda y la solvencia, y la falta de credibilidad política. Y Berlusconi es increíble al cien por cien no solo por su capacidad o incapacidad, sino por todas las demás razones. La culpa, se dice, es de los especuladores, la ironía es que esta vez los especuladores están en el Gobierno".

"El régimen es una cloaca", continúa el director de Micromega. "Quizá suene exagerado, pero basta pensar una cosa. ¿Es posible tener un presidente de Gobierno que posee más poder mediático que Rupert Murdoch, intereses en decenas de sectores y plenos poderes sobre una mayoría parlamentaria que le obedece ciegamente? Ahora sabemos que Murdoch es un peligro para la democracia. Berlusconi lleva 20 años dominando la política italiana junto a una banda de ladrones y parásitos".

Un par de días después de la conferencia de prensa adobada de insultos se hunden la Bolsa y la deuda. El sueño de De Gasperi, Padoa Schioppa, Romano Prodi y tantos otros italianos, convencidos impulsores de la Unión Europea, se torna en pesadilla. Tremonti vuelve apresuradamente a Roma y deja plantado al Ecofin. Pero es otra cosa lo que calma a los mercados: el BCE empieza a pedir precios por la deuda soberana italiana. "Coordinados en todo momento, Napolitano y el gobernador del Banco de Italia, Mario Draghi, han tomado en sus manos la situación", explica Massimo Giannini, "y han sustituido así a un Gobierno desaparecido".

"El descrédito de la política y la economía italianas en el mundo es absoluto", explica Mario Seminerio, analista macroeconómico y autor del blog Phastidio.net, de apasionada ideología liberal. "Nuestros dos cánceres son el disparatado coste de la política, que alimenta la corrupción, y los privilegios de las corporaciones", prosigue. "La derecha gobierna para sus taxistas y sus abogados. La izquierda considera ricos a todos cuantos ganan más de 40.000 euros al año. La crisis no cambiará eso. Nadie tiene la mínima intención de reformar nada. La decisión de los abogados y notarios del PDL de no votar el ajuste si se aprobaba la medida liberalizadora es la mejor prueba. El plan final recorta ocho millones de euros a los costes de la política y 47.000 millones de gasto público. Es un Gobierno de ladrones, y continuarán chupando la sangre de los precarios y los más débiles para intentar sobrevivir como sea".

Tito Boeri, economista de la Universidad Bocconi, tampoco cree que la crisis vaya a cambiar a Italia. Más aún, opina que "la fragilidad política nos expone a nuevos riesgos. La situación puede llegar a ser muy grave, aunque el estado real del país no justifica el pesimismo de los mercados. Las cuentas están bajo control, más que en otros países, y aunque la deuda es muy alta, las finanzas públicas son relativamente sanas y la estructura de la deuda nos protege. El bajo crecimiento es un problema estructural que no se ha afrontado nunca y ha explotado. Pero el desencadenante de la crisis han sido las puñaladas en el Gobierno".

Para Seminerio, el ajuste, lejos de cuanto se ha dicho, es un ejercicio de irresponsabilidad. "No se puede pedir a los pavos anticipar el día de Acción de Gracias, pero los recortes indiscriminados y la reducción de las desgravaciones desmantelarán el Estado de bienestar. Las consecuencias serán nefastas. La tasa de ahorro bajará, los ciudadanos ya no podrán comprar deuda, se crearán nuevos agujeros de balance y vendrán nuevos ajustes".

¿Volverán también los ataques? Massimo Giannini cree que estamos solo ante "una tregua momentánea debida al gran trabajo diplomático de Napolitano, que ha encontrado terreno fértil en los dos polos para salvarnos del suicidio. Pero todos los problemas siguen sobre el tapete. El diálogo sobre las reformas es imposible, y, desde el lunes, la batalla será todavía más áspera. Berlusconi tratará de cesar a Tremonti, pero las fibrilaciones seguirán".

Según el subdirector de La Repubblica, "los políticos no han entendido que los mercados actúan así: primero mandan un ataque preventivo para probar la resistencia, y luego vuelven. Esto es solo el principio. En Italia, la tragedia, a menudo, degenera en farsa, pero es difícil adivinar cómo acabaremos. Berlusconi difícilmente aceptará la idea de salir de la escena, pero nunca ha estado tan débil y aislado. Es una situación dramática, y viviremos todavía venenos, escándalos e incertidumbre. El panorama no es oscuro, sino negro. Cuando tocamos fondo, los italianos solemos ponernos a excavar para hundirnos más todavía".

"La crisis volverá y el hundimiento será inevitable", pronostica Seminerio. "La prima de riesgo no baja, y ese coste es insostenible para un país que crece cero. Llevamos 10 años creciendo de media un 0,25%; Portugal lo hacía al 0,5% anual. Además", apunta, "la contracción de la oferta de moneda en la zona euro suele anticipar en seis meses una recesión. La M1 italiana ha bajado un 7%, un claro dato recesivo. Los indicadores de actividad son negativos. Si en el primer trimestre crecimos al 0,1% y los datos de actividad eran buenos, en el segundo hay un riesgo muy alto de recesión. Entonces tomaremos el camino griego o portugués".

Gianfranco Fini anuncia que en unos días presentará un plan de ahorro de los gastos de la Cámara de Diputados (que cuesta 1.000 millones anuales al erario) y se encomienda a Napolitano. "Su autoridad moral y su prestigio internacional nos guiarán hacia las reformas necesarias para sanear el país. Pero todo dependerá de que Berlusconi entre en razón. Si sigue pensando que es el mejor, y que todo es culpa de la oposición, de los jueces y de Fini, pondrá en gravísimas dificultades a Italia".

No cree lo mismo el cura de Génova Paolo Parinella. "La crisis se agravará aún más, los políticos italianos sienten que esto es el final y robarán cuanto puedan. Este Gobierno liberal solo defiende los intereses de clase; es de derechas, pero actúa como si fuera el Partido Comunista. Y de la oposición no debemos esperar nada. Ha renunciado a oponerse a este ajuste y eso es una barbaridad. Al no presentar enmiendas han permitido aprobar todo tipo de porquerías. Si no hay una revolución es porque, tras 30 años de berlusconismo, las conciencias están drogadas".

Giannini cree que "Italia tardará generaciones en superar la mentalidad berlusconiana. Si sobrevivimos es gracias al pulmón de las pymes que exportan a todo el mundo y a la economía mafiosa sumergida. Pero eso no durará siempre. Es solo cuestión de tiempo. Saltaremos por los aires antes o después".

La nueva vida del gobernador Draghi

La vida de Mario Draghi, el gobernador del Banco de Italia que en noviembre se convertirá en el nuevo presidente del Banco Central Europeo -si para entonces sigue existiendo el euro-, está a punto de convertirse en una experiencia extraordinaria. Con su país metido en el torbellino de la deuda, una situación que todos los analistas piensan que se prolongará en el tiempo, Draghi ha preferido no dar estos días entrevistas, mientras ocultaba sus diferencias de criterio con Giulio Tremonti y trabajaba a fondo con el presidente de la República, Giorgio Napolitano, y la institución que todavía dirige Jean-Claude Trichet para tratar de desactivar la crisis italiana. Por teléfono y en reuniones, Draghi ha ayudado a pilotar la salida de la crisis a un Gobierno con el que nunca se ha llevado bien y su capacidad de persuasión se ha unido a la de Napolitano para convencer a la oposición de que lo único que se podía hacer para salvar los platos rotos era votar a favor de un ajuste que el propio Draghi no comparte en líneas generales. La frenética actividad de Draghi es comprensible, porque cuando llegue a Francfort, los retos del BCE estarán muy probablemente supeditados al comportamiento de la deuda italiana y presentarse a su nuevo cargo con un posible fracaso nacional sobre la espalda, cuando muchos analistas achacan las caídas de estos días a la irresponsabilidad de su clase dirigente, sería un baldón demasiado pesado.

Sus colaboradores explican que Draghi solo hablará a la vuelta del verano, porque está en situación cesante como gobernador de la Banca d'Italia, y para conocer su impresión sobre la crisis remiten al discurso que leyó el otro día ante la asamblea de la Asociación Bancaria Italiana (ABI).

En su intervención, Draghi elogió la solidez del sistema bancario italiano, que él ha reformado en los últimos dos años: "Los bancos están más sanos que en 2008. Mucho mejor capitalizados y más preparados para el riesgo. Han demostrado capacidad de resistencia y de reacción en tiempos graves. Después de una década de estancamiento, han soportado la recesión y han seguido prestando dinero a empresas y familias, subiendo el crédito en un 6% y un 5%, respectivamente. El sufrimiento de las empresas comienza a descender. No han sufrido burbujas inmobiliarias y han sufrido pérdidas reducidas que no han dado lugar a crisis. Su cultura empresarial es poco propensa a las aventuras. Han hecho ingentes aumentos de capital y se han preparado con tiempo para las pruebas de estrés. No tienen problemas de financiación y han resistido la tempestad adaptándose a los estándares de Basilea. Ahora es esencial seguir reduciendo costes, premiar la productividad de los empleados, aprobar reglas sobre el conflicto de intereses y emprender una decidida acción antirreciclaje".

El gobernador habló también sobre el plan de ajuste concordado por el Gobierno de Berlusconi con la Comisión Europea. "El coste del crédito ha sido hasta ahora similar para todos los países, pero desde ahora ya no será así", dijo. "Por eso hace falta un crecimiento alto y sostenible, además de tener las cuentas en orden. Los países que crecen menos deberán pagar más por el crédito. Por eso las reformas estructurales son ahora más esenciales que nunca".

Como mensaje de despedida antes de emprender su nueva vida, no pudo ser más claro. El Gobierno con el que ha convivido a regañadientes los últimos seis años no está a la altura de las circunstancias. Seguramente, Draghi espera que cuando en noviembre tome posesión de su nuevo cargo, la era del tándem Berlusconi-Tremonti sea ya historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de julio de 2011

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