Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
CARTAS AL DIRECTOR

El Tribunal Constitucional, en precario

Cuando en una democracia el máximo órgano judicial encargado de velar por la correcta aplicación e interpretación de la Constitución da un golpe de mano -esperemos que solo haya sido un amago, ya que el presidente del Alto Tribunal no ha aceptado la dimisión de tres de sus magistrados- se enciende una luz roja que nos indica que nuestras instituciones están siendo atacadas por la ambición política.

Quizás haya que preguntarse una vez más qué partido es el que más cromos tiene para adjudicarle el premio a la deslealtad, por omisión o por acción interesada partidista. Vivimos unos momentos que exigen una ciudadanía reflexiva, madura y no influenciable. ¡Qué difícil es para muchos de nosotros convertirnos en voces airadas de tanta corrupción y descaro político! En una gran mayoría, somos ciudadanos de buena fe pero ni tontos ni ignorantes. Se han encargado de hacernos sentir una nueva arma de destrucción democrática: la desconfianza hacia la clase política. Pero, ojo, no nos equivoquemos, no todos los políticos son iguales, esto es lo que quisieran determinados partidos que llegáramos a pensar para hacerse con el poder y utilizarlo a su antojo.

Recordemos el pasado lejano y reciente, reflexionemos sobre el presente y decidamos para un futuro a corto plazo que permita tomar las medidas políticas necesarias para que España recupere su tono muscular para el medio y largo plazo. El reto es nuestro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de junio de 2011