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Berlusconi convoca un congreso interno tras la derrota

La izquierda gana 63 alcaldías en las municipales y la derecha solo 18

Pancarta en la plaza del Duomo el lunes por la noche: "Bye, bye, Berlusconi". Milán era una fiesta. Habían vencido, 18 años después: banderas rojas, viejas canciones antifascistas y un mar de camisetas naranjas, el color elegido por Giuliano Pisapia para la rebelión pacífica que ha "liberado" a Milán.

La capital financiera de Italia es hoy la peor pesadilla de Silvio Berlusconi. Su Milán, la ciudad donde nació su imperio inmobiliario, mediático y político, le ha abandonado. Y está en manos de un penalista, miembro de un partido poscomunista, cuyo líder, Nichi Vendola, grita ante una masa entregada: "Saludamos a nuestros hermanos musulmanes y a nuestros hermanos gitanos".

Italia sale de las municipales convertida en un país distinto. Unas elecciones parciales, en las que podía votar un cuarto de los habitantes del país, 15 millones de personas, han puesto a Berlusconi y a su socio de la Liga Norte ante una situación similar, pero de signo contrario, a la vivida en España hace dos semanas. Milán ha sido la vanguardia de un movimiento de rechazo y hartazgo que parece profundamente enraizado en el país. La cuenta en los municipios de más de 15.000 habitantes es nítida: 63 alcaldes para el centro-izquierda, 18 para el centro-derecha.

Italia emerge de los comicios locales con un vuelco político

Nápoles (donde un exjuez se impone al candidato-empresario comprensivo con la Camorra y apoyado por Berlusconi), Cagliari (donde un joven de izquierdas, de 35 años, arrebata al centro-derecha una alcaldía que poseía desde hace 17 años) y Trieste (donde otro excomunista se hace con una de las ciudades más conservadoras de Italia), son la punta de un iceberg a la deriva.

Una tormenta perfecta que ayer Silvio Berlusconi intentó minimizar, bromeando: "He visto que quieren poner fecha a mi funeral", manifestó desde Rumanía, "pero estoy demasiado ocupado y he decidido aplazarlo". Su atribulado número dos, Gianni Letta, secretario de Estado de Presidencia y gentilhombre del Papa, rompió su contención habitual y matizó: "Si nos queda vida, seguiremos adelante".

La frase define la apurada situación política, agravada por la judicial, en la que queda el líder que ha perfilado la mentalidad, la antipolítica y la anticultura del país desde 1994.

Su exaliado Gianfranco Fini, presidente de la Cámara de Diputados, purgado por Berlusconi del Pueblo de la Libertad (PDL) en julio de 2010, describió sabiamente el panorama: "Aunque el Gobierno no caerá, el voto ha archivado de hecho el berlusconismo". La derrota ha producido un terremoto en el partido fundado por Berlusconi desde el estribo de su coche hace dos años. Lo primero ahora es tratar de frenar los ajustes de cuentas y el caos interno. La noche del lunes el líder italiano anunció que nombrará un coordinador único, en lugar de los tres actuales. Será Angelino Alfano, el ministro de Justicia, al que ya indicó como su sucesor hace un par de meses.

Pero ayer los coroneles del PDL frenaron esa idea. Divididos en cinco corrientes, unos piden un congreso extraordinario y los más valientes reclaman primarias, cuestionando así por primera vez al líder.

Berlusconi, a sus 74 años, tiene un objetivo principal: seguir en el poder para afrontar desde ese parapeto institucional sus cuatro juicios pendientes. Ayer, el caso Ruby vivió una nueva sesión. Berlusconi no asistió porque seguía de cumbre bilateral en Rumanía.

La última palabra la tiene el padrón de la Liga, Umberto Bossi, al que sus íntimos describen como "furibundo" por los resultados. De momento ha prometido su apoyo si la mayoría logra aprobar las reformas federalistas que se esperan hace años. Pero ayer filtró que hará saber su decisión definitiva el día 19, en la fiesta de Pontida. Antes de eso, los días 12 y 13 se votan los refrendos sobre la privatización del agua y la ley del legítimo impedimento.

El voto podría ser la puntilla para una mayoría que debe afrontar antes del verano un nuevo recorte de 40.000 millones para el próximo trienio. El centro-izquierda volvió a exigir ayer la dimisión del Gobierno.

Las urnas dan nuevo fuelle al Partido Democrático (PD). Pero sobre todo premia sus primarias abiertas. De forma paradójica, el viento de cambio y renovación ética lo insuflan Milán, Nápoles y Cagliari: ninguno de los tres alcaldes milita en el PD.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de junio de 2011