Reportaje:

La lucha contra 'baccharis'

El proyecto LIFE busca erradicar esta planta invasora de los estuarios vascos - La mayor dificultad es el acceso a las zonas invadidas

Explicar por qué es importante proteger un animal no suele ser demasiado complicado para los expertos. Sin embargo, cuando desgranan las inversiones realizadas para la supervivencia de la flora, sienten que deben justificarse ante la gente. "Respetamos más a los animales porque los sentimos más cercanos a nosotros, pero es un error", asegura el director de Biodiversidad del Gobierno vasco, Germán Alonso.

El proyecto LIFE, que dispone de un presupuesto de algo más de 1,8 millones de euros cofinanciados entre la UE y el Ejecutivo, se dedica precisamente a salvar plantas como el carrizo, el junco o los prados de siesga del azote de baccharis halimifolia, una especie invasora que se ha atrincherado en los estuarios vascos de Urdaibai, Lea y Txingudi.

Cada planta crea dos millones de semillas que se extienden hasta 15 kilómetros
"Es un error que respetemos más a los animales que a las plantas", cree Biodiversidad

Un trabajador corta con una motosierra un ejemplar de baccharis, que llegó a Euskadi desde América a principios del siglo XX en el equipaje de indianos que se sintieron atraídos por su flor blanca. "En Arcachon (Francia) incluso la usaron durante mucho tiempo como seto", apunta Alonso.

Baccharis hamimifolia cae al suelo y el empleado la apila junto a otras compañeras ya taladas. Este proceso, en el que la principal dificultad se halla en el acceso a las zonas invadidas, se pudo observar en la visita guiada al estuario de Urdaibai organizada la semana pasada por el Gobierno con motivo del Día Mundial de la Biodiversidad, celebrado el domingo.

Una vez cortada, la planta ya no puede reproducirse. Justo todo lo contrario que cuando vive, ya que produce casi 2 millones de semillas que pueden extenderse 15 kilómetros más allá. De hecho, llegaron a los estuarios vascos mediante el aire o a través de jardines colindantes con ríos.

Sin embargo, para asegurarse de extinguir el peligro, los operarios untan de glifato -un fuerte pesticida- las pilas y los tocones. Después de este proceso, la zona queda desinfectada por casi dos años. La pasada semana, en una jornada de 8.00 a 17.00, los trabajadores libraron de baccharis halimifolia una zona similar a un campo de fútbol. LIFE pretende recuperar unas 300 hectáreas hasta 2013.

Erradicar esta planta de los estuarios vascos es prácticamente imposible. Durante varias décadas campó a sus anchas y fue eliminando a la flora autóctona y, por consiguiente, a un gran número de aves protegidas, como el carricerín cejudo, el carricero total o el águila pescadora. Su propagación ha sido tan veloz como la del plumero de la Pampa, aunque ha afectado en mayor medida a los espacios protegidos.

Además, no solo en Euskadi, sino que su influencia se extiende desde la Bretaña francesa hasta Asturias. De hecho, los Gobiernos de estas regiones comparten periódicamente experiencias. Todo por proteger la flora autóctona y, al mismo tiempo, la fauna.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0029, 29 de mayo de 2011.

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