Reportaje:El debate de la muerte digna

Derecho a un adiós íntimo y sin dolor

La ley sobre el final de la vida refuerza al paciente para decidir qué tratamientos acepta y cómo pasar la agonía - La eutanasia y el suicidio asistido quedan fuera

De cuidarse para vivir a tratarse para morir bien. Ahí se centra la Ley Reguladora de los Derechos de la Persona ante el Proceso Final de la Vida (hasta en el nombre el Gobierno ha querido alejar la idea de la eutanasia), cuyo informe fue presentado ayer por la ministra de Sanidad, Leire Pajín, al Consejo de Ministros. El borrador, al que ha tenido acceso EL PAÍS, define ese momento como el del "final próximo e irreversible, eventualmente doloroso y lesivo de la dignidad de quien lo padece", para "en la medida de lo posible, aliviarlo con respeto a la autonomía, integridad física e intimidad personal". Eso sí, enseguida se añade que "sin alterar la tipificación penal vigente de la eutanasia o suicidio asistido".

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Según el borrador, la ley también es de aplicación en el ámbito privado, lo que puede suponer un conflicto con lo centros concertados religiosos.

- Información. El paciente tiene derecho a saber cuál es su situación, de qué alternativas dispone y cuál es su expectativa de vida. "Las personas vinculadas al paciente serán informadas únicamente en la medida en que éste lo permita", dice el borrador.

- Tratamientos. Los pacientes "tienen derecho a que se respete su decisión sobre la atención sanitaria que se les dispense", afirma el borrador. Esto implica que "podrán rechazar las intervenciones y los tratamientos propuestos por los profesionales sanitarios, aun en los casos en que pudiera tener el efecto de acortar su vida o ponerla en peligro inminente".

- Dolor. El tratamiento del dolor es una de las grandes preocupaciones de los españoles (y más en un país con una tasa inferior a la de la media europea en el uso de opiáceos). Se fija "el derecho a recibir la atención idónea integral que prevenga y alivie el dolor, lo que incluye, además del tratamiento analgésico específico, la sedación".

- Morir en casa. Un 45% de los españoles quiere morir en casa, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), pero el 47% acaba en un hospital. La ley establece que habrá atención domiciliaria para ellos (no dice si habrá más financiación).

- Intimidad. "Los centros e instituciones sanitarias facilitarán a las personas que deban ser atendidas en régimen de hospitalización una habitación de uso individual", dice el borrador.

- Médicos. "Los profesionales sanitarios están obligados a respetar la voluntad manifestada por el paciente sobre los cuidados y el tratamiento asistencial que desea recibir en el proceso final de su vida", dice el borrador. "En caso de contradicción entre lo manifestado por el paciente y por su representante prevalecerá siempre la voluntad del primero", añade.

- Esfuerzo terapéutico. "El personal sanitario adecuará el esfuerzo terapéutico a la situación del paciente, evitando la adopción o mantenimiento de intervenciones y medidas de soporte vital carentes de utilidad clínica". Y todo ello con actuaciones que se consideren "clínicamente indicadas mediante un juicio clínico que se base en la evidencia científica". Las creencias del médico no cuentan. Pero sí las de los pacientes: "Los profesionales sanitarios tienen la obligación de respetar las convicciones y creencias de los pacientes, debiendo abstenerse de imponer criterios de actuación basados en las suyas propias".

- Reacciones. A pesar de que es una ley que más que dar derechos nuevos aclara los ya existentes, no ha quedado fuera de la polémica. De unos (Asociación Derecho a Morir Dignamente, Asociaciones por la Defensa de la Sanidad Pública) por dejar fuera la eutanasia. De otros (PP), por excesiva. "No se necesita una nueva ley", dijo en Santander Ana Pastor, secretaria de Movimientos Sociales del PP y ministra de Sanidad cuando se aprobó la ley de 2002.

la ley de muerte digna exigirá reforzar los cuidados paliativos a domicilio.
la ley de muerte digna exigirá reforzar los cuidados paliativos a domicilio.ULY MARTÍN
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