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Crítica:CIRCO

Por delante y por detrás

¿Alguien recuerda Lapin Chasseur, espectáculo de Jérôme Deschamps ambientado en un restaurante? Con el teatro partido, la mitad de los espectadores veían lo sucedido en el comedor; la otra mitad, el caos de las cocinas, y tras el descanso cambiaban sus asientos. En Circenses, de Circus Ronaldo, sucede algo parecido. Los espectadores de un lado asistimos a una función de bolsillo descacharrante, y los del otro espían lo que se cuece tras la cortina roja del fondo.

Sobre la pista hay una lanzadora de hachas furibunda que pone en fuga a su partenaire, a la orquesta y a todo bicho viviente, y una dulce funámbula, protagonista de un romance en lo más alto de una araña de cristal palaciega con un clown excéntrico capaz de escalar el Empire State por ella, en un falso final que huele a puro Chaplin. Circenses sabe a circo antañón, de entreguerras, pasado por el filtro irónico de la familia Ronaldo, que lleva siete generaciones bajo la carpa y en el teatro de variedades. En su montaje se alternan el guiño humorístico sobre el lado cutre del circo, los gags de habilidad física pura, los momentos de poesía melancólica y arrebatada, y la idea de transmisión y herencia, encarnada en el benjamín de la familia.

CIRCENSES

Compañía: Circus Ronaldo. Intérpretes: Danny Ronaldo, Karel Creemers, Kimi Hartmann, Nathalie Kuik, Luk D'Heu... Circo Price. Del 11 al 15 de mayo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de mayo de 2011