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CARTAS AL DIRECTOR

Objetivo, liquidar a Bin Laden

Nueva York, Estados Unidos

Parece que el comando que asaltó la casa donde se hallaba Osama bin Laden no encontró mucha resistencia. Entonces, ¿por qué no le capturaron vivo? O defendemos el Estado de derecho para todos o la supuesta superioridad moral de los países democráticos es una gran mentira.

El verdadero triunfo hubiera sido llevarle ante los tribunales y que en un juicio justo se decidiera qué tipo de condena se merecía. La más dura, sin duda. Además, un juicio hubiera permitido, posiblemente, recabar importante información sobre la terrorífica y escurridiza organización que aglutina a los integristas que matan en nombre de Alá.

Por favor, que mi Gobierno no felicite por esta barbarie en mi nombre. Es un acto vergonzoso que, una vez más, supongo que responde a vergonzosas razones de Estado. ¡Qué pena no poder vivir el tiempo suficiente para que cuando se desclasifiquen los documentos de esta operación conocer los verdaderos motivos por los que no se ha querido capturarle vivo!- Marta Díaz. Las Rozas, Madrid.

Me llama la atención la gran cantidad de gente que duda de la veracidad de la operación militar que ha tenido como resultado la muerte de Bin Laden. Creo que, de no ser auténtica y reconfirmada la noticia, todo un presidente de Estados Unidos no se tiraría a una piscina como esa, sin agua y llena de cocodrilos. Siendo, como es, el ídolo de cierto progresismo europeo, me choca que sea precisamente este sector de opinión el que duda o critica el asunto porque no se muestren pruebas de ello, o porque se haya "asesinado" a quien desde hace 10 años disfrutaba sin tapujos con su cuadrilla de lo bien que les había salido la Operación 11-S, superando sus más delirantes expectativas de víctimas y recalcando que, como luchadores de Alá, no distinguían entre objetivos civiles o militares, que todos los infieles somos objetivo.

Deben ser los mismos que, a base de tragar con las prácticas göebbelianas de quienes insisten en repetir una y mil veces las mismas mentiras con la esperanza de que, a pesar de la rotundidad de los hechos y la irrefutabilidad de los números, la masa termine tragando, piensen que esa es la forma normal de hacer política.- Arturo Fernández-Maquieira. Níjar, Almería.

Una de las características de la democracia es la separación de poderes. Una de las características de la justicia es que nadie es culpable hasta que no se demuestre lo contrario. Y el que lo debe demostrar es un juez. En democracia. Por eso que un Gobierno mate a una persona sospechosa de ser criminal por haber matado o inducido a matar a una o a miles de personas, se llama terrorismo de Estado.

No es agradable observar cómo en este país la inmensa mayoría ha obviado este detalle, sancionando que el fin justifique los medios. Pero malos tiempos vivimos cuando en Europa, la cuna de la democracia, dejamos de respetar las reglas que fundamentan nuestra convivencia y permitimos que nos vendan como una victoria utilizar el terrorismo de Estado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2011