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Crónica:ATHLETIC 0 - REAL MADRID 3 | FÚTBOL | 31ª jornada de Liga

El Madrid se quita las joyas

Mourinho protege a sus figuras y apuesta por un equipo muscular que golea a un Athletic sin argumentos, sin fútbol y sin ocasiones

Hay batallas que se ganan sorprendiendo al enemigo y otras que se consiguen incrustándose en el territorio enemigo. Mourinho, un estratega futbolístico muy marcial, eligió la segunda opción, asumir la guerrilla que el Athletic siempre propone en San Mamés cuando se enfrenta a ejércitos de prestigio y ganarle con sus propias armas. Metro a metro, posición a posición, casa por casa. Hace tiempo que el Athletic, en este tipo de partidos, confía más en su musculatura que en su juego. El problema es que hace tiempo que el Madrid, y otros equipos, le aceptan el cuerpo a cuerpo y acaban confundiendo su psicología. Podía pensarse que Mourinho activaba su plan B prescindiendo de algunos pesos pesados (Cristiano, Xabi Alonso, Carvalho, Özil, Adebayor) porque la Liga está casi imposible y reserva su tropa para otras galas. Error. El técnico madridista sabía dónde jugaba y contra quién jugaba. San Mamés exige más infantería que ingeniería, más aún con Caparrós, que basa su buena campaña en el espíritu aguerrido e incansable de la muchachada.

ATHLETIC 0 - REAL MADRID 3

Athletic: Iraizoz; Iraola, San José, Ekiza, Castillo; Gurpegui (David López, m. 46), Orbaiz, Javi Martínez (Iturraspe, m. 61), Muniain; Toquero (Gabilondo, m. 77) y Llorente. No utilizados: Raúl; De Marcos, Ocio y Díaz de Cerio.

Real Madrid: Casillas; Ramos, Albiol, Garay (Carvalho, m. 76), Arbeloa; Pepe, Lass, Granero; Kaka, Di María (Xabi Alonso, m. 67); e Higuaín (Cristiano Ronaldo, m. 61). No utilizados: Dudek; Marcelo, Özil y Adebayor.

Goles: 0-1. M. 13. Kaka, de penalti. 0-2. 53. Kaká, de penalti. 0-3. M. 69. Cristiano Ronaldo.

Árbitro: Clos Gómez. Amonestó a Gurpegui Javi Martínez, Granero, Ramos, Lass, Casillas y Arbeloa.

Unos 39.000 espectadores en San Mamés.

Di María exprimió la banda izquierda con esa velocidad que tan mal asume el Athletic

San Mamés exige más infantería que ingeniería y Mourinho sabía dónde jugaba

Y a Mourinho no se le cayeron los anillos por alinear a Pepe por delante de la defensa o confiar la recuperación de Higuaín en un partido tan exigente. Se trataba de buscar el lugar del Athletic, que también jugaba con tres medios centros (Javi Martínez, Orbaiz y Gurpegui), invadiendo su territorio, quitándole argumentos y razón de ser a su estrategia. El Athletic es un equipo básico y extraño en ocasiones. Tiene al mejor cabeceador de la Liga, Fernando Llorente, y sin embargo Caparrós le hurta centradores razonables que le asistan en condiciones. Es como si estuviera condenado a, en plena guerrilla, buscarse la vida en la selva de centros llovidos, por lo estratosféricos, o tan secos, por lo que duelen si te golpean, o tan vanos que los rechaza la defensa. Llegara el día en el que Llorente deberá rematar sus propios centros. Cuarenta y cinco minutos necesitó Caparrós para comprender que Llorente no es tan bueno como para hacerlo todo. Cuando optó por David López, tras el descanso, el Madrid ya ganaba 0-1 gracias a un penalti indudable de Iraizoz a Di María transformado por Kaká con más precisión que engaño.

Parecía que Athletic y Madrid se enredaban en el juego sucio, entendido como un asunto de limpieza más que legal. Costaría encontrar un partido con tantos plantillazos por ambas partes, lo que reflejaba tanta intensidad como voluptuosidad que acabó con el árbitro amnistiando a posibles condenados para salvar el posible espectáculo. El Athletic quería imponer su fiereza y el Madrid, sin joyas, sin anillos, entendía que esa asignatura no la iba a suspender. Por eso estaban allí tipos como Lass, Granero, Ramos y Pepe, que difícilmente iban a dar su brazo a torcer. Hasta Arbeloa aceptó el reto de resistir a tipos como Toquero y Gurpegui sin volver la vista atrás, mirando para otro lado.

Ahí, probablemente, ganó el partido el Madrid, porque dejó al Athletic sin su único argumento y el equipo de Mourinho guardaba muchas balas en la recámara. La de Di María, por ejemplo, que exprimió la banda izquierda con esa velocidad que tan mal asume el equipo de Caparrós cuando le ponen la directa. Así llegó el primer penalti que transformó el redivivo Kaká. Luego, por la derecha, se fabricó el segundo, por la ingenuidad de Castillo que también transformó el brasileño, ya resucitado.

El Madrid sabía a lo que jugaba; el Athletic, no. Tenía a Llorente, pero no tenía centradores, tenía a Toquero, pero siempre en horizontal, y tenía a Muniain, el único que discutía con los futbolistas del Madrid pero en una soledad inquietante, casi sin referencias, obligado a buscarse la vida. Resulta extraño imaginarse 45 minutos del Athletic en San Mamés sin una ocasión de gol. Algo parecido fue un disparo flojito de Muniain que atajó Casillas sin problemas. Ese era el termómetro rojiblanco. Cuando el Madrid rebajó la fiebre del encuentro, el balón se impuso al corazón. Y el Athletic había perdido la batalla antes de que concluyera.

Dos galopadas de Di María, dos penaltis, dos goles de Kaká. Y faltaba el resto de la artillería. Reaccionó Caparrós buscando centradores (nunca se sabe por qué siempre al final, nunca al principio) y reaccionó Mourinho metiendo a Cristiano, a Xabi Alonso y a Carvalho. Y a la primera, el delantero, especialmente pitado en la catedral, se sacó dos quiebros por la izquierda y puso el balón en el rincón de las agujas de los porteros: en el hierro que sostiene por el suelo la red. Tuvo otro gol Cristiano pero se hartó de egoísmo, como soliviantado por el público, y lo mandó fuera cuando pudo elegir goleador entre sus compañeros. El Athletic hacía tiempo que se había ido del partido. Lo veía pasar como se mira a un reloj en el insomnio de la madrugada. Solo quería ver amanecer. Nunca supo qué decir y, por no hacer, no hizo ni ruido antes de irse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de abril de 2011