Restaurado el palacio arzobispal de Alcalá de Henares

En su recinto nació Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y esposa de Enrique VIII de Inglaterra

El palacio arzobispal de Alcalá de Henares, residencia de los purpurados toledanos desde la Edad Media y escenario de grandes eventos históricos, acaba de culminar la última de sus restauraciones, iniciada en 2006. La actuación, dirigida por el arquitecto José Luis González Sánchez, ha consistido en una rehabilitación del conjunto del edificio -inserto en el confín del perímetro amurallado de la villa alcalaína- así como de la Biblioteca Diocesana, además de la modernización del Salón de Actos, antiguamente llamado de los Concilios y del denominado patio de la Aleluya.

La culminación de las obras fue inaugurada ayer por Ignacio González, vicepresidente del Gobierno regional y consejero de Cultura, así como por el alcalde complutense, Bartolomé González (PP), y el obispo de la diócesis, Juan Antonio Reig, titular del palacio. La inversión ha sido de 1,9 millones de euros procedentes de fondos públicos.

Su fachada alberga uno de los escudos heráldicos más grandes de España

Durante las obras han sido hallados dos valiosísimos bajorrelieves medievales en piedra con sendas tallas de San Agustín y San Ambrosio. Otros elementos ornamentales encontrados en las obras, como pilastras, fragmentos de cornisa, molduras y sillares almohadillados, permanecen expuestos sobre el muro del patio restaurado.

Igualmente, fue inaugurada la adaptación de la torre de la Catedral Magistral alcalaína, de 62 metros de altura, que será visitable por el público a partir del verano tras unas obras han costado 144.000 euros. Proporcionará al visitante una panorámica excepcional de la ciudad complutense desde una altura de 45 metros. "Hasta que no culmine la actual fase de crianza de las cigüeñas que anidan en su cubierta, la torre no podrá ser visitada", según fuentes religiosas. Durante el recorrido por las restauradas estancias, Ignacio González destacó la calidad de los trabajos realizados en el edificio palaciego y en la torre.

Alcalá de Henares, desde su reconquista cristiana a las huestes de un feudatario islámico en 1118, ha permanecido como sede y residencia de los prelados de la diócesis toledana. El palacio ahora restaurado fue construido en el siglo XIII como fortaleza adosada a la muralla alcalaína próxima a la hoy puerta y torreón de Madrid, bajo el mandato de Rodrigo Ximénez de Rada, organizador en 1212 de la victoria en la batalla de Las Navas de Tolosa contra los almohades. El arzobispo Pedro Tenorio, sucesor de Rada, lo reedificó en forma de castillo señorial un siglo después, con un torreón de gran belleza unido a una nave palaciega que albergó un salón de Concilios y otro llamado Ochavo. Por sus estancias pasaron Pontífices como Urbano II y Clemente VII. Una singular audiencia de los Reyes Católicos con Cristóbal Colón tuvo lugar en este recinto fortificado, donde en 1485 naciera Catalina de Aragón, hija menor de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Catalina contraería matrimonio con el inglés Enrique VIII en 1509. Vivaz e inteligente, dio cinco hijos a Enrique, mas éste, cabeza de la recién estrenada dinastía Tudor, al morir en la infancia dos hijos varones de ambos, repudió a Catalina por creer en entredicho su sucesión masculina. La negativa papal a su divorcio desencadenó un cisma de enorme trascendencia: después de ser excomulgado tras casarse con Ana Bolena, dama de honor de Catalina, Enrique VIII se erigió en fundador de la Iglesia de Inglaterra, rebelde al designio de Roma. Catalina de Aragón, recluida en varios castillos, murió en 1536 y fue enterrada como Princesa de Gales en Peterborough, ciudad inglesa hoy hermanada con Alcalá de Henares.

Entre las postrimerías del siglo XV y el arranque del XVI, la fortaleza arzobispal fue transformada en palacio renacentista, bajo el impulso de los arzobispos Cisneros, Fonseca y Tavera. Por encargo de éste, el sublime arquitecto toledano, Alonso de Covarrubias, concibió la fachada palaciega, única estructura original del siglo XVI que quedó indemne tras el incendio del edificio, acaecido en agosto de 1939, entonces sede del Archivo General de la Nación.

Hoy cabe contemplar la fachada con una galería cimera, una suerte de mirador con arquerías en su ático, jalonada por un sistema de vanos de gran sencillez y cadencioso ritmo. Su escalera, en clave serliana, con tempo maestoso, profusa decoración y medallones al modo romano antiguo sobre un potente almohadillado, se perdió en aquel devastador fuego, que arrasó igualmente un patio renacentista de excelsa belleza, con arquerías de dos órdenes.

Sobre la monumental fachada, el cardenal Luis Antonio de Borbón, hijo de Felipe V, había estampado en torno a 1730 su escudo heráldico, uno de los emblemas más grandes de España, de seis metros de diámetro.

Escudo del cardenal Borbón, sobre la fachada de Covarrubias.
Escudo del cardenal Borbón, sobre la fachada de Covarrubias.SANTI BURGOS

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 29 de marzo de 2011.

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