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El difícil acceso a la nacionalidad baja la nota en integración

El mercado laboral es favorable para los inmigrantes, pero no la educación

España aparece bien situada en la clasificación de países que resulta al medir las políticas de integración de inmigrantes. Ocupa el puesto número ocho en una lista de 31 países de Europa y Norteamérica. Y ha crecido un poquito desde 2007, cuando se elaboró la segunda edición del Mipex, un índice que mide estas políticas y que presentó ayer el British Council. Pero hay alguna zona oscura, en esta ocasión se han señalado dos, especialmente, educación y acceso a la nacionalidad. Flojas están también las medidas antidiscriminación y la participación política de los inmigrantes.

En España, los extranjeros necesitan 10 años de residencia para poder solicitar la nacionalidad, en general. Jan Niessen, director en Bruselas del Grupo de Políticas de Inmigración, dijo ayer en Madrid que "España debe reducir el número de años precisos antes de acceder a la nacionalidad y pensar en introducirla por nacimiento", dijo.

La secretaria de Estado de Inmigración y Emigración, Anna Terrón, respondió que en España un grupo muy numeroso de inmigrantes, los latinoamericanos, pueden tramitar la nacionalidad a partir de tres años de residencia. "Es cierto que eso no ocurre con los marroquíes, los más numerosos", reconoció. El sociólogo de la Complutense y miembro del comité científico del Mipex Joaquín Arango opinó que esta crítica hay que encajarla porque, con ser bueno para los latinoamericanos, "también podría decirse que añade un factor de discriminación para el resto".

La participación política también constituye asignatura pendiente. Puede votar y ser votados los ciudadanos comunitarios y también podrán depositar su papeleta en la urna aquellos extracomunitarios con cuyo país haya acuerdo bilateral y se hayan inscrito para ello. "Es una pena que la mayor parte se haga por acuerdos bilaterales", se quejó Niessen. Este año el Mipex ha incluido la educación en su estudio y ningún país sale muy bien parado. España tampoco. No se están dando todas las posibilidades a estos alumnos (clases del idioma de sus padres y del país de acogida, ni se está aprovechando la diversidad de las aulas como factor enriquecedor. España saca buena nota, sin embargo, en la posibilidad de los inmigrantes para moverse por el mercado laboral y en reagrupación familiar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de marzo de 2011