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El Dalái Lama renuncia al poder político de Tíbet

El líder espiritual quiere democratizar el Gobierno en el exilio

El Dalái Lama, máximo líder espiritual tibetano, anunció ayer su renuncia al poder político en el exilio de esa región bajo dominio chino. "Desde los años sesenta he enfatizado repetidamente que los tibetanos necesitan un líder, elegido libremente, a quien yo le pueda delegar el poder. Ahora, claramente hemos alcanzado el tiempo de llevar esto a cabo", declaró el Dalái Lama, de 75 años, durante el 52º aniversario de la revuelta tibetana que desencadenó su huida y exilio de China, junto a miles de seguidores. India permitió a los representantes de Tíbet instalarse en la norteña ciudad de Dharamsala.

Con esta decisión, el Dalái Lama pretende democratizar el sistema político del exilio y promover una nueva generación de líderes. "Mi deseo no tiene nada que ver con huir de la responsabilidad, será para el beneficio de los tibetanos en el largo plazo", aseguró. Esto supone poner fin a la teocracia existente en el llamado Techo del Mundo.

"Confío en que gradualmente la gente entenderá mi intención", dice

El proceso de cesión del poder comenzará en las reuniones del Parlamento que comienzan el próximo lunes 14 de marzo en Dharamsala, en las que está prevista la elección del nuevo dirigente. El Dalái Lama indicó que propondrá los cambios necesarios en los estatutos para ceder la autoridad política al líder que designe el Parlamento, que antes debe aprobar las medidas.

"Confío en que gradualmente la gente entenderá mi intención, apoyará mi decisión y dejará que se lleve a cabo", dijo Tenzin Gyatso, quien recibió cuando tenía dos años el título de Dalái Lama (reencarnación de Buda en la Tierra), después de que los expertos le reconocieran como la reencarnación del fallecido Thubten Gyatso, el decimotercer Dalái Lama.

A lo largo de los últimos años, el premio Nobel de la Paz de 1989 ha expresado su voluntad de retirarse de las obligaciones políticas para vivir como un "simple monje". Esta iniciativa de establecer una "segunda línea de liderazgo" es una estrategia para separar la política de la religión y para evitar una guerra de sucesión política a la muerte del Dalái Lama.

El Gobierno de Pekín, por su parte, ve el comunicado del líder espiritual como "un truco para engañar a la comunidad internacional", dijo la portavoz del Ministerio de Exteriores, Jiang Yu, informa AFP.

Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con Pekín, el Dalái Lama ha insistido en que su sucesor debe nacer y recibir preparación religiosa en un ambiente libre y fuera de China.

Para los devotos del budismo tibetano, el Dalái Lama es la máxima autoridad religiosa. El líder budista no pide la independencia de China, sino una autonomía real que respete la religión, cultura y derechos humanos de los tibetanos.

Esta postura es muy apoyada entre la mayoría de la comunidad tibetana. Sin embargo, algunas voces en su seno la critican porque sostienen que no ha llevado a los tibetanos a ninguna parte y que China está ganando tiempo con vistas a la muerte del Dalái.

Los expertos temen que pueda darse una situación parecida a la sucedida tras la muerte del anterior Panchen Lama, que surjan dos Dalái Lama: uno elegido dentro del territorio tibetano en China y otro en el exilio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de marzo de 2011