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Editorial:

Efectos secundarios

Los mercados castigan a Portugal y Grecia porque no generan ingresos para pagar la deuda

Portugal y Grecia vivieron ayer nuevos episodios convulsos después de que la agencia Moody's rebajara en tres escalones la calificación de la deuda griega, desde Ba1 a B1 (grado "altamente especulativo"). La decisión de la agencia, que implica colocar los títulos griegos al mismo nivel que Bolivia o Bielorrusia, produjo un efecto depresivo inmediato sobre los bonos a cinco años de Portugal, cuya rentabilidad aumentó en 20 puntos básicos y dio pábulo de nuevo a rumores sobre una próxima intervención. España y Bélgica también sufrieron los efectos de la decisión de Moody's, aunque están muy lejos del epicentro de la convulsión contra Grecia y Portugal.

Las explicaciones de Moody's revelan hasta qué punto Grecia está metida en una contradicción prácticamente insalvable; contradicción que puede alcanzar a los países más afectados por los recelos de los mercados de inversión, con Portugal en primer término. Moody's reconoce que Grecia ha alcanzado progresos "en materia de consolidación fiscal y reformas estructurales", pero como tiene dificultades para aumentar los ingresos públicos (en parte por los "progresos en materia de consolidación fiscal"), expresa el riesgo de que Grecia se vea obligada a reestructurar su deuda. Moody's castiga a Grecia por los efectos secundarios de las medicinas que la eurozona y el FMI le recetaron.

Portugal y Grecia están pagando las incertidumbres políticas de la eurozona, que no encuentra la fórmula para disolver esta contradicción entre ajustes y crecimiento. Con restricciones presupuestarias draconianas es difícil crecer y sin crecimiento no es posible pagar las deudas. Grecia necesita ampliar el plazo de devolución y reducir la carga de intereses del préstamo de 110.000 millones concedido por la UE y el FMI. Pero necesita, ante todo, generar rentas suficientes para pagar sus deudas. La UEM y los inversores deberían tener en cuenta que si se extreman los rigores del ajuste, países como Irlanda, Portugal o Grecia pueden verse abocados a reestructurar su deuda y los inversores y los propios países tendrían que pagar las consecuencias.

Europa, el Eurogrupo, debe asumir que lo más urgente es evitar que quiebren más economías. Fortalecer la dotación de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera y ampliar sus usos a la adquisición de bonos soberanos en el mercado secundario es prioritario. Los problemas hoy de Grecia, Irlanda o Portugal pueden fácilmente contaminar al resto de la eurozona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de marzo de 2011