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CARTAS AL DIRECTOR

Huesos y grasas

Un año más Cibeles se posiciona como el exponente de delgadez. A pesar de las promesas de empresas e instituciones todo sigue igual. Mientras tanto, cientos de niñas siguen ingresadas en hospitales y otras tantas a la espera de una habitación que pueda hacerles recuperar la alegría perdida a causa de la búsqueda de la perfección. Fuera, la vida real se plantea como una plataforma hacia la obesidad. La sociedad incita al consumo sin control. Los ídolos juveniles se exponen ante la sociedad como seres perfectos que consiguen combinar a la perfección los excesos de alimentación con una imagen ideal de delgadez y belleza. Así, se sigue apostando por los extremos dirigidos a una generación, que aunque criticada por su baja capacidad intelectual, está siendo maniatada por los deseos de aquellos, que tienen en sus manos los recursos económicos, sin importar las consecuencias que puedan causar.

En este contexto, la lucha se vuelve desigual. A las vicisitudes propias de la enfermedad ha de sumárseles, todos aquellos obstáculos que desde la esfera pública se crean para alimentar los deseos de unos pocos. Una minoría, que obtiene beneficios económicos del sector capaces de superar el valor de la vida estas jóvenes consideradas hasta hoy, niñas caprichosas sin educación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de febrero de 2011