Columna
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Pereza

El domingo que viene se celebran los Oscar. Ya saben, los Goya americanos. En la ceremonia del teatro Kodak, se lo pasan pipa o por lo menos saben fingir estupendamente. Aquí nos pasa lo contrario: parece que hemos ido a nuestra gala a punta de pistola. La industria de Hollywood sabe que los premios son una excusa para promocionarse y por eso ponen su mejor sonrisa. Pero no vamos a jugar a las 9 diferencias (o a las 9.000) sino que me gustaría hablar de los Oscar porque es posible que una película a la que estoy cogiendo bastante manía gane el premio gordo. Mi idea es utilizar esta columna como conjuro para que El discurso del rey no gane. El año pasado no habría soportado que venciera Avatar y no lo hizo, así que tengo la confianza de que si lo deseo con fuerza, cualquiera de las otras nominadas que son mejores que la del rey tartaja hará pedazos los pronósticos.

Les hago un breve reporte: tras los Globos de Oro, la película sobre el nacimiento de Facebook, La red social, se colocó como favorita al arrasar en dichos premios. Pero en los premios que dan los productores, los actores y los directores la que se llevó el gato al agua fue El discurso del rey. Estos galardones suelen dar pistas sobre la película vencedora en los Oscar por lo que no hay una favorita clara y si lo hubiera, El discurso del rey tendría más papeletas para triunfar.

¿Por qué no me gusta El discurso del rey? No es que me parezca una mala película, pero la historia de superación personal de un rey inglés dista mucho de resultar apasionante. Justamente lo contrario me pasa con La red social, que tiene como punto de partida una trama bastante tonta (el nacimiento de Facebook no es precisamente la caída del Imperio Romano) pero su mérito está en que está contada de una forma hipnótica. Creo que no hay mayor mérito en la dirección y en el guión de una película que conseguir que lo trivial se convierta en crucial, que algo que te da igual al comenzar la proyección te deje pegado a la butaca y con ganas de más. Las dos películas favoritas a los Oscar tienen en común que parten de pequeñas historias a las que se les quiere insuflar cierta épica. Una lo consigue y otra no.

Además, ¿soy el único que está harto de ver películas que quieren mostrar el "lado humano de la monarquía"? ¿No estamos ante una continua reedición de Los ricos también lloran? El discurso del rey me provoca pereza por todo eso. No sé cuál es el antónimo de "pereza", quizás en este caso sea "entusiasmo", y es lo que me provoca, más incluso que La red social, la película Toy Story 3. Pero dudo que se atrevan a dar el premio a una película de animación aunque Pixar lleve muchos años haciendo las mejores películas de cada temporada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0020, 20 de febrero de 2011.