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Reportaje:24 HORAS EN... BARI

'Palazzi' y pizzas muy finas

Desde 50 euros ida y vuelta gracias a los vuelos 'bajo coste'. Un aperitivo en la terraza Miramare, frente al Adriático. Y palacios, iglesias y plazas singulares en Bari, la deliciosa ciudad del sur de Italia

Bari, capital de la región italiana de la Puglia, es una ciudad muy tranquila, nadie diría que estamos en el sur de Italia, en el tacón de la bota (ahora más cerca con el vuelo de la bajo coste Ryanair, www.ryanair.com, desde Madrid, Sevilla y Valencia). Su acogedor casco histórico emana historia: fue una antigua colonia romana (Barium), ocupada por los sarracenos en el año 840. En 875 llegaron los bizantinos, y los normandos, en 1071. A partir del siglo XV fue dominada sucesivamente por la corona catalanoaragonesa, los franceses y austriacos. La ciudad se ha convertido en un centro comercial y en una amalgama de civilizaciones y religiones. Las iglesias románicas, decenas de palazzi y sus plazas son el recuerdo de la Edad Media, época de mayor esplendor económico y social. Testimonio de estos años son la catedral de San Sabino (1) y la iglesia de San Nicolás (2). Bari (www.infopointbari.com; 0039 08 05 24 23 61), una ciudad de poco más de 300.000 habitantes, respira en su ensanche un ambiente parisiense. El dicho popular reza: "Se Parigi avesse il mare, sarebbe una piccola Bari" (si París tuviera mar, sería una pequeña Bari).

9.00 El poder de la piedra

Iniciamos el paseo por la ciudad en el castillo suevo de Bari (3), una fortaleza que data del siglo XIII y fue ordenada levantar por Federico II, aunque se atribuye una primera construcción, que se alzó sobre restos de época bizantina, a Ruggero II Normano en 1131. En el año 500, bajo el poder de Isabel de Aragón y su hija Bona Sforza, se construyó la muralla y se restauró el patio central. A partir del año 800 se usó como cárcel y luego fue cuartel. Una vez llegamos al jardín exterior encontramos el núcleo suevo del castillo, con forma de trapecio y cuatro torres angulares. El portal federiciano fue realizado entre la cuarta y quinta década del siglo XIII.

10.00 Un santo robado

La catedral (1) fue construida en 1062, de estilo bizantino, y reconstruida al estilo romano en 1170. Es un románico luminoso, alto, limpio y blanco bañado por la luz del Mediterráneo. El templo guarda los restos de san Sabino, obispo de Canosa, desde el siglo IX. La catedral imperial bizantina fue destruida en 1156 por Guillermo de Sicilia, conocido como Il Malo, que saqueó la ciudad. La iglesia de San Nicolás (2), patrón de Bari, es la más popular, y esta sí que sobrevivió a la furia de Il Malo. Fue levantada entre 1087 y 1197, y su fachada, de influencia bizantina, tiene poca ornamentación. Esta iglesia es un templo de culto mixto, tanto católico, en superficie, como ortodoxo, en la cripta. Tradicionalmente recibe la visita de cientos de peregrinos, ya que desde 1087 alberga las reliquias de san Nicolás. Los barineses recuerdan con cierto orgullo que estas reliquias fueron robadas en 1087 por sus marineros a los turcos; por este motivo el santo tiene la tez oscura.

12.00 Bocadillo de pulpo crudo

Desde la basílica atravesamos la muralla, que rodea el núcleo histórico, y podemos tomar un café o un aperitivo en el bar terraza Miramare (4) (Via Imperatore Augusto, 12) contemplando en calma el mar Adriático. Luego caminamos por el Lungomare (5), el paseo marítimo, entre la muralla y el mar, que recuerda al malecón de La Habana. La ciudad es llana, no tiene alturas, y sus edificios tampoco son elevados. Una parada recomendable es el mercado del pescado (6), donde, según explican los lugareños, lo más típico es tomarse un bocadillo con pulpo crudo recién pescado. La historia de Bari siempre ha estado ligada con el mar, desde su puerto zarparon las cruzadas cristianas para la reconquista de Oriente, y en los últimos años ha sido un punto de contacto entre los Balcanes y Europa. También vale la pena detenerse en el Fortino de S. Antonio Abate (7), que data del siglo XIV, para contemplar toda la bahía en la que se asienta el puerto antiguo. Para comer se puede ir a cualquiera de los restaurantes de la plaza de Ferrarese (8), aunque lo ideal es volver a las callejuelas del centro hasta encontrar La Credenze (9) (Via Verone, 25-Arco Sant Onofrio, 16; 0039 08 05 24 47 47). Por fuera tiene aspecto de fonda decadente, pero por dentro es un restaurante de lujo de nueva cocina italiana con una amplia carta de vinos y de grapas.

16.00 Tarde de edificios nobles

El encanto de Bari está en las angostas calles del centro, en las que los tendederos de roba se usan para secar la pasta recién hecha, que cubren con unas cribas para evitar que la coman los pájaros. Las decenas de palacios son el testimonio de una época de esplendor marítimo y comercial. Así, por ejemplo, se puede visitar la calle Palazzo di Città, que arranca de la parte trasera de la iglesia de San Nicolás, donde encontraremos, entre otros, el Palazzo Zizzi (10), con un portal del renacimiento tardío -con la leyenda en latín "Post tenebras spero lucem" (tras las tinieblas espero la luz)- o los palacios d'Amely (11) o Tanzi (12). También podemos acudir a la Via Verrone (13), cerca del restaurante La Credenze, con cuatro palacios datados entre los siglos XVI y XVIII. Son edificios nobles, con solera, que se han ido fraccionando para convertirse en viviendas.

18.00 La cuadrícula parisiense

Dejamos el núcleo histórico y descubrimos la Bari extramuros. A partir de 1813, el mariscal francés Joachim Murat (1767-1815), cuñado de Napoleón, rey de Nápoles entre 1808 y 1815, diseñó este barrio de manzanas cuadriculares que intentaba emular el urbanismo y la arquitectura de París. Vale la pena detenerse en el Baretto (14) (Via Roberto di Bari, 122), una cafetería de decoración clásica, para tomar un spritz, el aperitivo típico a base de vino blanco fresco, agua mineral y limón, acompañado de pinzimonio, zanahorias cortadas a tiras finas y que se mojan con aceite, sal y otros condimentos. La Universidad de Bari, fundada en 1924, próxima a la estación de tren, destaca por la plaza de Umberto I (15), repleta siempre de jóvenes y adultos, cuyo punto de encuentro es la estatua ecuestre del rey Umberto I de Saboya. En la Via Sparano da Bari (16) se concentran las tiendas de las principales cadenas comerciales hasta llegar al Corso Vittorio Emanuele II (17), donde abundan los edificios neoclásicos como el Palacio de Gobierno y los teatros Comunale, Margheritta y el Petruzzelli, este último uno de los más prestigiosos de Italia.

21.00 'Carpaccio' de pez espada

Para cenar podemos regresar a las cercanas plazas de Ferrarese (8) y Mercantile (18), cuyos alrededores son un hervidero de gente, sobre todo pandillas de jóvenes. Allí hay numerosos restaurantes y bares para tomar algo; uno de ellos, Mercantile (Piazza Mercantile, 15), hace unas pizzas muy delgadas y deliciosas, y otro restaurante, La Cecchina (Piazza Mercantile, 31), ofrece un carpaccio de pez espada muy sabroso y unos platos de pasta genuinos: orecchiete con brócoli y bacalao, y calamarata (pasta en formas de anillas de calamar) con pulpo. Para completar la jornada se puede tomar una copa en las animadas terrazas de los discobares que se suceden a lo largo del Corso Vittorio Emmanuele II (17).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 2011