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Análisis:

Tristeza, alegría, esperanza

Creo que se atribuye a Tolstoi la frase ?las familias felices no tienen historia?. Y el cine, ya sabemos, es la forma contemporánea más eficiente para contar historias. Historias cómicas, melodramáticas, trágicas o frecuentemente una mezcla de ellas. Pero habitualmente alejadas de ese concepto de felicidad acuñado en la frase de Tolstoi. En relación con el cáncer, con las personas que padecen un cáncer, hemos de reconocer que la mayoría de las películas no son aptas para ellos ni para sus familiares. Porque con algunas excepciones en que se recurre al humor para contar la historia (recordemos Planta cuarta), lo habitual es un enfoque entre melodramático y trágico que infunde, la verdad, pocas esperanzas. Es cierto que el cáncer es una enfermedad seria que provoca miedo y necesita para su curación tratamientos agresivos, pero, al contrario que en la mayoría de las películas en las que es protagonista, en más de la mitad de los pacientes el final es la curación. La curación se presta menos al melodrama o a la tragedia a la hora de contar una historia, pero es plácida y aburridamente feliz. De modo que quizá ya tenemos demasiadas películas como Love story, Elegir un amor, Mi vida sin mí o Camino (ojo, algunas son excelentes películas) y si queremos captar el signo de los tiempos tal vez hoy día los pacientes y sus familias disfrutarían más y se verían más certeramente reflejados con una mezcla de tristeza, alegría y esperanza a lo Billy Wilder o a lo Berlanga.

Es la realidad del cáncer hoy día. Una realidad que comparten un millón y medio de supervivientes en nuestro país junto con sus familiares. No son pocos.

Emilio Alba es presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de enero de 2011