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Crítica:

Hilo musical

Narrativa. Cuando faltaban unas cuantas páginas para que el capitán Nemo y Tristán, Tristón o Tritón (protagonista así nombrado a conveniencia de sus interlocutores) tuvieran su segunda charla, esta lectora todavía andaba extraviada y un poco ajena a lo que en aquel raro escenario estaba ocurriendo, pues seguía sin tomarle el pulso a una narración donde los personajes iban disfrazados de animales o protagonistas de dibujos animados, pues su trabajo era poblar el parque temático Villa verano. Decía que esta lectora se sentía ausente pululando por ese falso paraíso aunque sonriera ante situaciones surrealistas, chanzas actualizadas y descodificados apegos culturales y estuviera, además, ese Tristán que no resultaba del todo desconocido. Mecida en ese disparate continúo, quien lee fue atravesando los capítulos de Hilo musical que su autor Miqui Otero (Barcelona, 1980) hábilmente ha disfrazado de divertida novela de costumbrismo pop que contiene, sin embargo, una propuesta con fuerte carga de profundidad que no se mide sólo por la actuación grotesca de su desnortado protagonista o por los estrafalarios escenarios de cartón piedra de esa Villa verano, sino por las voces que surgiendo bajo el disfraz desmenuzan con ironía la desgana del presente. "La peor de las nostalgias es la nostalgia del futuro. Nostalgia por las cosas que sabes que nunca harás". Puro aliento para no estar quieto. Sí, la lectura resulta hilarante pero también demoledora con un puntillazo al fraude del ahora mismo que parece transcurrir como el soporífero hilo musical que mimetiza melodías. "Siempre estamos disfrazados, así que a veces tenemos que disfrazarnos para mostrarnos como somos", se escucha en esta fábula. Y sí, eso del disfraz, la música, el cine y la nostalgia, lo ha contado bien Miqui Otero. Y así, con la sonrisa congelada, lo ha leído esta lectora.

Hilo musical

Miqui Otero

Alpha Decay. Barcelona 2010

301 páginas. 19 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de enero de 2011