Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Determinismo de género

Según señalaba David Simon, gran motor creativo detrás de The Wire, su revolucionaria serie televisiva fue "una tragedia griega en la que el papel de las fuerzas olímpicas lo desempeñan las instituciones posmodernas y no los dioses antiguos". A partir de esa idea construyó una ficción monumental que reflejaba esa pervivencia y esa mutación contemporánea del determinismo a través de unas estrategias narrativas que, en su médula, abolían esa otra modalidad del determinismo que hace fortuna entre los gurús de la escritura de guión y los despachos de Hollywood: la asfixia del personaje -y de toda libertad narrativa- entre puntos de giro, espejismos de evolución emocional y demás recursos al servicio de un fátum orientado al final feliz y al deleite balsámico del paladar medio. Como la vida misma, segundo largometraje de Greg Berlanti, no hace honor a su nombre: lo que muestra no es una ilusión de vida, sino una nueva aplicación mecánica de las inflexibles leyes genéricas de la comedia romántica en su vertiente menos imaginativa.

COMO LA VIDA MISMA

Dirección: Greg Berlanti. Intérpretes: Katherine Heigl, Josh Duhamel, Hayes MacArthur, Christina Hendricks. Género: Comedia. Estados Unidos, 2010. Duración: 114 minutos.

En la película, un trágico accidente obliga a una emprendedora mujer reacia al compromiso (Katherine Heigl, con sostenido rictus avinagrado) y a un single militante (Josh Duhamel) a compartir la tutela de un bebé huérfano. Colocadas las cartas sobre la mesa, el espectador podría calcular, con los ojos cerrados, en qué estratégico momento tendrá lugar el desliz de alcoba que complicará las cosas y pondrá en marcha el engranaje romántico. Con la misma facilidad se podrá intuir dónde cae el punto de ruptura para acelerar un desenlace catártico que, para llevar el gusto por el tópico hasta las últimas consecuencias, transitará contrarreloj por mostradores de facturación y zonas de embarque de aeropuerto. Habrá quien se sienta cómodo con la rotunda experiencia del déjà vu que proporciona este producto, competentemente facturado, que no se preocupa en disimular lo evidente: es la misma película que usted habrá visto ya... ¿mil veces?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de enero de 2011