Reportaje:ECONOMÍA GLOBAL

Catar lo compra todo

El emirato invierte en el exterior para reducir su dependencia de los hidrocarburos

"Vengo de un país que quiso comprar el mundo". Cualquiera del millón y medio de habitantes del pequeño emirato de Catar podría pronunciar esta frase. ¿Cómo explicar si no el descomunal apetito inversor mostrado en los últimos meses por un país del tamaño de la Región de Murcia? Hagan memoria: la adquisición de los almacenes ingleses Harrods, el patrocinio del FC Barcelona, la entrada en la constructora alemana Hochtief y en la francesa

Vinci, la compra del estudio californiano Miramax Films, la adjudicación del Mundial de fútbol de 2022... Todo parece interesarles.

Esta voracidad responde a razones económicas, pero también de imagen como nación. "Catar es el país de la zona que más esfuerzos está haciendo en inversión exterior gracias a los extraordinarios ingresos que le proporciona el gas [posee las terceras reservas mundiales], pero además tiene una gran preocupación por trasladar una imagen de modernidad al mundo", reflexiona Josep Marsal, socio del bufete Cuatrecasas, que acaba de participar en la venta del 5% de Santander Brasil a Qatar Holding. Al fin y al cabo, como dice Charles Whall, analista de petróleo de la firma Newton Investment, una de las gestoras de BNY Mellon: "El país está diversificando sus ingresos no porque esté obligado a hacerlo, pues las reservas de hidrocarburos aún durarán décadas, sino porque así mejora su imagen y gana fortaleza en su gran deseo, que es convertirse en el líder de la región desbancando a Dubai".

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Y es que Catar, al igual que el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, corre contra el tiempo. "El emirato llega tarde. Llega después del boom de Abu Dabi, del auge de los Emiratos Árabes Unidos, y, por tanto, está intentando atraer, en el menor tiempo posible, el mayor flujo de inversiones. Y se ha dado cuenta de que el turismo es una fuente importante de ingresos", explica Javier Niederleytner, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). Además, los vientos económicos están cambiando de dirección, y hay que prepararse.

"Se espera un crecimiento medio del producto interior bruto (PIB) del 3,4% para el periodo 2012-2014, tras varios años en los que el emirato ha crecido a tasas de dos dígitos", avanza un estudio de Analistas Financieros Internacionales (AFI). Aun así, este ejercicio 2011, el país, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), todavía crecerá un espectacular 13,2%.

El origen de esta prosperidad se halla oculta a cientos de metros bajo la arena del desierto, pero también en las aguas del golfo Pérsico. La bolsa de gas que Catar tiene en el mar triplica el propio tamaño del emirato. De hecho, el país ingresó en 2010 unos 50.000 millones de euros (41.000 millones en 2009) por la exportación de hidrocarburos. Y si ahondamos más veremos que produce 77 millones de toneladas de gas y 800.000 barriles de petróleo diarios. Toda esta riqueza convierte a los 200.000 ciudadanos cataríes en unos de los más afortunados sobre la tierra, si por fortuna entendemos tener una renta per cápita que ronda los 100.000 dólares y que haya nueve puestos de trabajo por cada nacional de Catar mayor de 15 años. Eso sí, otros ingresos diferentes son los que tiene la gran masa de trabajadores inmigrantes no cualificados, sobre todo del sureste asiático, que recibe el país.

Tan fuerte es la generación de recursos excedentes que buena parte de ellos se acumulan en un fondo soberano bien conocido: Qatar Investment Authority (QIA). Este instrumento, según datos del Sovereign Wealth Funds Institute, manejó en 2010 unos 50.000 millones de euros y es la principal herramienta del emirato para asegurase un futuro cuando los hidrocarburos (aunque se calcula que existen reservas para cien años) se agoten. Gestionado por la familia real desde que se creó, en 2005, tiene tres poderosos brazos: Qatar Holding -vehículo a partir del cual se construyen las inversiones estratégicas del Estado-, Qatari Diar -especializado en inversiones inmobiliarias- y Delta Two, que mantiene, entre otras participadas, el 25% de la cadena británica de supermercados Saindsbury's.

"Resulta evidente que Catar está analizando la forma de diversificar su economía para no depender del petróleo ni del gas a partir del desarrollo de sectores como el financiero o el turístico", explica Farouk Soussa, analista de Citigroup. "En un mundo pos-hidrocarburos, la idea sería que el emirato se convirtiera en un gran holding financiero con ingresos procedentes de sus filiales repartidas por todo el mundo".

El objetivo es que el peso de los hidrocarburos en la economía sea cada vez menor. En 2010 se espera que el PIB alcance los 91.700 millones de euros, de los que un 60% todavía proceden del gas y del crudo. A la búsqueda de este nuevo emirato, "los gobernantes han iniciado desde el comienzo de este milenio un proceso de diversificación de su economía, muy dependiente del gas y del petróleo, sectores que además no son intensivos en mano de obra", comenta Manuel Valle, consejero económico y comercial de España en Dubai. Por esta razón, "las principales apuestas del Gobierno catarí se están viendo en las industrias básicas ligadas a la energía barata, al sector financiero (desarrollo del Qatar Financial Center), al ámbito turístico y al logístico (construcción de aeropuertos y puertos)".

Para una nación que persigue una nueva identidad, las infraestructuras son fundamentales. Sobre todo si quiere ser la llave entre Asia y Europa. El Plan Qatar 2025 prevé diversificar la economía con inversiones superiores a los 46.000 millones de euros en innovadores desarrollos. "Catar está licitando un nuevo metro, un tren ligero, líneas de alta velocidad y de mercancías, así como autopistas", desgrana Manuel Valle. Pero al mismo tiempo construye nuevas ciudades y estadios de fútbol con el fin de albergar el Mundial de 2022. En concreto, si añadimos los nueve recintos deportivos previstos, la cifra de inversión se irá a 140.000 millones de euros en la próxima década.

Toda esta actividad empieza a ser percibida, poco a poco, en España, cuyas ventas actuales al emirato (184 millones de euros en 2009, según AFI) son meramente testimoniales. Iberdrola, Ferrovial, OHL y FCC retratan la vanguardia de esta avanzadilla inversora. De hecho, la constructora controlada por Esther Koplowitz acaba de llegar a un acuerdo con la firma local Petroserv (propiedad de uno de los hermanos del emir) para participar en el millonario plan de inversiones en infraestructuras de Catar. "Es una empresa que conoce muy bien el mercado local y sus singularidades, pero a la que le falta la experiencia en obras civiles de gran envergadura, y ahí es donde aportamos nuestro know how", concluye Pedro Prad, director de estudios y contratación de FCC.

Ciudadanos cataríes se relajan en un café del centro comercial Villagio, en Doha.
Ciudadanos cataríes se relajan en un café del centro comercial Villagio, en Doha.REUTERS

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