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Gould recuerda a los periodistas asesinados por ETA al recoger el premio a la libertad de prensa

Anna Politkóvskaya, Guillermo Bravo, Khalid Hassan, Marlene García-Espert, Manik Chandra, Valery Ivanov y Alexei Sidorov. Siete periodistas asesinados por el simple hecho de contar lo que sabían. Sus historias las recoge Terry Gould (Nueva York, 1949) en el libro Matar a un periodista, que ayer recibió el premio José María Portell a la Libertad de Expresión 2010, que entrega la Asociación Vasca de Periodistas (AVP-EKE) en reconocimiento de aquellos profesionales que hayan sufrido cualquier tipo de amenaza por el desarrollo de su trabajo.

"Para José Mari [Portell] el periodismo era su vida, y por el periodismo perdió la vida", recordó su viuda, Carmen Torres, también periodista, y encargada junto a la presidenta de la AVP-EKE, Lucía Martínez Odriozola, de presidir el acto, celebrado en la sede de EITB en Bilbao.

"Secretamente, creo que estaba enamorado de la dama de blanco que se lo llevó. Le pidió un regalo, y es que le dejase elegir su adiós y se lo concedió. Murió como él quiso, sin doblegarse a nadie, por decir lo que quería y sin miedo al peligro y en acto de servicio", continuó Torres en un sentido homenaje a Portell, redactor jefe de La Gaceta del Norte, asesinado por ETA en 1978.

"La libertad de expresión y de pensamiento son los enemigos de la injusticia y de la violencia. Y eso es por lo que ETA asesinó a José María Portell", subrayó el periodista estadounidense, quien también recordó a José Luis López de Lacalle, el columnista de El Mundo acribillado por un terrorista etarra en 2000.

Para Gould los profesionales que centran su libro y Portell y De Lacalle encarnan la valentía de denunciar la corrupción, las injusticias, los abusos. La muerte de un periodista, editado en España por Los Libros del Lince, llevó a Gould a viajar desde Colombia hasta Irak, pasando por Rusia, Filipinas y Bangladesh, los países más peligrosos para ejercer la profesión, a lo largo de cuatro años. El reportero analiza desde el punto de vista psicológico qué empujó a estos informadores a seguir con su trabajo a pesar de haber recibido amenazas. "Todos sabían que iban a morir", explicó Gould. "Tenían tres opciones: irse, callarse o continuar con su trabajo. Eligieron continuar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de diciembre de 2010