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Dos explosiones sacuden Estocolmo

"El país ha evitado una catástrofe", declaró el ministro de Exteriores sueco

"Un atentado terrorista de lo más preocupante en una parte céntrica de Estocolmo muy transitada. Falló. Pero pudo haber sido una catástrofe". Así describió anoche el ministro sueco de Exteriores en su Twitter la doble explosión que se vivió ayer en la capital sueca.

El centro de Estocolmo se vio sacudido por la tarde por dos explosiones casi simultáneas en dos calles situadas a unos 200 metros de distancia que se saldaron con un muerto y dos heridos leves, según informó la policía. Un vehículo quedó calcinado.

La agencia de noticias sueca TT informó de que 10 minutos antes de las explosiones recibió un e-mail, remitido también a la Policía de Seguridad sueca (SAPO), que contenía archivos de audio en sueco y árabe. En ellos una voz se dirigía a la población sueca, y criticaba el silencio del país respecto a las caricaturas de Mahoma creadas por el artista Lars Vilks y la presencia de soldados suecos en Afganistán.

"Nuestras acciones hablarán por ellas mismas. Mientras no termine vuestra guerra contra el islam y la humillación del profeta y vuestro estúpido apoyo al cerdo Vilks", dice el fragmento recogido por la agencia.

Los primeros datos sobre la autoría del atentado eran muy confusos. En un primer momento la policía habló de un ajuste de cuentas entre mafiosos. Después, los medios suecos indicaron que se trataba de un atentado suicida. Mientras tanto, el cuerpo del fallecido, del que no se facilitó la identidad permaneció varias horas en el suelo antes de que las autoridades se decidieran a retirarlo.

Finalmente, la portavoz de la policía Kjell Lindgren reconoció la posibilidad de que la víctima se hubiese inmolado, pero indicó que aún no disponía de pruebas fehacientes. A la una de la madrugada los investigadores aún trataban de averiguar si había artefactos explosivos no detonados en la zona. Se desconocía también si las dos explosiones estaban vinculadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2010