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LECTURA

Sánchez Dragó, un taoista vestido de azul

El libro Los cornetas del Apocalipsis, de José María Izquierdo, retrata a Alfonso Ussía, Carlos Dávila, Pío Moa, César Vidal, Federico Jiménez Losantos, Fernando Sánchez Dragó, Hermann Tertsch, Juan Manuel de Prada, Antonio Burgos e Isabel San Sebastián

Si uno se enfrenta a Fernando Sánchez Dragó con ánimo científico y analítico, pronto, muy pronto, se da cuenta de la imposible tarea que le espera. Dragó no es un instrumentista cualquiera, solista privilegiado de solos de jazz o melancólico practicante de toques al anochecer, que es también toda la sección de viento, metal y madera. No contento con ello, se apropia de toda la de cuerda, frotada, pulsada y percutida. Pero como la suma de ambas podía ser de algún modo coordinada, también se queda con la percusión afinada y la no afinada. ¿Quieren más? Unos cuantos coros o agrupaciones vocales. Tal cúmulo de registros, se advierte enseguida, no están regidos por un director conocedor de la música, no. Pongamos que ese acúmulo de cornetas, trompetas, pianos, violines y hasta platillos está dirigido por un fenómeno del break dance en plena demostración de sus habilidades malabarísticas. El resultado, claro, es el caos, un puro disparate, una batahola, una babilonia, un laberinto, una jaula de grillos, un mixtifori. Ya verán qué zurriburri; o qué orgía, que tanto le gustan a nuestro enfebrecido corneta.

"Los ricos, por su perspicacia e iniciativa, merecen un premio; los pobres, un castigo fiscal, ligero, para que espabilen''

''El sufragio no debe ser universal. Mi voto no vale lo mismo que el de quienes ven los programas de telebasura''

No lo decimos nosotros: "Siempre me han gustado las orgías. He participado en muchas. Sigo haciéndolo". Sánchez Dragó es insaciable, fiera lujuriosa que nunca encuentra plena satisfacción: "Siempre he follado lo que me ha dado la gana. ¡Muchísimo! Para empezar, tenía una válvula de escape maravillosa: las criadas de mi familia. Esas mujeres eran fundamentales en la educación sexual de los españoles. Después de ellas venían las putas, que fueron una gran ayuda para muchos hombres de la época... Como es natural, a mayor represión política, mayor eclosión sexual. ¡Madre mía, lo que era aquello! ¡El franquismo era Sodoma y Gomorra!". Dice que le gustan jóvenes, que un año no pudo asistir a las Fallas por culpa "de un bollicao de buena factura", que "cuando estas chicas se encuentran con una persona como yo, que soy amante y amigo, soy marido y profesor, soy maestro, tengo más dinero, las amparo, las protejo, tengo más conversación de la que les puede dar un chiquito joven y encima las follo bien, acaban viendo en mí al padre que no tuvieron". Eso, un padre incestuoso, pero un padre. También sirven más jóvenes, que las lolitas a los 15 años tienen sus cosas: "No hay nada como la piel tersa, los pechitos como capullos, el chochito rosáceo". Que digo 15, mejor 13: "En Tokio, un día, me topé con unas lolitas, pero no eran unas lolitas cualesquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rímel, tacones, minifalda (...) Tendrían unos trece años (...). Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse. Mientras una se iba al váter, la otra se me trajinaba".

¿Cosas de las eyaculaciones hacia dentro? Solo en parte: "Dejé el otro día al lector con la miel de los afrodisiacos en los labios... Hablaba del Cialis, que es el que yo, desde hace algunos años, pues tengo ya más de la cuenta, tomo. Pertenece ese producto (...) a la gama de los vasodilatadores (...) El Cialis es el de más amplio espectro temporal: 35 horas, según el laboratorio que lo elabora (...) En mi caso dura menos, alrededor de un día, tirando a decrecer a medida que pasan las horas, pero es mano de santo y purga de Benito. Doy fe. Nunca tomo más de diez miligramos, y con esa dosis me basta para que en cosa de veinte minutos se yerga la verga (rima difícil a mi edad) con la misma bravura, turgencia y aguante que tenía en su juventud". Pero como la ciencia adelanta que es una barbaridad, una barbaridad, "hay ahora en las farmacias un envase de mantenimiento con pastillas de cinco miligramos", lo que produce efectos notables: "Se toma una al día (yo lo hago), y ¡hale!, a vigilar la jungla como lo hace el tigre desde la horquilla del árbol. Si pasa una gacela, doblo la dosis, me abalanzo y la adentello (a condición de que consienta, claro)". Mi fiera.

Y para terminar con las mujeres, algunas que le gustan y otras que detesta: "Nunca he creído en tales cosas, el amor fou, la pasión ciega, el dardo de Cupido, pero la vida es larga y da sorpresas. El día de mi septuagésimo segundo cumpleaños, se cruzó en mi existencia una mujer que me trae loco, que me ha sorbido el seso (sin equis), que me tiene aturullado, embelesado, hipnotizado y sumido en eso que los esnobs llaman estado de conciencia alterada (...) No lo digo en broma. Amo a Sarah Palin. No lo puedo evitar. Me chifla esa mujer. La votaría aunque no fuese republicana. Le entregaría mis ahorros (...) Estaría dispuesto a casarme con ella". Y del amor al odio: "Excelentísima Señora Adolfa Aído: doy por hecho que el Holocausto va a producirse y que el gobierno de ZiPiZaPe legalizará la barra libre en el mostrador de las carnicerías de la shoah de los nasciturus. Estos dejarán de serlo para convertirse en morituri. ¡Ave, Zésar! ¡Dirige tu pulgar hacia abajo! ¿Gas noble? No. Tridente, rastrillo, torno, tenazas y bisturí viles (...) ¡En pie los abortófilos de la tierra! ¡Loor a la famélica legión de los sacamantecas! ¡Agrupémonos todos en la Solución Final!".

Volvamos al amor, pero este ya con mayúsculas. Primero, Ana Botella: "La segunda dama del reino acusa con señorío, garbo y sentido del humor el golpe del jet lag, del desajuste de los biorritmos, de una aventura aérea que en menos de dos días la ha llevado desde Madrid hasta Tokio (...) Esta mujer, pienso, es un encanto (...) Ana Botella, después de plantar un olivo que seguirá allí -si arraiga- durante muchas centurias, recorre a fondo, con discreción, con atención, con admiración y con ternura, todos y cada uno de los lugares de ese jardín nipón". Dragó, por fin, se rinde: "Dicen que detrás de un gran hombre hay siempre una mujer inteligente y asombrada, añade el chiste. Tienen razón. Ahora ya sé cuál es el secreto de José". Se refiere a José María Aznar, que la confianza en el trato podría desorientarnos.

Pero nadie, absolutamente nadie, puede hacer sombra a la única, a la inigualable lideresa madrileña: "Esperanza, aunque no se llame María Cristina, nos quiere gobernar, y lo hará. Madrid lo ha dicho. Toca mujer, no hay otra mejor -no lo es Sonsoles- en el tinglado de la antigua farsa y se ha librado de todos sus contrincantes. Como Judit, como Salomé, ha cortado las dos cabezas justas -la de Holofernes Rajoy y la del Bautista Gallardón- de un solo tajo. Impecable e implacable inteligencia política. Estoy contento. Se van del PP los socialdemócratas. Llegan los míos. Es la hora de los liberales". Bueno, estaba equivocado, pero tampoco es una situación nueva para él. Aun así, no ceja: "Me parece una política magnífica, una gran liberal que se convertirá en la primera mujer en presidir el Gobierno de España. Soy esperancista". O "entre los políticos españoles, el que me parece que tiene más solidez y más futuro es Esperanza Aguirre". Incluso más enfático: "Espe, ¡fájate! Privatiza el Metro. Sé nuestra Dama Férrea. La Thatcher metió en cintura a los mineros británicos y puso así en marcha un ciclo de prosperidad que se mantuvo hasta que Gordon Brown alcanzó el poder. Sería cosa de ir pensando en que el pueblo de Madrid plante cara a los nuevos facciosos y rescate el grito del fascista Pétain que la Pasionaria (otra fascista) hizo suyo: ¡No pasarán! In Aguirre we trust".

En hombres también tiene sus elegidos. José María Aznar, por ejemplo: "Aznar es el mejor jefe de Gobierno de toda la historia de España. No ya desde la transición, sino desde siempre. Aunque ha cometido errores, como es normal". ¿Poca cosa? Pongamos un poco más de energía: "Muchas de las estrofas (poema If, de Kipling ) parecen una definición de tu carácter y de tu estilo político". ¿Y se acuerdan lo bien que descansábamos, ni Lexatín ni nada, cuando él gobernaba?: "Consuela y tranquiliza saber que nos gobierna un hombre capaz de jugar al pádel, de leer a Borges y de ir al teatro mientras capea tempestades o lo que se tercie con las zapatillas plantadas en la boca de riego de la pupila del ojo del tifón de la res publica". Y, en fin: "Lector de temple excepcional, y no lo digo por adulación". ¿Hay, por ventura, alguien comparable? Lo hay, pero en Italia: "Berlusconi, que es el mejor político europeo mal que les pese a los progres de la ceja y a los maricomplejines de la prensa conservadora". Por si quedaban dudas: "Si yo fuera italiano, votaría al Cavaliere, suponiendo que los talibanes de la izquierda y de la magistratura le permitan concurrir a los comicios. Italia me da envidia. Allí tienen al único líder europeo que no es clónico ni lúgubre y que, en vez de pastelear, gobierna (...) Está, Il Cavaliere, sembrado. Se atreve con todo. Rompe y rasga".

Se darán cuenta de que ya estamos de lleno en aquella cacofonía de la que hablábamos al comienzo, del caos en el que se desenvuelve el solista, que en ningún campo se muestra de forma más brava que en el ideológico o político para escenificarlo. ¿Han visto su afán liberal? Pero aunque él mismo se llama "anarquista de derechas", resulta que se ha encaprichado con los chicos de la Falange Auténtica, tanto como para recomendar el enlace en su web personal, como para asistir a alguno de sus actos y decir estas cosas: "Las gentes de Falange Auténtica, con las que he mantenido esporádicos contactos a lo largo de muchos años, configuran un grupo utópico, acratón, respondón y valedor de causas como el Frente Polisario, el ecologismo y otras de similar vitola. Su talante (horror, no me toméis por Zapatero) me gusta, aunque no comparto su fe en la condición humana, su españolismo ni su, para mi gusto excesivo, progresismo". O sea, unos rojos. Y todo por otro flechazo como el de Sarah Palin, que este hombre es un inconstante: "Me he topado con la figura de José Antonio al escribir mi libro, y me ha parecido interesantísima, además de desconocidísima". Es más: "José Antonio Primo de Rivera es el españolito con más gancho del siglo XX".

¿Quizá le ha gustado su aristocraticismo? Pudiera ser porque Dragó tiene algunas ideas claras: "No soy demócrata, soy aristócrata: gobierno de los mejores. El sufragio no debe ser universal. Mi voto no vale lo mismo que el de quienes ven los programas de telebasura. Deben votar solo los ciudadanos, no los súbditos. Pero allá ellos. ¡Libertad, fraternidad, desigualdad!". Lo repitió de otra forma: "...Solo hay un camino: el del ahorro, la honradez y el trabajo. O sea: el de la paideia. ¿Democracia de sufragio universal? No, por favor. Aristocracia de acceso restringido. Y si alguien se escandaliza, que recurra al diccionario. Esa palabra, en griego, significa gobierno de los mejores. La plebe nunca les dará su voto". Porque no se puede, como hace el multiculturalismo, "eliminar el criterio de excelencia, ya que no es lo mismo el tam-tam de una tribu africana, que la Novena Sinfonía de Beethoven; ni un grabado celta que las Meninas de Velázquez".

Así que conocido su rechazo de la democracia, en los ratos en que no es liberal, nos pilla menos desprevenidos esta defensa del franquismo: "Señor juez: quiero prestar testimonio en el proceso abierto contra los crímenes del franquismo. Todos los testigos llamados a declarar son de cargo. Yo lo seré de descargo (...) Se lo explicaré: vengo aquí movido por la indignación que tanta mentira me produce. Las cosas no fueron como sus testigos las cuentan. Yo estuve muchas veces en Correos y nadie me torturó. Todos los españoles, todos, fueron víctimas de una guerra cuya estúpida crueldad se divide a partes iguales entre los Hunos y los Hotros. Y en cuanto a la posguerra, cierto es que los años del franquismo lo fueron de sombras para algunos, sobre todo al principio, pero también de luces para muchos. Y aun me atrevería a decir, jugándomela, que las segundas fueron más que las primeras. En la España de Franco que conocí solo sufrían persecución quienes desde posturas radicales -las mías, por ejemplo- y buscando pelea se enfrentaban al Régimen. Créame si le digo que éramos pocos. Mis recuerdos lo son de un país abierto, alegre, divertido y más libre, en lo menudo, que el de ahora. Basta de mentiras. No reabra trincheras. No dé vivas a la República, que lo fue de infamia".

Y llegados a esta altura del rectilíneo y consecuente discurso político de nuestro corneta multiinstrumental, ¿qué opinará sobre Zapatero y los socialistas? Pues esto: "Confieso que Zapatero me descompone. He vivido en muchos países, he estado sometido a muchos regímenes políticos, democráticos, no democráticos, monarquías, repúblicas, imperios, dictaduras, de todo, y jamás he visto a un jefe de gobierno tan malo como Zapatero". ¿Algún motivo en concreto? Pues todos estos: "Entre otros muchos reproches que le dirijo, está esa responsabilidad de haber vuelto a sacar el espíritu de la Guerra Civil (...) con la Ley de la Memoria Histórica y todas estas mandangas... Eso en un país como España es peligrosísimo y, efectivamente, la Historia le pasará factura, porque si echas un vistazo alrededor, verás que las mismas líneas de fuerza que provocaron la Guerra Civil están otra vez en la calle: los separatismos, las autonomías, la cuestión contra la Iglesia, la educación, la libertad de enseñanza, el matrimonio de los homosexuales...". Pero claro, qué se puede esperar de un partido, como el socialista, que tuvo en 2008 los votos que tuvo: "Los votos que el PSOE ha conseguido en estas elecciones corresponden a un electorado compuesto por viejecitos que no tienen vista, parados y gente del campo, y la gente más culta y más informada ha votado mayoritariamente al PP".

Decididamente, y aunque parecía desprenderse con cierta facilidad de lo aquí contado, Sánchez Dragó se sincera: "No puedo ser de izquierdas porque es una secta del cristianismo, ya que recoge la más delirante idea que jamás se haya formulado: el igualitarismo". Es decir: "¿En pie los parias de la tierra? ¡Pues anda, que si sucediera eso, estábamos aviados! Son los ricos quienes crean prosperidad, progreso, circulación de la riqueza, renta per cápita, puestos de trabajo, justicia social y bienes culturales. Fuera del capitalismo, rectamente interpretado, no existe salvación para nadie ni sin mercado libre hay libertad que valga. ¿Leña, para salir de apuros, a las rentas altas? No, no. Deberíamos, por el contrario, bajar los impuestos a quienes ganan o tienen mucho para que mejore la condición de quienes no están en ese caso. Los ricos, por su laboriosidad, perspicacia y espíritu de iniciativa, merecen un premio; los pobres, un castigo fiscal, ligero, para que espabilen. Eso es lo que la lógica sugiere. El resto es buenismo socialistón: engañabobos".

¿Algunas otras opiniones relacionadas con la política? Pues por ejemplo lo que piensa sobre la inmigración: "Cerrojazo, o pereceremos como pereció Roma. Sobran la mitad de los que han entrado". Las cosas que odia: "Los mil y un controles del putisocialismo, Zapatero, los turistas, los coches, los bancos, los Estados Unidos, España y Europa". También Europa, sí y su correlato en la moneda, el euro: "La misma que devora al monstruo en cuyo esfínter nos introdujimos hace un cuarto de siglo sin vaselina. Éramos el culo de Europa, y lo seguimos siendo. El euro es un cáncer de recto y metástasis generalizada". Y, por fin, también odia a las ONG: "Pijos, caraduras, gilipollas y gorrones (...) Pijos, porque basta verlos, saber quiénes son sus papis y pasar lista a los enchufes de los que viven. Caraduras, porque jeta de granito hay que tener para asegurar que es la misericordia -solidaridad, la llaman. Jerga progre- lo que los mueve (...) Gilipollas, porque lo es en grado sumo todo el que piense que con unos cuantos camiones cargados de alubias, chocolatinas y preservativos va a sacar de apuros a millones de personas gobernadas por sinvergüenzas" (...) "Tres cuartas partes, como mínimo, del dinero recaudado por las oenegés laicas van a parar al pozo de los gastos de gestión y al sumidero de la corrupción (...) ¿Es que no hay aquí pobres sin intermediarios a la vuelta de cualquier esquina?".

Los cornetas del Apocalipsis, de José María Izquierdo. Ilustraciones de Tomás Ondarra. Editorial Hoja del Monte. Precio 20 euros. Se publica el 15 de diciembre de 2010. Los cornetas del Apocalipsis, de José María Izquierdo. Ilustraciones de Tomás Ondarra. Editorial Hoja del Monte. Precio:

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2010