Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Espionaje chino al Dalai Lama, Gobiernos y empresas

El ataque informático lanzado contra Google es el episodio más importante de una amplia trama de ciberespionaje dirigida contra objetivos políticos e industriales sobre la que los cables de la diplomacia estadounidense arrojan luz. En ese panorama destacan la ofensiva llamada Byzantine Hades -un complejo programa de incursiones en los sistemas informáticos de la Administración estadounidense, empresas del sector de la Defensa y otros Gobiernos- y las infiltraciones en ordenadores de las oficinas del Dalai Lama para espiar las actividades del líder tibetano.

A finales de septiembre de 2008, representantes de un grupo de países occidentales se reúnen en Alemania para discutir el fenómeno. Todos, según el cable que relata el encuentro, coinciden en describir ataques de ciberespionaje con las mismas características y en manifestar la convicción de que los atacantes son chinos, "potencialmente asociados con el Gobierno de Pekín". Las incursiones, dice el representante alemán, afectan a intereses industriales, militares, políticos y culturales.

Los cables secretos atestiguan el gran esfuerzo de EE UU para descubrir la fuente de los ataques. Uno de los despachos, por ejemplo, relata en marzo de 2009 el hallazgo de una conexión entre la ofensiva Byzantine y el jefe de un grupo hacker chino.

El dato tiene interés porque Washington sospecha que el Gobierno de Pekín utiliza hackers para espionaje de Estado. Así, por ejemplo, EE UU investiga la extraña evolución de la empresa china TOPSEC, aparentemente privada. En realidad, TOPSEC goza de capitales públicos, y a la vez emplea hackers y entrena a militares.

En otra ocasión, los estadounidenses notan que las direcciones desde las que se lanzó una oleada de ataques contra objetivos tibetanos en 2008 son las mismas que, en 2009, un grupo de investigadores canadienses considera responsables de una infiltración en el sistema informático de la oficina del Dalai Lama. Los servicios de Washington descubren también un elemento de conexión entre esas direcciones y una unidad de investigación del Ejército chino, todas afincadas en una zona concreta de la ciudad de Chengdu. Las pruebas, sin embargo, no son irrefutables, según señala el mismo cable.

Pero el goteo es constante y los indicios apuntan a una sola dirección. En junio de 2009, por ejemplo, la diplomacia de EE UU detecta un ataque durante las negociaciones con China sobre cambio climático, dirigido a funcionarios que se ocupaban del tema. Las sospechas vuelven a señalar a Pekín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de diciembre de 2010

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >