Análisis:Análisis
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Escobas

La cumbre del presidente Zapatero con el Ñ-37, los más relevantes líderes empresariales del país, fue cubierta por los medios exactamente igual que un Consejo de Ministros. Retratos de llegada, escalinata, posado al vuelo y apenas unas tomas de la disposición en la mesa en U durante los minutos de distensión. Parecía una merienda de primera comunión, eso sí, el niño que la protagonizara ya podía contar con los mejores regalos del mercado y un buen puesto de contable cuando terminara los estudios. No se permitió la retransmisión del acto, pero habría tenido su interés, no tanto por los discursos apocalípticos que hablan de última cena, pero sí por el interés general de lo que se hablara en aquella reunión.

Las crónicas retratan un clima de sinceridad y preocupación. Un llamamiento a la unidad y el esfuerzo conjunto. Bienvenida sea una inyección de responsabilidad. Pero lo que llama la atención es la conclusión práctica del asunto. A grandes rasgos, lo que las grandes firmas le piden al Gobierno es que rebaje algún arancel y prosiga con sus reformas laborales y de pensiones, a ser posible con ritmo urgente y con unidad de acción entre los políticos.

Algunos esperaban que en una reunión donde se daban cita grandes bancos y grandes constructoras también se entonara una disculpa, una autocrítica por el uso que le dieron al ciclo de crecimiento económico español. Del mundo audiovisual estaban representados Telefónica, Telecinco y Antena 3, pero tampoco de ellos salió un mínimo propósito de enmienda o el reto de incentivar a una ciudadanía que cada vez sospecha más seriamente que se ha equivocado de tiempo y de lugar para tener hijos, reformar la cocina o gozar finalmente de los ahorros del abuelo.

Deducir que en un nuevo marco laboral y con reformas en las pensiones reemprendemos el camino correcto es como atajar una infección de legionela exigiéndole a la gente que no respire en lugar de higienizar las torres de refrigeración. Visto el rescate irlandés, donde una vez más el patrimonio del país y el esfuerzo salarial de los trabajadores costearán las apuestas desmadradas del mundo financiero, empieza a ser evidente que la única reforma que algunos conocen es la del cilicio ajeno. Treinta y siete escobas barriendo para casa son muchas escobas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 30 de noviembre de 2010.

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