Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La falta de personal permitió al celador tapar sus crímenes

El asesino confeso de ancianas de Olot actuaba con "total impunidad"

La falta de médicos y enfermeros durante las noches de fin de semana y los festivos permitió al celador de Olot (Girona), Joan Vila Dilmé, tapar sus crímenes, según consta en las diligencias policiales. Vila Dilmé es el asesino confeso de tres octogenarias, a las que mató dándoles de beber lejía en la residencia La Caritat. El juez ordenó el viernes la exhumación de ocho cadáveres más.

"Joan Vila aprovecha que en los festivos y fines de semana, a la hora de encamar a los residentes, no hay en el centro ninguna enfermera ni médico", recoge el informe policial. Según el documento, esa ausencia le permitía "llevar la voz cantante" y actuar "con total impunidad, y disponiendo siempre de tiempo suficiente para garantizar la muerte de la víctima sin ninguna asistencia con cualificación médica".

El abogado de la residencia La Caritat, Joan Cañada, admitió que Vila se valía de "momentos de tranquilidad en el centro" y que tenía bajo su responsabilidad "algunos internos". Cañada esgrimió que no era "ni jefe de planta ni supervisor".

Durante el día, en los fines de semana y festivos, la residencia tampoco contaba siempre con con la presencia de un médico. "Pero se le llamaba si había algún problema y acudía", insistió Cañada, que no pudo asegurar que por las noches no hubiese enfermeras.

El episodio de vómitos causado por la intoxicación que llevó a Paquita Gironès a la muerte ocurrió en la noche del domingo, 17 de octubre. Vila ha confesado que le suministró lejía. Según las declaraciones ante la policía de varias trabajadoras, el celador trató de evitar su traslado a un hospital. "No hace falta que aviséis a una ambulancia, que se está muriendo", asegura el atestado que dijo el hombre.

Los Mossos d'Esquadra afirman que Vila quería que Gironès muriese en la residencia "para poder certificar la muerte natural". El fallecimiento de Gironès desencadenó la investigación y la posterior confesión de dos asesinatos más de Vila.

Además, el juez asegura que "se avisa a los facultativos médicos por teléfono" sin que conste "en ningún otro lugar" que que los que firman el deceso "observaran los cadáveres", según el auto en el que ordena ocho exhumaciones más. Cañada lo niega y lamenta que el magistrado no haya citado a declarar a la médica del centro.

Durante el lustro en el que el celador ejerció en La Caritat murieron 59 personas. De ellas, 27 ocurrieron en fin de semana y festivos. En el último año, de las 15 muertes, 12 se produjeron cuando él trabajaba.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de noviembre de 2010