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Crónica:MUNDIAL DE F-1 | Un título para el mejor equipo

"Estoy vacío"

Vettel, que pensó en buscar su puesto en las pantallas gigantes, no se supo ganador hasta la meta

Si Red Bull tenía tanto interés en que fuera Sebastian Vettel y no Mark Webber quien se proclamara campeón es porque el alemán es la razón de ser de la marca. El mensaje que pretende transmitir la compañía de los dos búfalos se explicará a partir de ahora a través de la trayectoria deportiva del germano desde que era un retaco que se batía en el karting como uno más y hasta ayer, en Abu Dabi, cuando se erigió como el campeón del mundo más precoz. Vettel es parte de Red Bull y su corona, por sí sola, ya justifica el pastizal que Dietrich Mateschitz, el propietario, ha tenido que soltar durante los últimos 10 años para enarbolar el Junior Team, su plataforma de lanzamiento de jóvenes pilotos.

"Me preguntaba por qué mi ingeniero estaba tan nervioso", confiesa el alemán "Solo he sido líder

Su filosofía no es otra que la que pregona el eslogan de sus latas de refresco: "Únete a nosotros y te daremos alas. Si aceptas, te ayudaremos, generaremos las oportunidades que necesitas para crecer, reivindicarte y demostrar todo el talento que llevas dentro". Los objetivos no son seleccionados de forma aleatoria y es el departamento de patrocinio quien va a por ellos y no al revés. Todo aquel que luzca una de sus gorras (no del equipo de F-1) se la habrá tenido que ganar antes y lo mismo ocurre con las camisetas y la mercadotecnia. La política de patrocinio es monolítica: nada de unirse a figuras o instituciones ya consagradas; mucho mejor hacerlo con alguien desconocido y sin demasiados recursos y llevarlo volando hasta la cima como ayer constató Vettel, el segundo alemán, tras Michael Schumacher, en coronarse.

Nada más concluir la carrera, Red Bull cerró el círculo. En ese momento, el ingeniero Guillaume Roquelin se puso en contacto con Vettel, que acababa de ganar su quinta prueba del año: "¡Sebastian, eres el nuevo campeón!". La respuesta que Rocky obtuvo del otro lado de las ondas no fue más que sollozos. Según reconoció luego Vettel, hasta ese preciso momento no supo que la carambola que el día anterior no podía ni llegar a imaginar se acababa de producir.

"No sabía nada. Durante las últimas 10 vueltas me lo pregunté y estuve tentado de mirar las pantallas gigantes, pero mi ingeniero me estaba dando mucha información, 'vigila esto, sigue así', para que llevara el coche a casa. Me preguntaba por qué Rocky estaba tan nervioso", reveló Vettel. "En ese momento pensé que la cosa debía de ir bien, que seguramente ocupaba una buena posición. Luego me dijo que todo estaba bien, pero yo no sabía a qué se refería. Me he concentrado en mí y en conducir y, cuando todo ha terminado, me ha gritado que era el nuevo campeón", relató con voz entrecortada. "Gracias, gracias a todos los que me ayudan", repetía; "no sé qué se supone que tengo que decir en un momento así. Estoy vacío. He seguido la F-1 desde niño y estar en la misma lista que Ayrton Senna, Schumi o estos dos chicos...", dijo señalando a Hamilton y Button, sentados a su lado. "Ha sido una temporada muy dura para todo el equipo, tanto en el plano físico como en el mental, pero en todo momento hemos creído en nosotros, en el coche, y yo, personalmente, en mi pilotaje", añadió. "Sabía que mis posibilidades pasaban por ganar y necesitaba sacar lo mejor de mí", explicó Vettel, que se refirió al duelo que ha mantenido con Fernando Alonso y especialmente con Mark Webber, su vecino de taller: "Ha sido una lucha muy dura. No sé cuántas veces ha cambiado el líder del campeonato (nueve). Yo solo lo he sido una vez, pero la más importante. Ha habido de todo. Momentos en los que pensabas que Ferrari estaba mal y de repente volvía, y lo mismo con McLaren", prosiguió el germano, que agradeció a Petrov que hiciera de muro ante el español: "Espero que esté por aquí en 2011. Tengo que darle las gracias aunque sea de forma indirecta".

Sentado a su lado estaba Hamilton, que hace dos años pasó por lo mismo que él vivió ayer. "Cuando Lewis consiguió el título [siendo el más joven en lograrlo], me pregunté si alguien podría proclamarse campeón antes que él, pero los récords están para romperse", zanjó Vettel, el campeón más joven, con 23 años.

Al final, todo el jaleo acerca de las órdenes de equipo quedó en nada y Red Bull se llevó el título sin necesidad de recurrir a ellas. Christian Horner, el jefe, el hombre que debía ser el encargado de darlas, se permitió el lujo de asegurar que, de haberlo necesitado, Vettel se habría dejado adelantar por Webber. "No tengo ninguna duda, aunque yo nunca le habría llegado a decir que se dejara adelantar. Seb es un hombre de equipo y, de haber estado en esa situación, estoy seguro de que habría hecho lo mejor para la escudería", esgrimió el director de Red Bull, que, nada más concluir, se fundió en un abrazo con Adrian Newey, el responsable de diseño y el ingeniero que proyectó el RB6, el bólido más eficaz de la parrilla. "Sebastian tenía que ganar la carrera, pero a partir de ahí se han producido cosas inesperadas que nos han dado el título", sentenció Newey. Michael Schumacher elogió al campeón: "Soy feliz por él. Somos amigos y ha vivido un año muy duro. Ha tenido buenos y malos momentos, más por los problemas mecánicos que por sus cualidades de pilotaje".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de noviembre de 2010