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COLUMNA

Crisis y desequilibrios

Tener fiebre no es una enfermedad, es un síntoma externo de que algo malo pasa en nuestro cuerpo. A veces es consecuencia de una agresión externa. Otras muchas es la manifestación de un desequilibrio interno. Combatir la fiebre es bueno y permite ir pasando, pero solamente combatiendo la enfermedad, es decir, atacando el desequilibrio se produce la curación y desaparecen los síntomas. Las crisis económicas, las enfermedades de la economía, también tienen sus síntomas y sus desequilibrios. Y es fundamental saber detectar y distinguir unos de otros para poder combatirlos adecuadamente.

La crisis de las economías catalana y española tiene dos grandes síntomas: uno interior, el paro, y otro exterior, el endeudamiento. Somos el país con mayor porcentaje de paro de la UE, y el país con el mayor endeudamiento per cápita del mundo. Hablo del país en su conjunto -empresas, familias, bancos, Administraciones- no del Gobierno, que es de los que tiene la deuda pública más baja de la UE. Mientras estos dos síntomas (índice de paro, grado de endeudamiento) no hayan vuelto a la normalidad, no se podrá hablar del final de la crisis. Por eso, la crisis será aún larga, pues conseguir reducir ambos a la vez es complejo, ya que se necesitan medidas contradictorias: hay que reanimar el consumo y, al tiempo, aumentar el ahorro. Con gran retraso hemos ido identificando y aceptando algunos de estos desequilibrios que hay que corregir. Comento siete de los que me parecen más importantes.

La parte de las rentas del trabajo en el PIB ha bajado casi 10 puntos y en su lugar se han incrementado las rentas del capital

1. Muchas familias han gastado e invertido mucho más que lo que han ingresado, como consecuencia de una excesiva facilidad de endeudarse a un interés bajo, unos plazos larguísimos y unas desgravaciones fiscales innecesarias. Esto ha contribuido, junto con la especulación, a hinchar el sector inmobiliario de forma imprudente.

2. Muchas empresas han invertido mucho más que los beneficios que han obtenido, a partir de la financiación bancaria, utilizando exageradamente el recurso al apalancamiento para la compra de otras empresas y para otros proyectos. En algunos sectores ahora es imposible retornar los créditos recibidos.

3. Muchas instituciones financieras han concedido muchos más créditos que depósitos han captado, y se han endeudado con la banca exterior para disponer de liquidez. Han actuado con rigor insuficiente al valorar el riesgo de sus operaciones de activo, sobre todo las relacionadas con el sector inmobiliario.

4. En muchos sectores de la economía ha crecido más el nivel de rentas salariales que la productividad, lo que, combinado con una inflación superior a la media de la UE, ha supuesto una continua pérdida de competitividad. Los sectores que permiten mayor productividad y competitividad no han ganado peso en el PIB.

5. Los avances importantes en los servicios públicos (educación, sanidad, seguridad social, dependencia) han situado globalmente el grado de nuestro Estado del bienestar a la altura de la media europea, mientras que la presión fiscal sigue por debajo de la existente en la UE (casi 10 puntos).

6. Se ha desequilibrado el reparto de la renta. Durante la bonanza, la riqueza del país ha aumentado mucho pero este crecimiento global ha ido acompañado de un incremento de la desigualdad. En este periodo, la parte de las rentas del trabajo en el PIB ha bajado casi 10 puntos y en su lugar se han incrementado las rentas del capital. Las modificaciones fiscales que han gravado mucho más las rentas del trabajo que las del capital han empeorado aún más este desequilibrio.

7. Muchas Administraciones públicas han utilizado ingresos extraordinarios esporádicos (derivados del boom inmobiliario) para dar servicios que suponen un gasto recurrente, con lo que han desequilibrado los presupuestos futuros.

No son los únicos, pero todos ellos están en el origen de nuestra crisis actual. Las medidas de los primeros 15 meses ayudaron a controlar los síntomas y a evitar males mayores, pero ahora es necesario entender que precisamos algunas reformas, sin las que no saldremos de la enfermedad y no volveremos a una normalidad sostenible. Reforma laboral, reforma fiscal, reforma de la Seguridad Social, reforma financiera, por lo menos. Es imprescindible tomar conciencia de esta necesidad de ajuste y de que este se debe hacer soportando su carga entre todos, y no solo por algunos sectores, precisamente los más débiles.

Joan Majó es ingeniero y ex ministro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de noviembre de 2010