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Reportaje:

Un laberinto único en Europa

El parque de Belvís en Santiago estrena el primer dédalo de camelios del continente, y el color de las flores será una incógnita hasta finales de invierno

El color de las camelias seguirá siendo un misterio hasta la primavera que viene. Entre febrero y mayo, dependiendo de qué variedad se trate, los 1.700 arbustos que llegaron en camión desde Arzúa, sin etiquetar por lo masivo del pedido, despejaran las dudas de Luis Incera, el técnico de Cespa responsable de los jardines compostelanos. Él hubiera preferido mantener una cierta uniformidad en los tonos: Ya que en realidad no es uno, sino tres los laberintos, pues por ejemplo que cada cual floreciese de un color. Pero ahora la suerte está echada. Durante dos meses han trabajado en el parque de Belvís cinco jardineros, sobre una plantilla sacada de Internet, de la página de pasatiempos de un diario. Había publicado un laberinto que les gustó, de ésos del ratón que busca un queso emmental, con un punto de partida y una única salida, y ellos lo modificaron hasta abrirle cuatro puertas y hacerlo "menos agobiante", que aquella es zona de colegios y los niños podrían terminar "pasándolo mal". El resultado es un conjunto de tres laberintos idénticos que ocupan en total una superficie de 4.000 metros cuadrados y alcanzan, por el momento, una altura de 1,70 metros que será de 1,80 cuando los camelios medren hasta la talla prevista. Lo suficiente para que el gallego medio se interne y se pierda.

Una tubería de seis kilómetros recorre los pasillos para regar los arbustos

Los jardineros ya han rescatado a varios visitantes incapaces de salir

Fue el Ayuntamiento el que decidió reemplazar por camelios la caña de bambú que ocupaba aquel terreno y que también aspiraba a convertirse en laberinto en el año 2003. Nunca llegó a buen puerto aquel proyecto, y la construcción de un colector de pluviales de la Confederación Hidrográfica acabó poniéndolo todo patas arriba. OHL, la empresa adjudicataria de esta obra, tendrá que pagar ahora el único laberinto de camelios de Europa, o al menos el primero del que tiene noticia Cespa. "En España es el único seguro", comenta Incera, "y en Europa, la camelia no se cultiva como en Galicia. El arbusto llegó a las Rías Baixas desde Oriente a través de Inglaterra, que empezó importando una variedad, la silensis, de la que se obtiene el té, pero en las Islas Británicas solo se da en invernadero".

En la provincia de Pontevedra, a orillas del Miño, hay un alcalde eterno que alberga desde hace años el sueño de inaugurar el mayor jardín de camelias del planeta, con un ejemplar de todas las variedades conocidas, pero dédalos de camelios, en Galicia, no hay ninguno. Hay un laberinto de boj de escasa altura en el pazo de Oca, otro en el monte coruñés de San Pedro, y otro más, de tullas, en el Pasatiempo de Betanzos.

El de Santiago (que entrará a formar parte del roteiro verde que desde noviembre se podrá recorrer con señales y varios itinerarios de hasta 19 kilómetros por todos los parques de la ciudad) ha salido bastante más caro. Sólo los camelios, una partida descomunal que sirvieron al Ayuntamiento los Viveros Denoy, de Santo Estevo do Campo (Arzúa), especializados en este cultivo, y en azaleas y rododendros, han costado 90.000 euros. Pero a esto hay que sumar el coste del sistema de riego, que en un laberinto con firme sembrado de césped no puede ser por aspersión, sino por goteo subterráneo. Para dar de beber a los tres laberintos ha habido que enterrar una tubería con goteros de seis kilómetros de largo que lo recorre todo y raciona el líquido cada 35 centímetros. El responsable del proyecto echa cuentas y calcula que "el precio final del ajardinamiento rondará, en conjunto, los 140.000 euros".

Pero lo que más sorprende de este nuevo equipamiento del parque de Belvís, en el que también cultivan huertas urbanas adjudicadas por sorteo los vecinos, es que, al menos de momento y con la obra terminada (tanto que alguno de los camelios ya ha tenido tiempo de secarse), no hay prevista ninguna inauguración oficial. En lugar de los políticos, han sido los ciudadanos de todas las tallas quienes han entrado directamente a perderse por los enredados pasillos en cuanto descubrieron la diversión. De momento, como de día siguen trabajando, son los propios jardineros quienes se encargan de rescatar a alguno que entra confiado y termina pidiendo auxilio porque no da salido. Los trabajadores también se han encontrado ya alguna jeringuilla en el suelo. Algunas madres que no son capaces de retener a sus hijos a la entrada terminan llamándolos a gritos, maldiciendo el lugar y prometiéndose que no van a volver a dejarles jugar allí. "Me da miedo que esté esperándoles dentro cualquier degenerado", comenta una que acaba de perder, a plena luz del día, en los enredosos vericuetos a un nino y una niña uniformados.

"Es un candidato perfecto para el botellón", lamenta Incera. "Está visto que al final el Ayuntamiento va a tener que cerrar el acceso por las noches". "Una mañana llegamos a trabajar y encontramos a una pareja tal y como vino al mundo", cuenta sonriente uno de los jardineros. "Estaban tan ocupados que no se dieron cuenta de que pasamos a su lado. ¡Ni se enteraban del frío que hacía!"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de octubre de 2010