Columna
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Un millón de pobres y cinco ministros

Uno solo se deprime por falta de imaginación, y esa es una de las conclusiones a las que podrían haber llegado los asistentes al congreso sobre la felicidad que se ha celebrado en Madrid ayer y antes de ayer, y del que Juan Urbano salió igual que había entrado, absolutamente optéptico, que es la palabra de pega que él usa en broma para explicar su carácter paradójico, que es el de un optimista escéptico, alguien que sabe que, a pesar de todo, la alegría siempre merece la pena.

Mientras los filósofos le daban vueltas con sus cucharas a la felicidad, el presidente del Gobierno se la daba a sus ministerios; y aunque como es un buen lector de poesía sabrá que "no se sostiene la seda con cemento", como dijo el poeta Vicente Núñez en uno de sus Sofismas, esperamos que nos vaya a todos bien con esos trabajos de apuntalamiento. El camión de mudanzas que en el mundo de la política siempre está aparcado detrás del coche oficial se lleva a Trinidad Jiménez a Exteriores, y si lo hace ahí tan rematadamente bien como lo ha hecho en Sanidad, al final nos alegraremos mucho de que no haya salido candidata a presidenta de la Comunidad de Madrid.

Ahora ya solo falta que el cambio de ministros coincida con un cambio de política

Todo lo vertical amenaza ruina, y por eso vivir consiste en mantener el equilibrio; de manera que si las goteras del palacio de la Moncloa se arreglan, tal vez la crisis se atenuará, el horizonte volverá a ponerse recto y la angustia irá pasando. "La felicidad es la ausencia del miedo", dijo Eduard Punset en el congreso celebrado en Madrid, así que si dejamos de estar asustados, esto va a ser una juerga: imagínense, si en la situación que vivimos, cuando según un informe de la UGT, recién presentado en sociedad, solo en Madrid hay un millón de personas que viven al borde de la pobreza y sufre un grave riesgo de exclusión social; si en esas circunstancias el 58% de los españoles se consideran personas felices, es que este país es tan estupendo como Juan Urbano y yo siempre decimos que lo es. Y va a ser aún mejor si a nuestra vocación de felicidad, como la llamaba Jaime Gil de Biedma, y a esa ausencia de miedo de la que habla Punset, le sumamos la ausencia de Díaz Ferrán de la patronal, puesto que no se va a presentar a la reelección, y menos después de que el presidente de la CEIM dijese que necesitaban como jefe a "un empresario que haya pagado las nóminas".

Ahora ya solo falta que el cambio de ministros coincida con un cambio de política, para que empiecen a mermar las cifras que acaba de dar UGT-Madrid, que afirman que en el último año se han sumado al ejército de los pobres de nuestra Comunidad "alrededor de 200.000 personas". Si eso no desaparece, todo lo que se vea será mentira.

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