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Reportaje:La violencia en el fútbol

Italia contra Ivan el Terrible

Las autoridades italianas quieren procesar a Ivan Bogdanov, el cabecilla de los ultras serbios que obligaron a suspender el partido de Génova, por "tentativa de atentado"

El ministro del Interior italiano, Roberto Maroni, señaló ayer que su país procesará por "tentativa de atentado" a Ivan Bogdanov, el vándalo serbio de 30 años que dirigió el martes la guerrilla vivida en Génova antes, durante y después del Italia-Serbia de clasificación para el Europeo de 2012.

Desde la cárcel, Bogdanov pidió perdón a Italia y a los italianos a través de su abogado. Ivan el Terrible, como le han bautizado los medios italianos, explicó que la protesta violenta iba dirigida contra el portero serbio Vladimir Stojkovic, al que los ultras acusan de "alta traición" por haber cambiado el Estrella Roja por su eterno rival, el Partizán, y por los tres goles encajados en un partido anterior con Estonia. "En ningún caso la protesta fue contra los italianos ni intentaba perjudicar a un país que me gusta mucho", explicó Bogdanov.

Italia achaca los disturbios a que Serbia no le informó de la llegada de "criminales"

"La protesta no fue contra los italianos", se excusó el ultra Bogdanov en la cárcel

El abogado negó además que su defendido, uno de los líderes de la afición ultra del Estrella Roja, tenga nada que ver con ŽZeljko Raznatovic, Arkan, el antiguo líder del grupo de seguidores y conocido criminal de la guerra de los Balcanes, asesinado en 2000 de un disparo en el ojo en un hotel de la capital serbia. La milicia de los Tigres de Arkan, que cometió innumerables crímenes étnicos comandada por Raznatovic, tomó el nombre de los seguidores radicales del equipo rojiblanco, aclaró el letrado, pero ahora ese sector se llama simplemente Ultras Boys.

Mientras Bogdanov pasaba su segunda noche entre rejas en Pontedecimo (Génova), las autoridades del país ex yugoslavo detenían a otros 19 aficionados violentos a la llegada de los autobuses a la frontera, con lo que el balance de arrestados aumentó a 36. Tras los violentos desórdenes, la policía italiana identificó a 138 personas, pero solo detuvo a 17.

El viaje de vuelta de los violentos hasta la frontera eslovena fue rápido: las autoridades italianas prohibieron a los autocares parar en territorio nacional.

Los disturbios siguen siendo un gran problema político para el ministro Roberto Maroni, que ayer despreció las críticas de la oposición, volvió a declinar toda responsabilidad en los incidentes y exculpó a las fuerzas del orden y los servicios de inteligencia de su país. Obviando que los serbios entraron al campo con todo tipo de objetos peligrosos, Maroni insistió en que el error de base no fue italiano, sino de "los servicios secretos serbios, que minusvaloraron" la peligrosidad y el número de los aficionados que iban a viajar a Génova. "El 8 de octubre nos comunicaron que vendrían un centenar de radicales, divididos en dos grupos. Si nos hubieran dicho que venían bandas de criminales habríamos actuado de otra forma", explicó Maroni, que recalcó que solo gracias a la sangre fría de la policía no hubo muertos y heridos.

El ministro de Exteriores italiano, Franco Frattini, también echó balones fuera y achacó los incidentes a un "defecto de comunicación" entre Serbia e Italia. Hay casos límite, explicó, en los que el Espacio Schengen, para la libre circulación de personas, se puede suspender temporalmente. "Pero nadie habría podido imaginar", dijo, "salvo que nos hubieran dado una información mejor, que por una simple partido de fútbol internacional hubiera que aplicar esa norma".

Dirigente de la Liga Norte, Roberto Maroni ha sido muy criticado por los grupos violentos italianos por haber instituido el carné del aficionado, que obliga a los radicales a ser fichados para poder desplazarse con sus equipos a otras ciudades.

La federación serbia está a la espera de la sanción por parte de la UEFA, que se tomará el próximo 28 de octubre y que podría pasar por la pérdida del encuentro ante Italia, además de la correspondiente sanción económica y una posible exclusión temporal de Serbia de las competiciones europeas. El último precedente de sanción de la UEFA se produjo en el Atlético de Madrid-Olympique de Marsella de Liga de Campeones en 2008. El organismo europeo cerró por dos partidos el estadio Vicente Calderón -aunque el Comité de Apelación rebajó la sanción a un partido a puerta cerrada-, por los incidentes entre los ultras franceses y las fuerzas de seguridad. La UEFA también impuso al club español una multa de 150.000 euros, por la deficiente organización del partido y por la conducta antideportiva e impropia de sus aficionados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de octubre de 2010