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Crítica:

Internacional 'transgen'

Se cuenta que Louise Michel, a quien algunos llamaron la Pasionaria de la Comuna de París, gustaba vestirse con ropas masculinas para exteriorizar su furia feminista. En Louise-Michel, tercer largo del tándem Gustave de Kervern & Benoît Delépine, ganador del premio al mejor guión en el Festival de San Sebastián de 2008, la memoria del icono anarquista muta en dos figuras grotescas, definidas a través de una identidad transgenérica: Louise (Yolande Moreau) es un ex presidiario que ha adoptado una identidad femenina para conseguir trabajo; Michel (Bouli Lanners) es una mujer transexual que se ha convertido en desastrado vigilante de seguridad. Los dos se convierten en la extraña pareja unida por un peculiar contrato clandestino: el/la primer@ solicita los servicios del/a segund@ como asesino a sueldo para que extermine al jefe que cerró la fábrica textil donde trabajaba. Louise-Michel es una comedia negra que aboga por una grotesca supervivencia de la acción directa en el posapocalipsis de la lucha de clases. Una película a contracorriente que, como señala Lourdes Monterrubio en Cahiers du Cinéma, intenta cumplir el sueño bretoniano de reflejar el surrealismo "en el negro espejo del anarquismo".

LOUISE-MICHEL

Dirección: Gustave de Kervern y Benoît Delepine.

Intérpretes: Yolande Moreau, Bouli Lanners, Benoît Poelvoorde.

Género: comedia. Francia, 2008. Duración: 94 minutos.

La película se abre, literalmente, con el entierro simbólico de la lucha de clases en plena era de una deshumanizada eficacia visiblemente ineficaz: un funeral torpe a los sones de una Internacional low-fi. En el cine de Kervern y Delépine se dan la mano la poética proletaria de Kaurismäki y la abstracción cómica de Jacques Tati. La mala baba ideológica de Louise-Michel no debería relegar a un segundo plano la altísima sofisticación de la estrategia que aplican los cineastas a los mecanismos tradicionales de la comedia: una caligrafía de planos fijos y encuadres cuidadosamente diseñados para el extrañamiento y el desconcierto del espectador. Un planteamiento cercano al poshumor que lleva los hallazgos visionarios de Tati a un territorio donde la risa parece haber sido encerrada en la nevera de un forense. En Louise-Michel humor y compromiso son dos formas de una misma lucha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de octubre de 2010