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Reportaje:PERSONAJE

La notaria del Himalaya

Elizabeth Hawley tiene 86 años, nunca ha subido a una montaña, pero su palabra es ley cuando se trata de certificar el ascenso a las cumbres más altas del planeta. De ella depende ahora sentenciar la última polémica: quién ha sido la primera mujer en coronar los 14 ochomiles

Podría ser el personaje de una novela de Agatha Christie. O una apacible abuelita que hace punto en un hogar de jubilados cualquiera mientras espera la hora del té. Pero es la mujer que más sabe de montañismo en el mundo, de montañismo de primera fila, de ese que se juega entre los 7.000 y 8.848 metros de altitud en las cimas del Himalaya. Del alpinismo más extremo y difícil que existe. Y su palabra en este campo es la ley. Solo que ella en su vida ha subido a una montaña.

Se llama Elizabeth Hawley, está a punto de cumplir 87 años y aunque es norteamericana de nacimiento vive desde 1960 en Nepal. En las últimas semanas el nombre de Hawley ha vuelto a las páginas de los periódicos a raíz de la carrera entre dos experimentadas montañeras, la española Edurne Pasaban y la coreana Oh Eun-Sun, por ser la primera mujer que escalaba las 14 cimas de más de 8.000 metros del planeta. En un principio, el honor se lo llevó la asiática por apenas unas semanas de diferencia. Pero existían dudas sobre si Miss Oh había llegado o no un año antes a la cima del Kangchenjunga, recelos que no han hecho más que aumentar en los últimos días a raíz de que la propia Federación Coreana de Alpinismo (KAF), asesorada por los más veteranos alpinistas de ese país, llegara a la conclusión de que en efecto Miss Oh no alcanzó la cumbre de ese ochomil. La polémica ha hecho que todas las miradas se volvieran de nuevo hacia esta venerable anciana, conocida también como la notaria del Himalaya o la Dama de Hierro, que con la laboriosidad de una hormiga y la tenacidad del santo Job lleva desde hace 30 años una estadística de todas y cada una de las ascensiones a los grandes picos del Himalaya y es capaz de certificar si una expedición hizo cumbre en una cima o no llegó a pisarla. Y todo, sin haber estado nunca allí arriba.

Hawley lleva desde hace 30 años una estadística de cada una de las ascensionesal Himalaya

"Nos preguntábamos: '¿Qué hace esta señora aquí?, ¿por qué nos pregunta tanto?", dice Carlos Soria

"Nunca he querido subir allí arriba. Soy demasiado perezosa, me gusta dormir todas las noches en una cama y comer caliente"

Pero más allá de la polémica entre Pasaban y Miss Oh -Liz Hawley ha dicho que de momento mantendrá en su base de datos como "disputed" (disputada) esa cima para la coreana, sin entrar en más valoraciones lo verdaderamente apasionante de este caso está en el personaje en sí, en la historia de esta anciana menuda y frágil a la que rudos/as y curtidos/as ochomilistas de todo el mundo (los hombres y mujeres más fuertes física y mentalmente del planeta) guardan un respeto casi reverencial.

Elizabeth Hawley nació el 9 de noviembre de 1923 en Chicago (EE UU). Estudió Historia en la Universidad de Michigan, pero nunca ejerció como tal. Se inclinó hacia el periodismo y en 1946 empezó a trabajar en la revista Fortune, en Nueva York. Allí estuvo hasta 1957, cuando se dio cuenta de que la redacción era un mundo demasiado pequeño para ella. Renunció a su puesto fijo y se marchó a recorrer mundo. En 1960 recaló en Katmandú, la capital de Nepal, con un contrato a tiempo parcial como corresponsal de la revista Time-Life y otro contrato de colaboración de la agencia Reuters.

Desde allí debía de mandar crónicas políticas, económicas y sociales y, de vez en cuando, también de gestas montañeras. El Everest había sido escalado por primera vez hacía solo siete años y empezaba la era dorada del himalayismo. Poco a poco Hawley se introdujo en los círculos de montañeros de primer orden, se hizo íntima amiga de Edmund Hillary (la primera persona en subir al Everest) y en apenas tres años se había convertido en una referencia en el mundo de las expediciones al Himalaya.

Uno de los primeros españoles que la conoció fue Carlos Soria, el más veterano de nuestros alpinistas de élite (a sus 71 años ha escalado ocho cumbres de más de 8.000 metros y prepara una nueva ascensión al Manaslu, la octava cima del mundo, para este verano). Ocurrió en 1973, durante la primera expedición española a un ochomil: "Estuvimos mucho tiempo con ella, quedábamos a comer y nos preguntábamos: '¿Qué hace esta señora aquí?, ¿por qué nos hace tantas preguntas?'. Fantaseábamos con que era de la CIA y cosas así. Recuerdo que nos regaló hachís; del bueno, por cierto; eran otros tiempos, los tiempos de los hippies. Y nosotros algo exótico: los primeros españoles que aparecían por allí", recuerda Soria.

Hawley comenzó a mandar crónicas de alpinismo a Reuters y otras revistas especializadas en 1963 y en 1980, ante la ausencia de un registro oficial, empezó a anotar con una minuciosidad de monje benedictino todas y cada una de las expediciones que llegaban al Himalaya por el lado nepalí. Estableció un sistema de trabajo tan simple como efectivo que sigue empleando hoy día y que no tiene reparos en explicar a quien le pregunta: "Antes de que empiece la temporada me pongo en contacto con las agencias especializadas en senderismo y montañismo de Katmandú. El Gobierno nepalés exige que cada expedición esté representada por una agencia. De modo que les pregunto qué expediciones esperan y averiguo su fecha de llegada, en qué hoteles van a alojarse, etcétera. Cuando llegan, me reúno con el jefe y le pido que me dé datos biográficos básicos de cada miembro y que me diga cuáles son sus planes iniciales de escalada. Luego, cuando regresan, vuelvo a reunirme con ellos para saber qué han hecho -o qué dicen que han hecho y, con todo eso, elaboro mis crónicas".

La red de contactos, espías, amigos y confidentes que Miss Hawley ha creado en Katmandú la quisiera para sí cualquier servicio secreto del mundo. Nada que pase relacionado con la montaña se le escapa, si no lo detecta ella o sus colaboradores directos es alguno de sus muchos confidentes los que le avisan. Así lo confirma la propia Edurne Pasaban que mantiene una intensa relación con ella. De hecho, Miss Hawley le envió a Edurne un e-mail el pasado 29 de agosto comentándole la decisión de la Federación Coreana respecto a Miss Oh y en el que le reconocía: "Ciertamente lo siento por ella, pero parece que su única opción es volver y ascenderlo de nuevo (el Kangchenjunga) y regresar con un montón de fotos más reconocibles". Por supuesto, Pasaban fue a verla a Katmandú al regreso de su último ochomil, el Shisha Pangma (8.027 metros), con el que cerraba su carrera por los 14 mayores picos del planeta, para darle detalles de esa ascensión. "Eso es lo increíble, normalmente por no decir siempre que llego a Katmandú, cojo la llave de la habitación, abro la puerta y suena el teléfono: es ella, seguro, para pedirme una entrevista. No sé cómo, pero se entera de todo", explica la guipuzcoana.

Pese a que nunca ha visto siquiera el campo base del Everest (ni de ninguna otra cumbre) Miss Hawley es respetada en todos los ámbitos montañeros. La propia Edurne lo confirma: "Lo que dice ella, va a misa. Para todos los alpinistas su opinión es muy importante, aunque parezca raro, el que ella te confirme la cima es muy importante". Carlos Pauner, otro de los grandes escaladores españoles, compañero en muchas expediciones de Pasaban y con ocho ochomiles en su haber es de la misma opinión: "Su palabra es respetada porque como ella misma dice no es juez. Ella ofrece unos datos objetivos, mira aquí, mira allá y dice de los que no tiene dudas de que han hecho cumbre y de los que tiene dudas de que en realidad llegaran. Pero no dice que no hayan llegado. Para un montañero profesional no estar en la lista de Hawley es un problema". Es la postura que Hawley ha adoptado en el caso Miss Oh versus Pasaban. En un e-mail enviado a finales de agosto a la revista especializada en montaña Desnivel, asegura: "Acerca de quién fue la primera mujer en escalar los 14 ochomiles, no tengo una opinión para publicar. La Himalayan Database no juzga casos en disputa: solo recogemos lo que nos ha dicho la gente con conocimiento en esa situación".

Buena parte de "esa gente con conocimientos" son los sherpas, su mejor fuente de información, una comunidad con la que tiene una relación muy especial desde hace décadas, cuando empezó a colaborar con su gran amigo Edmund Hillary en el Himalayan Trust, la fundación que el primer hombre que pisó la cima del Everest creó para ayudar al desarrollo de las comunidades sherpas del Himalaya nepalí. De hecho, ella vive ahora en la casa de la fundación en Katmandú. Desde allí trabaja como ha hecho siempre: con papel y lápiz, sin prisas, tomándose todo el tiempo del mundo en entrevistar a todos los protagonistas de una historia.

"Eso es lo más fascinante del trabajo de Miss Hawley", confiesa Darío Rodríguez, director y fundador de Desnivel. "En un mundo donde Internet obliga a darlo todo al instante, donde hay mucha opinión pero poca información, donde muy pocos contrastan datos porque todo hay que darlo rápido, una anciana de 86 años, que funciona con las mismas fichas de papel de hace 40 años, que las rellena a mano, que actualiza su base de datos cada seis meses, que utiliza un sistema informativo tan arcaico que nadie entiende y que solo entra a Internet para saber qué día hicieron cumbre las expediciones y calcular así en qué fecha aproximada estarán de vuelta en Katmandú ¡es la referencia mundial! Debería servirnos para recapacitar y pensar hacia dónde se dirige el periodismo especializado de hoy".

Mientras tanto, miss Hawley sigue recorriendo Katmandú a bordo de su eterno Volkswagen escarabajo azul y su pelo cardado. En busca de expediciones a las que entrevistar. Con su carpetas, sus fichas de papel, su carácter irascible y explosivo (entrevistarla es todo un ejercicio de paciencia para cualquier periodista) y los recuerdos de haber conocido en la intimidad a los más grandes del alpinismo mundial, desde Edmund Hillary, a quien tuvo que darle la trágica noticia de que su mujer y su hija habían fallecido en una accidente de avión cuando venían a reunirse con él en Nepal, o a Reinhold Messner, a quien considera "el alpinista más importante" que ha conocido jamás.

Pero cuando se le pregunta si le gustaría escalar alguna de estas montañas su respuesta es taxativa: "No. Me encanta verlas, creo que son un paisaje maravilloso, pero no tengo ningún interés en subir. ¿Para qué? Soy demasiado perezosa, me gusta dormir todas las noches en una cama y tener comida caliente y variar de menú… Nunca quise ir allí arriba".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de octubre de 2010