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Han venido, pero no a robar

Datos y estudios desmienten al PP sobre los gitanos rumanos de Badalona - No reciben más ayudas ni aumenta la cifra de delitos

Difama, que algo queda. El dicho es práctica habitual en los discursos políticos dirigidos al adversario. Una manera de hacer política que el concejal del Partido Popular en Badalona, Xavier García Albiol, ha explotado con su discurso sobre los gitanos rumanos, con la participación de la presidenta del partido en Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, y la connivencia de la dirección. "Los gitanos rumanos han venido a robar", se desmarcó en verano Albiol. "Debemos garantizar que los españoles tengan los mismos derechos que los inmigrantes", añadió Camacho la semana pasada. Son tópicos que carecen de validez si se comparan con los datos.

En Cataluña, según estimaciones de la Fundación Secretariado Gitano, viven entre 2.500 y 3.000 gitanos rumanos, de un total de 96.488 inmigrantes de Rumania; se concentran en Badalona, Barcelona, y Santa Coloma de Gramenet. Según Teresa Sordé, experta en inmigración gitana del Grupo de Estudios de Inmigración y Minorías Étnicas, son menos los que sufren el tópico: "Hay un sector que lleva una vida normalizada". Sordé ha dirigido un estudio sobre la población gitana extranjera en España. "Cuando hablamos de la inmigración gitana en Cataluña, distinguimos tres perfiles: los músicos; los que no se pueden distinguir, de otros inmigrantes rumanos, y los que sí. Los de este grupo visten distinto, mantienen una fuerte estructura colectiva y se dedican a trabajos percibidos como de gitanos, como la venta ambulante en semáforos", abunda el estudio Gitanos rumanos: derribando muros.

"Huyen de una vida infrahumana en su país", afirma la Unión Romaní

Los romaníes huyen de Rumania por su situación. "Con la caída del comunismo y el auge de la economía de mercado ha habido un incremento brutal de las desigualdades y el racismo en Rumania hacia los rom", ilustra Luis Vila, mediador de la Fundación Secretariado Gitano. José Luis Ramírez Heredia, miembro del Consejo de Europa y presidente de la Unión Romaní, abunda: "Huyen de una situación infrahumana".

La llegada a Cataluña, que tuvo un auge en 2007, viene motivada por razones económicas. "Es una población que se ha ido moviendo por otras ciudades europeas; de base familiar, trabajan mucho en red y su objetivo es mejorar", apunta Sordé. El Proyecto Lungo Drom (Largo camino), para la integración de gitanos procedentes del Este, realizó en 2009 un trabajo sobre el colectivo. Basándose en entrevistas con 296 personas del arco mediterráneo español -de los 7.000 gitanos rumanos que viven en Cataluña, Valencia, Murcia y Andalucía-, el 88% intentó afincarse en España por motivos económicos. El estudio desmiente el tópico de que los inmigrantes tienen más ayudas que los españoles. Solo el 18% de hombres y el 30% de mujeres preguntados tuvieron ayudas al llegar. En el caso de Badalona, de las ayudas sociales municipales, entre el 12% y el 15% van destinadas a población foránea, porcentaje que coincide con el 14% de extranjeros que viven en el municipio.

Las Administraciones intentan que las familias se empadronen al llegar: sirve de control y da derecho a educación y sanidad. Pero es tarea pendiente: "La mayoría están en situación irregular", lamenta Ramírez Heredia. El desamparo hace que vivan donde puedan. El chabolismo casi no existe en Cataluña, pero la mayoría vive en pisos sobreocupados. "Las familias llegan y no tienen acceso al mercado de trabajo ni de la vivienda. Suelen alquilar mediante contratos dudosos con ciudadanos paquistaníes", apunta Luis Vila. En Badalona, quedan 45 pisos sobreocupados (en 2006 había 175). Todos en renta: "Los gitanos rumanos no ocupan pisos; siempre pagan", asegura Joaquim Ortilles, director del área de Gobierno del Ayuntamiento de Badalona.

Ortilles describe la situación en la ciudad, señalada con el dedo por el PP: "Es cierto que hay tensión, relacionada con pautas de conducta y utilización intensiva del espacio público, fruto de las condiciones de los pisos. Hay problemas, pero siempre los ha habido". El municipio, en el que según estimaciones de la Fundación Secretariado Gitano viven unos 300 gitanos rumanos (la población total es de 220.000, 1.053 rumanos) actúa sumando integración social e intervención policial para evitar conflictos. El principal problema es la convivencia: la ocupación del espacio público y la falta de hábitos de higiene, que disgusta a los vecinos. Rafael Crespo, antropólogo y coordinador de los proyectos del Consistorio relacionados con el colectivo, explica que se trabaja para cambiar hábitos. "Pero es lento", advierte. Santa Coloma tiene una política similar: conocerles y trabajar con los vecinos, cuenta Nico Villena, directora adjunta de Bienestar Social.

Los romaníes del Este tienen difícil trabajar. Recoger chatarra y la mendicidad son una salida habitual, lo que agudiza las molestias de los vecinos. El estudio de Lungo Drom indica que solo el 9,2% de los gitanos rumanos preguntados tenía permiso de trabajo. De estos, un tercio, empleo regular, en la construcción, el campo o como empleadas del hogar.

El pequeño hurto, coinciden las fuentes consultadas, es una salida para las situaciones desesperadas. Aunque, añaden, ni es mayoritario ni alarmante. "El nivel de delitos no es mayor que en otros momentos y lugares. Ocurre que le damos más relevancia", plantea Ortilles; Sordé apostilla: "No hay ninguna evidencia de que los gitanos rumanos vengan a robar. Forma parte del racismo, del tópico que liga delincuencia e inmigración". La Fiscalía de Barcelona, en su informe de 2009, apunta la presencia de gitanos rumanos menores en pequeños hurtos. Pero la situación mejora. Los delitos cometidos por rumanos -no hay datos por etnias- han bajado del 18,72% de 2005 al 8,64 en 2008. El mismo informe apunta que "a principios de 2009 se detecta una disminución más que notable de hechos delictivos cometidos por menores rumanos de origen gitano".

¿Por qué son los gitanos rumanos foco de todas las miradas? Ramírez Heredia, toda una institución para el pueblo gitano, observa un triple estigma: son inmigrantes del Este, gitanos y muy pobres. "Los gitanos rumanos son los más pobres de entre los pobres", dice, y remacha: "En tiempos de crisis los racistas hacen su agosto. A río revuelto... los culpables son los más débiles".

Sin patriarca

Los gitanos rumanos carecen de una figura que sea interlocutor con las Administraciones. No tienen patriarca, o tío, la figura respetada por el pueblo gitano. Ello dificulta el trabajo con la comunidad, apuntan los mediadores. Pero la experiencia catalana para integrar gitanos ayuda al colectivo rumano. La Generalitat incluyó a este grupo en el Plan Integral del Pueblo Gitano, redactado por segunda vez en 2008. Ramón Vílchez, subdirector general de Cooperación, valora que "hay una implicación y un protocolo. El plan los ha situado en el mapa. Debemos lograr su normalización". "Están como nosotros hace 40 años", dice José Santos, presidente de la Federación de Asociaciones Gitanas. Más allá de la adaptación, estas asociaciones ayudan en la escolarización de los más pequeños, entre 75 y 90 cada año.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de septiembre de 2010

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